La batalla al narco en el triángulo dorado

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)

Este artículo se ha publicado también en el periódico El Mundo en el que trabajo. No sabría escribirlo, ni quiero hacerlo de nuevo. No hay forma, soy periodista, y más allá de mis opiniones lo que importa es lo que dicen los cuatro cualificados protagonistas de este reportaje. Ahí están las declaraciones de un alcalde y comandante de la Policía a los que han intentado asesinar, un sicario y un fiscal que lucha por imponer el orden en el feudo del narco. Déjenme sólo que les dé algunos matices nuevos. En la sierra de Chihuahua se respira pobreza y miseria. Huele a madera, a pino y a humo de chimenea. Las gentes van armadas y las miradas y caras son secas, cortadas por el frío que se les avecina en breve y que les sepultará bajo la nieve. Es tierra también de indios trashumaras y de su particular cosmovisión del mundo. Las fuerzas de seguridad se han desplegado, más allá de por capturar al mediático Chapo, que podría andar por estos espesos e inmensos bosques, para recuperar un trozo de dignidad y libertad dentro del propio México. La batalla, más allá de las armas y las drogas, tiene que ver con la escuela, la miseria y la corrupción. Es allí donde hay que plantar cara para ganar al narco.

La batalla al narco en el triángulo dorado

-¿Siente usted que todos los días le pueden matar? “Me cuido para que no ocurra, pero siempre va a ser probable”, responde Leopoldo Edén Molina, alcalde de Guadalupe y Calvo, municipio de la Sierra de Chihuahua.

-¿Tiene miedo? “Tenemos miedo, eso es lo que nos mantiene vivos”, responde Jorge Borunda, comandante de la Policía Estatal destacado en la Sierra de Chihuahua.

-¿Te acuerdas de los rostros de las dos personas que murieron? “No recuerdo sus caras, pero ahora que acaba de pasar el Día de los Muertos he pensado en ellos”, responde Joel Olivas, originario de Guadalupe y Calvo, preso y condenado a 14 años y 8 meses por participar en un doble homicidio.

-¿Se está ganando o perdiendo la batalla con el narco en la Sierra? “Se está controlando, acotando, cerrando. Es una actividad muy difícil de evitar, pero sí podemos ir quitándole municipios en los que ellos antes actuaban de forma impune”, responde Octavio Ledesma, Fiscal de la zona sur de Chihuahua.

A los cuatro personajes mencionados anteriormente les une una inmensa sucesión de montañas convertidas en campo de batalla: el triángulo dorado. Una esquina del mapa mexicano enclavado entre los estados de Durango, Sinaloa y Chihuahua, de sierra pobre y espesa, con alta tasa de población indígena y suficientes sombras para esconderse de la vida y de la muerte.  Allí se planta, seca, almacena y trasiega la droga camino del gran supermercado de Estados Unidos (país siempre indemne de críticas, en México se acaban las culpas, pese a ser la razón de todo el negocio). “El triángulo dorado es un narcoestado, una zona donde los narcos son los que gobiernan”, asegura Francisco Rivas, experto en seguridad mexicano y director del Observatorio Nacional Ciudadano. Quizá sea demasiado esa afirmación o quizá necesite matices. Al menos hoy parece que hay batalla por parte del estado.

El Mundo ha estado allí, en la Sierra, y ha construido un relato con cuatro protagonistas: un alcalde y un comandante de policía a los que han intentado asesinar, un sicario encarcelado y un fiscal decidido a plantar cara al narco en su propio feudo. Son ellos los que relatan esta lucha por recuperar la libertad.

 

El alcalde

La noche del 10 de junio de 2013, Leopoldo Edén no podía imaginar que estaba a punto de convertirse en candidato a la alcaldía de Guadalupe y Calvo. Esa noche, el que era entonces candidato del PRI a la alcaldía, Jaime Orozco, fue secuestrado en su propia casa en medio de la campaña electoral. Su cuerpo apareció días después abandonado en medio de una brecha de las montañas, lo habían ejecutado. “Me dijeron que necesitaban a alguien del partido, local, que no fuera un desconocido. Podían haber mandado a alguien de otra ciudad, pero si a veces uno de aquí es desinteresado, ¿se imagina los externos?”, explica Edén, que hasta ese momento era el responsable de la seguridad del municipio. “Cuando hubo el homicidio del anterior candidato todo se refería a seguridad y ese era mi asunto por lo que se me hizo fácil”, explica el hoy alcalde.

Lo que ya era más previsible para Edén fue lo que ocurrió el 8 de septiembre de 2014: “Un ex policía municipal fue presuntamente sobornado e intento matarme con otros dos sujetos a tiros.  Sabía cómo me movía y me ubicó. Hirieron al tesorero municipal y a uno de mis guardaespaldas. Yo conseguí disparar y acertar al tirador principal. Cuando vieron que les repelíamos salieron corriendo, todo el mundo teme a la muerte. Luego fueron detenidos, eran todos del poblado”, explica el alcalde.

Yo conseguí disparar y acertar al tirador principal

Edén, que terminó secundaria y pilota su propia avioneta con la que aterrizamos en la sierra, no hace nunca el mismo recorrido, por tierra o aire, ni tiene horarios previsibles. Su familia, casado y con cuatro hijos, vive en otra ciudad, y él en Guadalupe y Calvo se mueve con seis escoltas fuertemente armados y un fusil en sus piernas.  ¿Se fía de su entorno? “No, no me fío de todo mi entorno. Hay personas demasiado inteligentes del otro lado y pueden infiltrarse. Trato de ver cualquier cosa extraña”, responde.

El regidor, que tiene un sueldo de más de 60.000 pesos mensuales (cerca de 3000 euros) por jugarse la vida y apaciguar uno de los pueblos más famosos por su violencia a nivel mundial, ha apostado por plantar cara al narco. ¿El que gobierna es el narco y ustedes no pintan nada? “Es posible que en años anteriores fuera en un porcentaje. Desde que yo asumí la responsabilidad hace dos años eso es negativo. Cuando yo entré se complicó un poco, hicimos varios arrestos inclusive hubo enfrentamientos. Hubo un enfrentamiento que duró nueve horas y media y acabó con 4 muertos de los delincuentes y uno de la Policía estatal. Estuvo muy fuerte. Al narco no se le erradica pidiendo por favor que se vaya. Se erradica siendo fuerte. Procesándolos. Antes se les dejaba marchar”, responde el regidor.

Al narco no se le erradica pidiendo por favor que se vaya

Poco a poco, casi palmo a palmo, van ganando en parte la batalla. El pueblo, Guadalupe y Calvo, ha recuperado vida, algo de libertad. Sus muertes son hoy más relacionadas con el inmenso municipio y a veces ocurren a 20 horas de coche de la cabecera municipal. “Los medios no vienen aquí y meten a todos en el mismo saco. Guadalupe y Calvo hoy está tranquilo aunque en la guerra al narco queda mucho por hacer”, reconoce Edén.

La escuela es el otro gran campo de batalla. “Hemos abierto cien escuelas de primaria y secundaria en el área municipal. Le explicamos a los chicos que pueden dedicarse a otras cosas. Un sicario gana 1500 pesos a la semana, igual que un campesino, pero su vida es muy corta: o acaba muerto o acaba en la cárcel”.

Sobre el futuro, Edén tiene un objetivo: “Que haya vivienda digna para toda la gente y que seamos 100% libres, que hoy no lo somos”.  ¿Se encomienda a su rifle para salvarse? “Mi rifle no me salvará. Yo me encomiendo a Dios, a mi fe y mis reglas filosóficas (profesa la religión africana Yoruba). La muerte para nosotros es una bendición, no una desgracia. El que venga después debe saber que existen riesgos, que la vida no es color de rosa. El problema es que un gobernante sea cómodo, se quede en casa y no afronte. No debe haber gobernantes cómodos”, concluye.

 

El sicario

A Joel Olivas, originario de Guadalupe y Calvo, la vida se le torció al nacer. “En mi casa había violencia desde niño por parte de mi padre. Luego mi madre tuvo una nueva pareja al que mataron por una disputa en un baile”, explica el hoy preso de 26 años en la cárcel de Parral, un centro penitenciario premiado a nivel internacional y que cuenta con un programa para que los presos expliquen a los jóvenes su experiencia en el mundo del crimen.

Joel narra su vida entre rejas, su condena es de 14 años y 8 meses, con una cierta precisión hasta que llega al momento en el que ocurrió el “evento”, nombre con el que se suaviza la muerte en esta tierra. “Yo estaba en un coche porque salía del restaurante de mi madre… yyyyyyy…entonces iba con dos tipos que no conocía y hubo un evento, una disputa y un forcejeo y a uno le pegaron un tiro… Y yo llevaba un arma porque en Guadalupe y Calvo a todos los chicos le regalan un arma cuando son jóvenes, un cuerno de chivo, y…No recuerdo la cara de las personas que murieron…, pero yo sólo acompañaba. No sabía que por no denunciar uno entraba en la cárcel”.

No recuerdo la cara de las personas que murieron

La realidad es que Joel parece que acompañaba a un compañero apodado “El Lobito” cuando detuvieron el coche de un ingeniero, Carlos Villalobos, que trabajaba en las minas de la sierra e iba con un acompañante. Ambos murieron tiroteados, parece que disparó El Lobito, y les robaron el coche.

“Lo que más pena me da es que arruiné la vida de mi madre, que ha cerrado su negocito en la sierra y se ha trasladado a vivir a El Parral”, explica. “Ella está pagando por lo que yo hice”.

La cárcel, en la que el trabaja en la cocina, le ha calmado un poco. “Antes yo era muy violento, saltaba con todo. Ahora estoy aprendiendo a calmarme”. ¿Cómo sería tu vida si estuvieras fuera? “Probablemente si estuviera fuera ya estaría muerto”.

 

El Fiscal

A Octavio Ledesma, fiscal, le ha tocado la zona sur, la sierra, probablemente la zona más jodida del estado, lo que es mucho teniendo en cuenta que aquí tienen lugares tan míticos del crimen como Ciudad Juárez y Chihuahua (las cosas allí han mejorado mucho en los últimos años). ¿Qué ha cambiado para que ahora hablen de que le plantan cara al narco en la sierra? “Se bajaron unidades de Ciudad Juárez y Chihuahua. Tenemos cuatro operativos ahora en la zona serrana. Si hay un evento estamos y salimos de allí en seis horas”.

Sobre la violencia de la zona serrana, el fiscal responde de esta manera: ¿Es segura en noviembre de 2015 la sierra? “Sí, yo subo regularmente dos veces al mes”. ¿Sube sin escolta? “No, subo con escolta, pero un grupo organizado no se detiene por un escolta”. ¿Usted le dice a los ciudadanos que pueden moverse por Guadalupe y Calvo en libertad? Sí. Los medios hablan de que en Guadalupe y Calvo ha habido un muerto y otro. Cuando subimos e investigamos resulta que Guadalupe y Calvo es la cabecera de una zona muy grande y el muerto está a 12 horas del poblado. Guadalupe y Calvo se ha señalado a nivel mundial como una zona peligrosa y la gente sube y baja de allí. ¿El Triángulo Dorado es zona controlada por el narco? Es una zona transitada por el narco, no controlada. Confluyen los tres estados y es propicia por las brechas, se presta para eso. Controlada sería que no pudiéramos entrar allí, pero nosotros entramos”.

Es una zona transitada por el narco, no controlada

Luego, Ledesma habla también del problema de la corrupción: “En Parral depuramos al 40 o 50% de los agentes por estar involucrados con el crimen. Para ser presidente municipal en la Sierra se pasa por un proceso de elección. No por ser el cacique o el más afamado pueden ser alcaldes, hay controles de inteligencia para políticos y agentes”.

Por último, el Fiscal habla de mejora de medios materiales (algo de lo que sin embargo se quejaron algunos policías con los que hablamos en la Sierra) y de  quién tiene mejores armas para la batalla: “Ellos pueden tener unidades y pagar blindajes, armamento más sofisticado y áreas de mayor control, frente a nosotros, que no tenemos esos mismos recursos, pero tenemos elementos comprometidos y la capacitación en manejo de armas y técnicas de combate. Eso no lo tienen ellos. Cuando les confrontamos de frente no nos van a hacer nada, sólo nos dañan cuando nos pegan por sorpresa”.

 

El comandante de Policía

Jorge Borunda es un experimentado agente de policía que ha pasado por varios cuerpos. Hoy dirige a sus hombres en la Sierra de Chihuahua como comandante de la Policía Estatal.  Acompañamos durante una jornada a un fuerte dispositivo de seguridad, siete coches, en el que se combinan fuerzas estatales, municipales y de Fiscalía. “Los coches de la estatal llevan siempre cuatro tiradores de pie preparados para cubrir todos los ángulos. Hacemos controles de vehículos y personas”, explica Borunda. Ese día se han aprehendido 55 kilos de marihuana que se han encontrado en un vehículo que ha sido abandonado por la cercanía de los agentes El transitar por la Sierra se asemeja al transitar en una zona de conflicto con un convoy militar.

Sus palabras rezuman sensatez y tranquilidad. Apuesta por la educación y ganarse la confianza perdida en la Policía por los ciudadanos. “En el medio urbano hay mucha comunicación con el civil, la gente en la zona rural es menos sociable. Hace falta una Policía de proximidad como la que tienen ustedes en España. La gente tiene miedo a acercarse a hablar con nosotros y que les vean”, dice.

El año pasado al salir de casa me dispararon ocho veces

Borunda ha vivido esa violencia de primer plano, sabe que se juega la vida como sus hombres: “El año pasado al salir de casa me dispararon ocho veces. Me acertaron en el tórax, pero por suerte estoy vivo. Hace poco fui a un acto donde conté hasta 250 amigos y compañeros que habían sido asesinados. Eso fue en la ola de violencia de antes de 2010. El miedo es el que nos mantiene vivos”, explica.

Su apuesta para acabar con el conflicto, además de plantar cara al narco, tiene un nombre: “La escuela, enseñarles a los chicos que hay otros caminos”. De hecho, en su trabajo se topa muchas veces con adolescentes convertidos en sicarios. “Muchas veces cuando los detienes rompen a llorar. Son chicos de entre 16 y 21 años que vienen de familias desintegradas, con mucha violencia y que toman drogas químicas”.

Por último recuerda una anécdota reciente que le marcó: “Una vez trabajábamos en un tema de prostitución de travestis de entre 13 y 14 años. Cacheando a uno le encontré que en un bolsillo llevaba marihuana y en el otro un juguete. Se me partió el alma”.

 

La gente

Prácticamente la totalidad de las personas con las que hablamos apuntaba a una mejora de la seguridad, aunque siempre con un cierto miedo y la consciencia de que la batalla no se ha acabado, sólo está comenzando, que ya es algo. Quizá quien mejor lo definió, valga como ejemplo, fue el dueño de las cabañas en las que nos alojamos en Guadalupe y Calvo: “Sí, estamos mejor que hace unos meses donde esto estaba muy fuerte. Bueno, eso o que ya nos acostumbramos”.

 

 

 

 

 

 

 

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