Las Tierras Altas y la última noche en Zimbabue

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)

La carretera se retuerce como papel quemado. Pliegues en montañas que comienzan a vestirse de pinos, que ascienden poco a poco camino de las Tierras Altas. El nombre evoca lejanía. Tal cual, volvemos a estar en algún rincón de los mapas de difícil señalización. El ocre del polvo de los caminos de Zimbabue, blanquecinos por momentos bajo el relejo del sol, desaparece. En las alturas el país parece otro, menos africano, menos áspero.

Desde el camión observó una hilera constante de postes de luz doblados, apuntalados y a punto de caerse. Cuesta creer que siguen en pie. Miras una y otra vez el débil madero en forma de ele o inclinado hasta casi tocar el suelo y tras él aparece otro que tiene parte del poste partido o los cables enredados. La vista llega a ser cómica, casi explicativa de un país al que se le olvidó defenderse de sí mismo.

El alojamiento parece más de los Alpes suizos que del corazón de África. Cabañas de madera, muy buen equipadas, en medio de bellas montañas

Llegamos, tras tardar en los últimos 30 kilómetros más de una hora, a Nyanga. Un último parque nacional sin animales. La vegetación es abrupta, espesa. El alojamiento parece más de los Alpes suizos que del corazón de África. Cabañas de madera, muy buen equipadas, en medio de bellas montañas. Salimos rápido a contemplar el gran salto de agua. El sol amenaza con ponerse rápido.

Entramos por un estrecho camino de tierra que se abre paso en medio de un bosque por el que casi no se desliza la luz.  Entre lianas, ramas que hay que sortear por debajo, troncos caídos y siguiendo la marcha de un chico que nos conduce por un sendero que parece eterno. De vez en cuando escuchamos el ruido del agua cerca y de pronto desaparece. No se ve apenas horizonte, sólo la suela del de delante y el aliento del que va detrás. De pronto salimos a un claro. El sonido de la cascada es allí fuerte. Bajo solo un pequeño camino mientras el resto contempla las vistas en un primer mirador natural  y llego a una roca que pende de la montaña. Un espacio desde el que se contempla el deslizar del agua por una pendiente de la que no se ve el fin.

La catarata de Mtarazi es majestuosa. Puede que sean  sus 760 metros de caída, una de las más altas del planeta, pero los balcones al paraíso tienen mucho que ver con las sensaciones propias

La catarata de Mtarazi es majestuosa. Puede que sean  sus 760 metros de caída, una de las más altas del planeta, pero los balcones al paraíso tienen mucho que ver con las sensaciones propias. Me da tiempo a contemplarlas durante escasamente dos minutos solo, sin codazos por una buena foto, sin escuchar a nadie. Aquella soledad en los ojos la hizo algo más especial. Luego llegó el resto del grupo y huí a otro rincón buscando tener algo de intimidad. El sitio era especial, bonito, como tantos, pero yo necesitaba tener en aquel sitio mi espacio propio y conseguí tenerlo a tiempo parcial. Hay lugares que gusta ver en silencio para luego no parar de hablar de ellos. De hecho, el regreso fue en caminata en común y en conversación constante. Era momento de compartir. El otro día hablaba con un amigo de la impotencia que se siente cuando se viaja solo y se descubre un lugar que no puedes disfrutar con nadie, verbalizar con palabras. Tras asimilarlo se necesita girar la cabeza y poderle decir “es brutal, ¿no?”.

Tras la caminata volvimos a nuestras cabañas ya de noche. En la que yo dormía se organizó la cena de grupo. Fuera hacía un frío intenso y el viento zarandeaba la hoguera hasta hacer imposible la prevista barbacoa. Fue una noche divertida, alegre, en la que se escucharon multitud de carcajadas en juegos de mesa y alcohol. La última noche en Zimbabue creo que nos dejó a todos un buen sabor de boca. Desde aquellas Tierras Altas todo parecía lejano.  Esa maravillosa sensación que se siente en los lugares escondidos.

Este viaje forma parte de la ruta de la agencia Kananga por Zimbabue: Ruta por Gran Zimbabue

Ruta Kananga:http://www.pasaporte3.com/africa/viajes/zimbabue-mozambique/zimbabue-mozambique.php


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Comentarios (4)

  • MereGlass

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    Victoria, Zambeze, Matazari… ¿Te has fijado? con el discurrir del agua te vuelves reflexivo. “¿Brutal dices?…¡desde luego!”-tú nunca viajas solo, nos llevas contigo y siempre habrá una respuesta aunque sea en diferido (gracias por lo de Egipto)

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  • javier

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    El agua es una de mis grandes pasiones. No me había fijado, pero puede que tengas razón MereGlass

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  • Noeli

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    Soy de la opinión que la belleza de la naturaleza merece silencio…no solo porque muchas veces te deja sin palabras, sino porque merece que nos sintamos afortunados por ser nuestros ojos los que están viendo lo que están viendo. Solo o acompañado, en silencio y un rato.
    Ese momento es el que luego vas a almacenar en tu disco duro y al que vas a acudir a él cuando lo necesites en el futuro….esa fotografía mental es vital.

    Comparto tu pasión por el agua Javier.

    Un saludo

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  • javier

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    El agua y el silencio son dos grandes pasiones que compartir juntas. Un saludo Noeli

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