El Sáhara desde el balcón del aire

Por: Nacho Melero (Texto y fotos)

Volamos desde la capital de Ghana, Accra, hasta Madrid. Al despegar de Kotoka Internationational Airport, recibimos instrucciones de la torre de control: “vire izquierda inmediatamente a rumbo 167, hasta abandonar 4000 pies, después siga ruta estándard”.

Es 9 de febrero y es la primera vez que sobrevuelo esta zona de día.

Accra desde arriba es una colección de techos de uralita desordenados, mezclados con edificios modernos, muchos por acabar, tráfico caótico a las 0844 am y árboles enormes que tratan de sobrevivir en medio de tanto urbanismo.

Abandonamos el área metropolitana. Ganamos una altura media de 500 metros por minuto. Vamos hacia nuestro nivel de crucero y observo el verde interminable de estas latitudes, eso sí, tamizado por la eterna capa de nubes que alimenta con constancia la vegetación de Ghana. Veo el lago Volta a mi derecha, entre los huecos que deja el tamiz blanquecino.

Observo el verde interminable de estas latitudes tamizado por la eterna capa de nubes que alimenta con constancia la vegetación de Ghana

Abandonamos el país por la aerovía UM603. El punto fronterizo en la aerovía entre Ghana y Burkina Faso es PINGO (coordenadas 11N, 000W) en pleno meridiano de Greenwich. ¡Unas cuantas horas en rumbo norte y estaremos en Castellón!

De la misma manera que en esas “aero-autopistas” no hay arcenes, ni gasolineras ni aldeas con algún taller, en los “aero-puesto fronterizos” no hay militares, ni vendedores ambulantes, ni funcionarios que, con desgana, chequeen tu pasaporte provocando esperas interminables.

Sobrevolamos Burkina Faso, el verde empieza a dejar de ser intenso para pasar a ser entrecortado. Vamos muy rápido, el viento ayuda, y en un singular “balcón” cruzamos el país entero en menos de 25 minutos. La perspectiva sin obstáculos desde ese balcón que va a más de 800 kilómetros por hora, que está a más de 10000 metros de altura, y sin corrientes que te despeinen, es casi infinita.

Vamos muy rápido, el viento ayuda, y en un singular “balcón” cruzamos el país entero en menos de 25 minutos.

Otro punto fronterizo, EBVAP, esta vez entre Burkina Faso y la convulsa Mali. Nuestro plan de vuelo nos confirma que justo pasado este “checkpoint”, que en nuestro ámbito es waypoint, deberemos tomar una “salida” para incorporarnos a la UG859 en Gao, epicentro de la contienda que hoy mantiene Francia contra Al Qaeda..

Hemos recibido los permisos de sobrevuelo, que son autorizaciones que los distintos gobiernos de los países sobrevolados otorgan a las diferentes aeronaves. Nos marcan un área de exclusión. El conflicto obliga a ello. Recibimos una orden: “el nivel de vuelo 290, (8000m) sólo se puede vulnerar, en descenso claro, en caso de emergencia a bordo”. Desde el nivel 350 observo el enorme territorio que deben peinar los buenos, para pillar a los malos, y de aquel verde, intenso o entrecortado, ya no hay ni rastro. El río Níger aquí es un capilar, sus riberas dos faldones verdes, y el resto una enorme camisa amarilla recién sacada de la lavadora, después de que la hayas lavado con el detergente más barato, sin suavizante y se te haya olvidado durante horas en el tambor. Las arrugas que verías en ellas son ahora miles de dunas, orientadas todas ellas como las olas del mar. El viento marca hacia donde avanza el gigante amarillo. Intuyo la altura de cada una por la proyección de sombras que sobre el terreno provoca el sol.

Hay ríos de arena que desembocan en lugares sin sentido. Afluentes que aseguran que nunca falte, eso…¡arena! Ante mi, una estructura fluvial de un antiguo vergel. Copia de un mapa del sistema circulatorio que nos alimenta, y que encontramos en los libros de biología humana. La diferencia es que en Sáhara ya no hay sangre.

Hay ríos de arena que desembocan en lugares sin sentido.

La tierra está arañada. Un leviatán ha debido despedazar varias montañas. Veo los restos rocosos esparcidos por doquier. El mismo leviatán que un día se bebió todos aquellos ríos con sus afluentes y una vez acabados, se enfurecería.

De haber estado algunas áreas inundadas, os diría que he visto islas. Esas islas tienen una forma caprichosa. Parecen manchas de puré en el suelo, no por el color, sino por la forma. Las islas también tienen relieve, y de haber mar, estaríamos ante acantilados más altos que los de las High Lands de Escocia.

Vamos muy rápidos en nuestro balcón privilegiado. Otro “checkpoint”, ahora con Argelia.

Es casi más de lo mismo. “Casi” porque el desierto siempre esconde algo. Ahora es ¡un desierto rojo!. Hasta entonces sólo había oído hablar del de Namibia. No está muy lejos de In-Salah. Copio la posición. Espero algún día poder ir a buscarlo. Seguimos en rumbo norte, no hay atisbo de oasis, aunque si afino la vista parece que en el horizonte hay manchas oscuras de formas sinuosas que bien podrían ser esos tesoros.

Pasan 20 minutos, hemos recorrido casi 300 kilómetros y ya veo que no son oasis, son las sombras de las primeras nubes. Indicios de humedad. Es el principio del fin de ese territorio dominado por aquel leviatán sediento.

¡Qué espectáculo! ¡Qué balcón!

 

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Comentarios (5)

  • Pablo

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    Genial!! Con este nivel de descripción parece que lo he vivido yo!! Gracias!

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  • Mariasun

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    Vaya profesión que tienes tan magnífica!!! Y como la sabes aprovechar, con qué poesía describes ese paisaje, que seguro que a la mitad de los 180 pasajeros que llevabas detrás les pasaba desapercibida!. Y es que tu capacidad de observación, y tu capacidad de plasmarlo en un papel para que todos lo disfrutemos es incomparable. ¡ Ojala sigas durante mucho tiempo deleitándonos con tus viajes!

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  • Ines Julia Paradis

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    Uauuuuu Nacho que envidia¡¡¡ Me encanta la combinación de la terminología del plan de vuelo con la descripción de un lugar tan inhóspito y a la vez mágico como es el desierto del Sahara, la fotografía espectacular, como lo hiciste?

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  • Rubén Suárez

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    Con tu relato y las fotos he visto el paisaje desde la cabina de un avión. Gracias

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