Y 25.000 kilómetros después… llegó el fin

Se acabó el sueño, los tiempos de anarquía, de no tener lunes, de hacer lo que nos daba la gana cuando nos daba la gana. El lujo de una aventura así descubres que se mide menos en distancia y más en tiempo. No son fronteras, son momentos. Eso es cuando se acaba, momentos, muchos momentos.

Llegamos a Cape Agulhas, el punto más al sur de África, nuestra meta. Parece muy lejano aquel 10 de febrero en el que Víctor y Leandro vinieron con el coche a mi casa de Madrid y bebimos, y charlamos, y comenzamos a andar bajo una tormenta de nieve que daba calma a nuestro ímpetu viajero. Entonces discutíamos el tamaño del mundo para saber si cabríamos dentro. Entonces llegar al sur del sur en África era un punto en el mapa, lejano, incierto.

Entonces discutíamos el tamaño del mundo para saber si cabríamos dentro

Pero eso fue entonces y ayer mirábamos el mar, que en L`Agulhas se mece violento, en busca de las inexistentes sombras del horizonte. Y al entender que no estaban, que allí no hay rincones, entendimos  que se acababa el camino y que habíamos llegado a nuestro destino. Y sentimos la emoción del niño que sueña y la del adulto que hace realidad sus sueños. Lo habíamos hecho, estábamos allí. Éramos dos tipos plenos de felicidad que deambulaban nerviosos por el vertigo que supone siempre un fin.

Pero lo importante no era haberlo hecho, era cómo lo habíamos hecho. Repartimos cargas y liderazgo con absoluta naturalidad. Cada uno, sin tener que hablarlo, se encargó de hacer lo que mejor sabe. Siempre hubo un hombro, un punto de calma en la tormenta de los demás, una solución y no una crítica a las decisiones erradas de los otros. En casi cuatro meses de convivencia de 24 horas y con problemas no ha habido una sola discusión. Ni cuando éramos tres ni cuando éramos dos. Ni una. A los problemas, que hubo algunos más pesados que otros, siempre le pusimos una sonrisa, una broma y un mapa que decía que todo se solucionaba rumbo al sur.

Y de alguna manera sentíamos que en esos 25.000  kilómetros y casi cuatro meses de viaje hicimos lo más importante que se puede hacer en un viaje como este: reír. Porque en tanta hora solitaria de volante compartido hablamos de lo divino y lo imposible y de lo mundano y lo humano. Y una conducía y el otro ponía música y viceversa. E inventamos Radio Sabana, quizá la emisora menos escuchada del mundo, con sólo dos oyentes, y cientos de canciones mal entonadas dedicadas al viento.

Sólo dos oyentes, y cientos de canciones mal entonadas dedicadas al viento

Y luego llegaba a veces el silencio y nadie se inmutaba por lo que no decían los otros. Se escuchaba la nada y se entendía el todo. Y aquel coche arrastraba tantas sonrisas, tantas miradas, que creo que nunca estuve en lugar más querido que ese.  Puede que fuera por la cebra inmensa de la parte trasera, o por el amarillo chillón, o por sus grandes ruedas y amortiguadores, o por el mapa en el que se explicaba el viaje, o por todo a la vez. Todos se acercaban, preguntaban, entendían, se admiraban y te deseaban siempre con un abrazo, una palmada o una gesto de estáis locos algo más de camino para que tanta locura llegara a su fin.

Y confirmamos que el viaje eran ellos, las personas, y nosotros, incluidos en ese ellos. Tanta gente en el recuerdo que repaso sus nombres y me faltan letras. Porque la acumulación de desiertos y selvas, rocas y aguas, cristaleras e inciensos, pirámides y chozas, carreteras y caminos son mejores cuando conllevan un brindis, un abrazo, una expresión dicha en alto y en privado para compartir con quien ve lo mismo que tú. Y las penas son menos penas y las victorias son más divertidas por la celebración del después. Con ellos, con nosotros.

Y aquella noche tras Cape Agulhas llevé a Víctor a cenar a mi restaurante chino favorito de Ciudad del Cabo. Y con dos botellas de vino cogimos un papel y un bolígrafo y comenzamos a hacer una de nuestras aficiones favoritas: rankings. Y recordamos tanques y policías corruptos en lo malo, entre risas, y atardeceres, desiertos, tribus y leopardos en lo bueno. Y aquella comida de aquel  restaurante de Grecia en la que nos sirvieron carne a la brasa sobre un papel fue excelente, pero el otro recordaba el impala asado de la fiesta de nuestro amigo Dani en Lusaka como aún mejor. Y si tú no lo habías hecho negabas con la cabeza por tu descuido y comenzabas a pensar que quizá fue injusto no meter en el ranking aquellas sopas de lentejas del café Riche en El Cairo . Y pese a tanto esfuerzo entendimos que no nos cabían los recuerdos en un papel e intentamos entonces acumularlos en la mirada.

Aprendimos mucho, aprendimos que el valor es atreverse a perder

Y así se acabó el viaje en mi querida Sudáfrica, en la mía, la del oeste, a la que llegué a vivir hace más de cuatro años y no volvía desde 2011. Y escribo estas líneas desde Ciudad del Cabo, que siempre será mi casa y querré por ser inicio de tanto bueno, en la que cierro de alguna manera un círculo. Estamos felices, eufóricos, divertidos y tranquilos. Esa es la gran palabra y el gran éxito de esta ruta, cruzamos 25 países sin estridencias. No somos héroes, de verdad que no lo somos ni hace falta serlo.  Somos Víctor, Leandro y Javier, tres tipos a los que les gusta viajar, disfrutar y curiosear un poco el mundo. Aprendimos mucho, aprendimos que el valor es atreverse a perder.

Y en esa premisa, justo delante del monolito que indica que a la derecha está el Atlántico y a la izquierda el Índico, le comentaba ayer a Víctor. “Ya hemos terminado. ¿Ahora qué? Y él recordaba un mapa y un plan que hicimos y del que hablamos varias veces en esta ruta, como conté que pasaría en el post que anunciaba este viaje, y me contestaba: “Habrá que hacer desde Alaska a Tierra de Fuego”. Y yo sin mirarle, contemplando aquel maravilloso mar, le repliqué: “Te espero allí”, que en este viaje, sin que yo lo supiera cuando lo comencé, acababan muchas cosas. Principio y fin y fin y principio. Felices de saber que el mundo nos espera, sólo hay que partir.

P. D. (Perdonen que haya hecho  un salto temporal en el viaje, pero el blog siempre fue más lento que nuestra ruta porque preferí contar bien las historias que contar todo rápidamente. VaP es una revista de lectura. Sin embargo, es en mí revista donde debo explicar que ya hemos concluido esta maravillosa ruta y luego volveré a contar las etapas de Malaui, Zambia, Namibia y Sudáfrica para que el viaje tenga un sentido lineal y porque allí pasaron cosas que merecen contarse).

 

  • Facebook
  • LinkedIn
  • Twitter
  • Meneame
  • Share

Comentarios (6)

  • Ana

    |

    Enhorabuena!!! Se os ve fatal y muy tristes, con caras de haberlo pasado fatal

    Contestar

  • Ricardo Coarasa

    |

    Enhorabuena amigos. Es muy emocionante comprobar (saber, ya lo sabía desde que os despedimos en Madrid) que lo habéis conseguido. Habéis vivido cuatro meses de calendario y cuatro años de experiencias, porque habéis vivido más intensamente. Ése es el milagro. Abz

    Contestar

  • Monica

    |

    Enhora buena amigos ya sabeis que para la d alaska tierra de fuego y lisboa vladivostok me apunto ya se lo dije a Victor

    Contestar

  • Arte Pun

    |

    Gracias por habernos llevado en cierta forma, nos sentimos igualmente emocionados.

    Una crónica en tu estilo, encantadora.

    ¡Felicidades! Sois grandes…

    Contestar

  • Javier Brandoli

    |

    Gracias a tod@s por los buenos deseos y los ánimos de estos cuatro meses. Es más fácil viajar así

    Contestar

Escribe un comentario

Últimos tweets