Bendita crisis

Por: María Ferreira

Se ha hablado mucho de los efectos de la crisis financiera. Todos estamos saturados de informaciones catastróficas que consumimos junto al pan nuestro de cada día. Si es que aún hay pan. Cuando se habla de cómo afecta la crisis a las ONG enfocadas a la ayuda internacional, la tesis está fundada, en la mayoría de los casos, en tópicos tibios y cobardes que convierten la pérdida en un punto negro que se hunde en una gráfica.

Quizá sea la única forma que tenemos de sobrevivir. Y me refiero en concreto a todos los que, en algún momento de nuestras vidas, nos embarcamos en esa monumental mentira que supone “luchar por un mundo mejor” y hoy andamos reunidos en despachos con aire acondicionado, observando y asumiendo que los números demuestran empíricamente que tal o cual proyecto no es rentable, lo que nos llevan a concluir que hay que hacer recortes o prescindir de recursos humanos.

Los pacientes no contarán con medicación. Tampoco pagaremos los traslados en la ambulancia. Tampoco la comida. Pero esto ya no es una tragedia

Los recortes, en el caso de la ONG que dirijo, suponen que los pacientes psiquiátricos que hasta ahora se han beneficiado del proyecto no contarán con medicación. Tampoco pagaremos los traslados en la ambulancia. Tampoco la comida. Pero esto ya no es una tragedia hoy en día, se llama anécdota personal. La crisis permite, incluso, que lo califiquemos de déficit, para que así podamos ahogar las penas en una caña fresquita, después de la reunión, sin sentir que el mundo es miserable. Que nosotros somos miserables. Bendita crisis.

Parte de mi trabajo consiste en recorrer los caminos de Muranga (una zona situada a 60 kilómetros al norte de Nairobi) junto a Mr. Ndung’u, enfermero psiquiátrico, para llevar medicación a los enfermos psiquiátricos que no pueden trasladarse hasta el centro de salud. No es gran cosa. Nuestra ONG no va a salvar el mundo. Pero hasta ahora hemos podido garantizar la medicación y la atención médica gratuita a unos 120 pacientes. Y estamos hablando de pacientes psiquiátricos, lo que conlleva un enorme estigma en esa región de Kenia. Muchos son abandonados por los caminos, repudiados por sus familias y acusados de estar malditos.

Mi trabajo consiste en recorrer los caminos de Muranga junto a Mr. Ndung’u, enfermero, para llevar medicación a los enfermos psiquiátricos

Cuando me embarqué en este proyecto, sabía que no sería fácil. La enfermedad mental, por la connotación de enfermedad crónica que lleva implícita, no es rentable. Pero estaba llena de ilusión y pensé que podría convencer al mundo de la necesidad de dignificar a las personas con las que trabajaba. Personas a las que ahora me refiero como números, como pérdidas, como factores no rentables. La crisis me ha brindado el don de la desafección. Bendita crisis.

Ayer fui consciente de que lo terrible que subyace en las ONG es el ego de quienes están al mando. Las pérdidas y la falta de fondos se traducen en un miedo que nos hace ser precavidos. Y sí, señores, ser precavidos suele ser en la mayoría de los casos un eufemismo más de ser cobardes. Nos refugiamos en teorías, en especialistas, en análisis, e intentamos salvar nuestro proyecto, disimulando nuestro miedo al fracaso personal e intentando, ante todo, salvaguardar nuestro trasero.

Lo terrible que subyace en las ONG es el ego de quienes están al mando. Las pérdidas y la falta de fondos se traducen en un miedo que nos hace ser precavidos, un eufemismo más de ser cobardes

Ya sé que las ONG no son amor. Eso he aprendido. También sé que tiene poco de romántico, y mucho de estúpido, querer cambiar algo tal y como están las cosas. Sé que hay proyectos que no venden, como trabajar con la enfermedad mental. Porque mi proyecto, traducido en números, significa que tengo “x” pacientes crónicos que van a suponer “x” gastos al mes de por vida, sin llegar a producir absolutamente nada en la sociedad. Pérdida. Dinero que se va simplemente a dignificar, a aliviar. Pérdida. También sé que la sociedad está radicalizada, y las ONG son consideradas, en muchas ocasiones, como el medio ideal para llevar a cabo un nuevo modelo de colonialismo, ahondando también en lo perverso de la dependencia, etc. Pero esas discusiones, si bien necesarias, la mayoría de las veces señalan el problema, y proponen soluciones disparatadas propias de quien no vive el día a día en esa realidad.

Estos años he escuchado tantas veces “que no es rentable”, que ayer me encontré a mí misma renegando de mis ideales. Me encontré preguntándome si no sería hora ya de dejar de jugar a que el mundo es un lugar decente y buscar trabajo en cualquier cadena hotelera (porque con una licenciatura y otra en proceso no puedo aspirar a más en este país).

Ayer me encontré a mí misma renegando de mis ideales, preguntándome si no sería hora ya de dejar de jugar a que el mundo es un lugar decente y buscar trabajo en cualquier cadena hotelera

Pero, entonces, entre tantas vaguedades que confluían en aquellas gráficas, vi a los pacientes, vi a mi equipo de enfermeros, vi a los veinte niños que tenemos ahora en el orfanato. Y pensé que esta bendita crisis nos podrá quitar la ilusión, nos podrá quitar las ganas de creer en algo que no sea económicamente productivo, pero por favor, que no nos quite la dignidad. Por favor, todos los que estéis a la cabeza de un proyecto humanitario pequeño y loco, no abandonéis. Que todas esas personas que forman parte de nuestras gráficas en negativo sepan que no les vamos a dejar solos. Jamás dejéis de mirar de frente a aquello en lo que habéis creído. Que esta bendita crisis nos deje, al menos, la oportunidad de ser capitanes de nuestros pequeños barcos. Que nadie ni nada nos convierta en ratas.

Si quieres saber más de los proyectos de Karibuni África: http://www.karibuniafrica.org/

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Comentarios (6)

  • Mayte

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    La verdad es que no sé qué decir, qué añadir a este artículo escrito con tanto corazón y sensibilidad…
    Al menos, quiero hacerte llegar todo mi ánimo y decirte que siempre quedaremos unos cuantos locos con ganas de cambiar el mundo y de seguir a bordo, aunque parezca que la barca se hunde.
    Un abrazo

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  • Juan Antonio Portillo

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    Ante tanta hipocresía y falsedad que nos envuelve, aún de aquell@s que creen ayudar, admiro tu arrojo, tu sinceridad y tus palabras emergidas de tu corazón, María.

    Besos y abrazos

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  • Laura

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    Enhorabuena por tu trabajo María!!! No sé puede tirar la toalla, aunque hay días en que todos la haríamos con gusto.
    Pero,¿ que sería del mundo sin gente como tú ?
    El mundo necesita más gente que lucha por aquello en lo que cree y sigue con ilusión, como tú, a pesar de los problemas que van apareciendo por el camino.
    Mucho animo y mucha suerte.

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  • publikaccion

    |

    caerse para volver a levantarse… esto es la vida…

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