Buscando a Freddie en Zanzibar

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)

En aquellos años adolescentes un viaje en vespa al aeropuerto de paquete era toda una aventura. Entonces no había móviles y ahora, desde la distancia, cuesta imaginarse cómo pudo localizarme mi amigo Joaquín esa última mañana de julio de 1986. El caso es que le escuché decir apresuradamente: “Queen aterriza en el Prat dentro de una hora”. No le pregunté cómo lo sabía (entonces la deformación profesional todavía no me había empujado a dudar de todo) ni me importaba. La banda de Freddie Mercury tocaba al día siguiente en el Mini Estadi y si no había llegado ya a Barcelona estaría al caer. Veinte minutos después estábamos sorteando coches de forma frenética camino del aeropuerto en su vieja vespa (confieso que sin casco, creo que ni siquiera era obligatorio).

Con una fecunda trayectoria ya a sus espaldas, Queen movía a decenas de miles de fans a sus conciertos por todo el mundo. Pero en el aeropuerto no había nadie esperándoles. Quizá porque nadie se había enterado de su inminente llegada o, peor aún, ésta ni siquiera estaba prevista. Esperamos y esperamos y, finalmente, los vimos salir por la puerta. No hubo empujones ni gritos ni desmayos. Ni siquiera guardaespaldas. Estábamos los dos solos y salimos a su encuentro como quien aborda a unos viejos conocidos (y desde luego que lo éramos; yo me había comprado sus primer disco con apenas doce años). Nos hicimos fotos y nos llevamos sus autógrafos sobre recortes del Rock Espezial (los ídolos de entonces no repartían estampitas). Recuerdo por encima de todo la intensa mirada de Freddie aupada sobre ese poblado bigote de tendero turco.

Recuerdo por encima de todo la intensa mirada de Freddie aupada sobre ese poblado bigote de tendero turco

Más tarde hicimos guardia a las puertas del hotel (el antiguo Princesa Sofía de la Diagonal) hasta la madrugada con escaso éxito. Al parecer les habían preparado un fiestón en una discoteca de Sitges. Entonces Zanzibar era para mí únicamente la isla tanzana del Índico donde había nacido Freddie (porque Mercury era siempre, para sus seguidores, Freddie a secas) en 1947 como Faruk Bulsara cuando su padre trabajaba en la embajada británica.
Probablemente, ni soñara con pisarla un día, aunque ese empeño, siquiera inconscientemente, empezó a macerar aquel día.

Pero casi veinte años después, allí estaba. Freddie ya había muerto (el lugar donde se esparcieron sus cenizas, el lago suizo de Montreaux, es otra visita pendiente; quizá por eso he elegido como foto de portada de este reportaje la estatua de Mercury a orillas del lago, para no olvidar ese empeño). El 24 de noviembre de 1991, para ser exacto. La noticia corrió de camareta en camareta antes de formar para la cena en la Academia de Infantería de Toledo. A mí me sirvió, ahora sí, para saber que tenía pendiente un viaje a Zanzibar (que por el momento no había con qué pagar). Así que cuando por fin aterricé en la isla, una luminosa mañana de septiembre de 2004, tenía muy claro dónde quería ir, a Stone Town, aunque no sabía dónde se encontraba exactamente la casa natal del autor de Bohemian Rhapsody.

Nos dejamos engullir por el laberinto de callejuelas donde el agua se baldea a voluntad, donde los olores, tan profundos, parece que pesan

Desde el mercado de Darajani -un derroche de contrastes, de las bamboleantes cabezas de vaca desolladas a las vaporosas telas de los puestos de especies, de los caparazones de pescado fresco a la humedad de las frutas tropicales- nos dejamos engullir por el laberinto de callejuelas donde el agua se baldea a voluntad, donde los olores, tan profundos, parece que pesan. Caminamos entre evocadoras puertas labradas, escrutados por la penetrante mirada de los comerciantes indios, entre los gritos de mujeres que venden sus kangas en Changa Bazar Street. Huele a salitre, a canela, a alcantarilla también.

La luz del mar se abre paso poco a poco, con los jardines de Forodhani y los viejos palacios de los sultanes esclavistas ya a un paso. Otro intenso aroma te sacude en la cara, esta vez el de los pescados que se cocinan a la brasa en los muelles situados junto al viejo fuerte. Los barcos de turistas salen hacia Isla Prisión para la diaria ración de tortugas gigantes. Todo perfecto pero ¿dónde está Freddie?

Me asomo a la penumbra del patio interior. No hay nadie. No has llegado hasta aquí para dudar, no es el momento. “Aquí nació Freddie, después de todo”, me repito

Preguntas a Mahmoud, quien ha guiado nuestros pasos por las calles de Stone Town esta mañana. Nos acercamos a pie hasta Shangani Road, a espaldas del puerto. “Ahí la tienes”, se frena en seco mostrándome una fachada desconchada de ventanas enrejadas en la que asoma un cartel que reza: “Camlurs Restaurant”.

Me asomo a la penumbra del patio interior. No hay nadie. No has llegado hasta aquí para dudar, no es el momento. “Aquí nació Freddie, después de todo”, me repito mientras Mahmoud saca la foto de rigor. Si hubiera tenido un Ipod a mano (entonces no existían) hubiera hecho sonar la épica “Bohemian Rhapsody”. Entonces se habría escuchado con más fuerza que nunca su célebre “¡Bismillah! ¡We will not let you go! ¡Let him go!”, que algunos zanzibaritas han adoptado como himno en su afán de independizarse de Tanzania tras medio siglo de vida en común.

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Comentarios (3)

  • Daniel Landa

    |

    Dos buenas razones para viajar a Zanzibar: siguiendo la estela de un genio hasta las playas del Índico. Yo quiero ir!!!

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  • Lydia

    |

    Cómo me gusta la frase:” Recuerdo por encima de todo la intensa mirada de Freddie aupada sobre ese poblado bigote de tendero turco”
    Vaya experiencia. Llegar al Prat y no encontraros un montón de gente.

    Con tus decripciones de Zanzíbar, podemos imanginarnos los olores, el ambiente… ¡Qué bien lo cuentas!

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  • Queen Rocks Blog

    |

    Gran viaje si señor,sin ninguna duda,como fan de Queen te envidio,debió ser una gran experiencia.
    En la actualidad escribo y administro un blog sobre Queen (no pretendo hacer spam ni publicidad,lo he escrito en el espacio para poder escribir en esta entrada) y me encantaría poder compartir esta historia con los visitantes del blog,pues una de las secciones se llama “Historias de los fans” y sin duda la tuya merece la pena ser contada,no sin antes tener tu consentimiento,claro está,así que aquí te dejo mi correo ad.queenrocks@hotmail.com ,con cualquier cosa me comentas y si en algo te puedo ayudar no dudes en pedirlo.
    Saludos

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