Huellas Negras: tras el rastro de la esclavitud

Por: Diego Cobo

Todo empezó por una casualidad tan extraña que después caí en la cuenta de que no era tanta casualidad. A pocas semanas de viajar a Jamaica, una amiga me dijo que el país reclamaba al Reino Unido una recompensa por los perjuicios del comercio de esclavos, así que comencé un rastreo de aquella tragedia colosal que ahora, junto a cuatro países más (Gambia, EE UU, Colombia y Cuba) se publica en “Huellas Negras. Tras el rastro de la esclavitud” (La Línea del Horizonte).

Era finales del año 2015 y en el Caribe había acabado la temporada de huracanes tropicales, pero dos semanas después salí de allí pensando que la verdadera tormenta llevaba instalada mucho tiempo. Un país hundido moralmente, sin su lugar en el mundo, que gritaba a los cuatro vientos que gran parte de su miseria tenía nombre y apellidos. Entonces, lo que pensé era un reportaje sobre un hecho aislado, se hinchó como una vela y me propuse seguir la historia: iría a algún país del que hubieran arrancaran seres humanos como esclavos (finalmente fue Gambia), y después ahondaría en los levantamientos en el sur de Estados Unidos.

 Lo que pensé era un reportaje sobre un hecho aislado, se hinchó como una vela y me propuse seguir la historia

Aquella trilogía me permitiría encuadrar la desventura y dar voz a quienes sufrieron una tragedia que Naciones Unidas calificó de atroz en la historia de la humanidad “por su aborrecible barbarie”, “su magnitud”, “su carácter organizado” y “su negación de la esencia de las víctimas”. Con esos viajes realizados, un reportaje publicado y dos por completar, la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) otorgó al proyecto la beca Michael Jacobs de Crónica Viajera que permitiría continuar la investigación en Colombia y Cuba.

Uno se pregunta, después de algo así, qué ha cambiado. Antes de comenzar el primero de los reportajes no conocía, ni por asomo, la dimensión y consecuencias del comercio de esclavos en la actualidad. De algo que ocurrió tan lejano en el tiempo, pensé, es difícil buscar testimonios, historias, heridas. Y, sin embargo, me encontré cinco países a ratos en carne viva, con unas víctimas muy concretas –con sus historias, sus llantos, sus éxodos– cuyas desgracias comenzaron con el comercio de esclavos.

Me encontré cinco países a ratos en carne viva, con unas víctimas muy concretas cuyas desgracias comenzaron con el comercio de esclavos

Cada país ha vivido procesos muy diferentes y, sin embargo, tan sufridos. Jamaica se siente anulada; Gambia, humillada. Los estados sureños de Estados Unidos son los más pobres y los crímenes racistas han vuelto a resurgir, si es que alguna vez se fueron. En Colombia, la población negra es el colectivo que más ha sufrido el conflicto interno. Y la población negra de Cuba –“aquí hasta el racismo es diferente”, como me dijo una investigadora– tiembla por serlo.
Es lo que trato de retratar en este libro en cuya elaboración he aprendido tanto como espero aprenda el lector. No es otra la labor del periodista que sacar de las profundidades un tema y mostrarlo públicamente, más cuando esta investigación empezó tras sorprenderme de que existieran grietas que uno, por pura ignorancia, no sabía que existían.

Estas páginas también suponen un viaje a nuestras huellas negras, a la responsabilidad que tenemos todos de nuestros actos

Pero las páginas que bucean por la media decena de países también suponen un viaje a nuestras huellas negras, a la responsabilidad que tenemos todos de nuestros actos como la que tuvieron los negreros durante la trata trasatlántica. Por esa razón escribí un prólogo que introduce el sentido del libro, los cimientos de los reportajes, y el momento en el que fueron escritos. Conceptos como libertad, memoria o negritud se cuestionan durante unos textos que recogen el testimonio de muchas víctimas de la esclavitud. Dos siglos después de su abolición, sorprende comprobar que las consecuencias siguen demasiado presentes.

El viernes 16 de febrero, a las 18:00 horas, en el Club Internacional de Prensa (CIP) de Madrid, lo presentaremos.

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