Anie: la pirámide del circo de Lescun

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)

La niebla matutina continúa encajonada en la cabecera del circo de Lescun mientras ascendemos con el coche camino del refugio francés de L’Abérouat. Son apenas cinco kilómetros de revueltas que zarandean el estómago a horas tan tempranas. Hemos salido de Jaca, la antigua capital del Reino de Aragón, a las seis y media de la mañana para evitar los cortes de tráfico en el puerto del Somport por la Quebrantahuesos, la concurrida marcha cicloturista que se celebra hoy por estas carreteras pirenaicas.

Pasado el túnel que une España con Francia por la N-330, la vegetación se vuelve más exuberante y el ambiente más húmedo, porque como bien atinó Ozores lo verde empieza en los Pirineos. Después de tres cuartos de hora en ruta, ya en territorio galo, nos hemos desviado a la izquierda en dirección al pueblo de Lescun. Un rebaño de ovejas se interpone en nuestro camino y nos recuerda que aquí las prioridades son otras. El desvío al refugio (poco más de una hora desde Jaca) está indicado a la entrada del pequeño municipio montañés.

Un rebaño de ovejas se interpone en nuestro camino y nos recuerda que aquí las prioridades son otras

La mañana todavía está fresca a estas horas y una leve brisa acentúa más el destemple. Salimos del aparcamiento del refugio de  L’Abérouat poco antes de las ocho de la mañana. Estamos a 1.440 metros de altitud y nos separan tres kilómetros y 250 metros de desnivel de la cabaña de Ardinet a través del bellísimo bosque de Lagrave. Nuestro destino es el Anie (2.504 metros), una pirámide de roca inconfundible en el paisaje de esta región pirenaica, pero la primera silueta que llama nuestra atención es la presencia hegemónica del pico Billare.

Incomprensiblemente, en una bifurcación del sendero (la dirección correcta está señalada por un voluminoso hito de piedras) nos desviamos hacia la izquierda y terminamos en el cauce del río, lo que nos hace perder algo de tiempo, obligándonos a trepar ladera arriba al llegar a una pequeña cascada para salir del bosque y reencontrarnos con el camino adecuado, justo a la altura de una pequeña cabaña bajo unos farallones de piedra.

Desde L’Abérouat, 3,5 km y 250 metros de desnivel nos separan de la cabaña de Ardinet a través del bellísimo bosque de Lagrave

De ahí a la cabaña de Ardinet (1.689 metros) apenas hay unos minutos. Nos ha costado llegar 1 hora y 25 minutos, un poco más de lo previsto debido a la confusión con el sendero. Pero aquí nos encontramos con una buena noticia (que no había leído en ninguna de las reseñas consultadas) en forma de fuente de agua fresca que, por ejemplo, nos habría evitado cargar en la mochila con la cantimplora llena. Aquí, en temporada veraniega, se puede comprar quesos de fabricación artesana.

A partir de aquí, en dirección al col des Anie nuestra referencia es el pico Countendé, siempre por encima de nuestras cabezas mientras ganamos rápidamente altura, ahora sí, por un barranco en el que asoman los primeros neveros. Son casi 400 metros de desnivel por terreno kárstico endurecidos por un sol, que en plena ola de calor, castiga sin clemencia, sobre todo teniendo en cuenta que no se atisba una sombra montaña arriba.

El sol, en plena ola de calor, castiga sin clemencia, sobre todo teniendo en cuenta que no se atisba una sombra montaña arriba

A las diez de la mañana alcanzamos el collado (2.080 metros) y paramos a comer algo junto a una cruz de hierro que, unos metros más arriba, entrega el testigo a otra cruz blanca, ésta de madera, ya en la falda cimera del Countendé, que pronto dejamos a nuestras espaldas para continuar por una larga media ladera que recorre las acusadas pendientes de la cara oeste del Anie.

Hay que atravesar varios neveros en los que es obligado extremar la precaución. Aunque no llevo bastones (los crampones y el piolet no son necesarios en estas fechas), es fácil mantener el equilibrio y marcar la huella pisando de canto, porque la nieve no está dura a estas horas. Es, sin duda, la parte más espectacular del recorrido, donde el circo se abre en este reino calcáreo antes de coincidir con la ruta que asciende desde la vertiente navarra de Belagua, mucho más concurrida por montañeros vascos y navarros.

En la pronunciada media ladera que recorre las acusadas pendientes de la cara oeste del Anie hay que atravesar varios neveros

Al final de la media ladera alcanzamos una pequeña terraza natural, inmejorable mirador de la Mesa de los Tres Reyes y el Petrechema, desde la que se ataca la cara sur del Anie, ahora con más compañía. Esta parte final de la pirámide cimera se hace algo dura, porque faltan piernas tras el parón invernal, pero pronto alcanzamos la cumbre (3 horas y 45 minutos desde el refugio de L’Abérouat, aunque en buena forma y sin equivocar la ruta se puede hacer en bastante menos), donde una inscripción de piedra da cuenta de la denominación del pico en euskera: Auñamendi. Desde abajo hemos salvado algo más de mil metros de desnivel.

A la vieja usanza, hemos subido una bota de vino hasta aquí (un reconstituyente que con los años ha sido orillado por las bebidas isotónicas) y echamos unos tragos que, con estas vistas, saben aún mejor. Veinte minutos después emprendemos el regreso. Nunca me han gustado las cimas concurridas. La montaña es, sobre todo, soledad. O así al menos la entiendo yo. Pasamos sin novedad los neveros (aunque ahora la nieve está mucho más descompuesta) y en hora y veinte, a buen ritmo, estamos de nuevo en la cabaña de Ardinet, donde el reencuentro con el agua fresca de la fuente es memorable porque el calor no da tregua.

A la vieja usanza, hemos subido a la cima una bota de vino, un reconstituyente que con los años ha sido orillado por las bebidas isotónicas

Después de unos minutos de descanso al sol (hasta el bosque resulta una tarea imposible encontrar una sombra) reemprendemos la marcha y antes de las tres de la tarde llegamos de nuevo al refugio de L’Abérouat (2 horas y 45 minutos desde la cima del Anie). Ya sólo queda rematar la jornada como se merece: con unas jarras de cerveza bien fría en Villanúa, al otro lado de la frontera.

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