Viajar en rojo

Por: Daniel Landa (texto y fotos)

Compramos un billete a la locura: un pálpito, un viaje, un juego, una fiesta. Todo eso cabía en un trozo de papel, el de la entrada a la final de la Eurocopa 2012. El fútbol no se explica. No encuentro razones ni argumentos suficientes para hacer más de cinco mil kilómetros hasta la capital de Ucrania con la intención de ver un partido. No lo defiendo, no lo justifico, pero aquí estoy… y no me arrepiento.

Alberto Fernandez y Patricia Navarro viajan conmigo. Ambos saben como reírle a la vida y romper rutinas. Hoy cumplen justo un año desde su ‘si quiero’. Hoy, el día de la final van a celebrarlo a voz en grito. Hemos llegado a Kiev con la intención de apostarlo todo: el tiempo de vacaciones, el mordisco a la cartera y la fe en la selección. Se trata de entrelazar pasiones, porque en Ucrania hemos aterrizado de rojo, con una estrella en el pecho y ganas de perdernos entre las iglesias ortodoxas, de pasear calles empedradas, de aprender dos o tres palabras en ruso, de sufrir en un estadio, de gritar goles, de beber vodka. De vivir.

No me acompleja ser forofo de vez en cuando, mientras haya alegría detrás de las banderas

Viajar no es otra cosa que liberar emociones nuevas. ¿Por qué no iba a ser por una pelota? No me acompleja ser forofo de vez en cuando, mientras haya alegría detrás de las banderas. Aún no tengo claro si el fútbol es la excusa para el viaje o si es el viaje el que justifica el partido. El caso es que nos hemos venido con un plan elemental: ganar a la selección de Italia y conocer Kiev y los países bálticos.

Muchos españoles deambulan nerviosos por la ciudad. Somos turistas disfrazados. Nos reconocemos al instante, levantamos el puño, un guiño aquí y un ‘¡vamos!’ allá. La complicidad de la hinchada convierte a Kiev en una ciudad cercana. Cuando me encuentro a un italiano me encomiendo a Iniesta y al momento me sobrecoge la imagen de la iglesia de Santa Sofia, con sus cúpulas doradas. Un coche hace sonar el claxon mientras agita bufandas de España e inmediatamente después desciendo la calle Andreivskii, con casas de madera tallada y tenderetes con matrioskas. Me anudo la bandera al entrar en las catacumbas del recinto de Pechersk Lavra. Allí, los cuerpos momificados de los monjes ortodoxos nos dejan sin palabras y al rato, cerca del estadio Olimpico de Kiev, canto con todas mis fuerzas, abrazado al mismísimo Manolo el del Bombo. Sí, esta siendo un día muy raro.

Miles de personas acuden al estadio. Alcanzo a ver a unos tipos vestidos de sevillanas, hay gondoleros en el otro bando, camisetas rojas, camisetas azules y cerveza universal para aplacar nervios. Estamos en Ucrania pero a estas alturas nadie se da ni cuenta.

Tal vez todo se trate de eso, de invertir sensaciones en la memoria de los días, porque el resto es sólo rutina y olvido.

Me ahorraré la crónica del partido, pero debo decir que nos abrazamos hasta cuatro veces, todos con todos, amigos y extraños, la alegría hoy se pinta de rojo. El azul se dispersa con tristeza. Los más de diez mil seguidores de España estábamos convencidos de haber asistido al mejor partido de la Historia. Todo nos pareció barato, nadie recordó las horas de viajes, el tedio de la burocracia o los nervios previos al encuentro. Nos llevábamos de Kiev una experiencia intransferible. Tal vez todo se trate de eso, de invertir sensaciones en la memoria de los días, porque el resto es sólo rutina y olvido.

No conviene sublimar el fútbol, pero aquellos que desprecian las pasiones, aunque sean pasiones con una pelota, se pierden esos abrazos, ese delirio compartido. Pertenecer por un rato a una masa entusiasta es una evasión saludable.

Las mujeres ucranianas sustituyeron al tiki taka de la selección. Ojos verdes y piernas largas inundaban las pistas de baile.

Después nos alcanzó la noche con sus vodkas. Las mujeres ucranianas sustituyeron al tiki taka de la selección. Ojos verdes y piernas largas inundaban las pistas de baile. Italianos y españoles cambiamos fotos y camisetas en un gesto que zanjaba nuestra condición de rivales para ser todos viajeros en tierra extraña.

Muchos aficionados vuelven a casa a la manaña siguiente, pero nosotros, Patricia, Alberto y yo, volaremos a Tallin, para empezar otra ruta inolvidable, porque con una estrella en el pecho y un nuevo titulo europeo, por Europa, se viaja mas ligero.

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Comentarios (3)

  • Nacho Melero

    |

    BRAVO por esa celebración del primer aniversario.
    BRAVO por esa entrega al entusiasmo.
    BRAVO por NUESTRA SELECCIÓN, la mejor del Mundo!!!!!

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  • Daniel Landa

    |

    Hay cosas que sólo se pueden contar a voz en grito.

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