Parque Kruger: la lucha a muerte entre hombres y leones

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)

Dicen en Sudáfrica, en una sarcástica broma, que los mejores policías fronterizos del país son los leones del Parque Kruger. Por la mañana, los guardas del parque encuentran, a veces, unas zapatillas deportivas o una cazadora de un inmigrante, que ha intentado saltar la única valla que permite soñar con olvidar el hambre en el sur de África.

Los inmigrantes ilegales cruzan el Parque Nacional, que hace frontera con Mozambique y Zimbabwe, al amparo de la oscuridad. Lo que no saben es que están pasando por un territorio salvaje, repleto de miles de animales que entienden poco de papeles y mucho de hambre. Tras los leones, comienza toda una la liturgia de carroñeros que mordisquean los cuerpos hasta no dejar ningún rastro del fallecido.

El parque Kruger tiene una extensión semejante a toda Bélgica. Sus casi 19.000 kilómetros cuadrados se convierten en una explosión de sorprendente vida animal: elefantes y jirafas cruzando por delante de los coches con un lento caminar y un gesto de indiferencia; manadas de ñues atravesando la sabana en una desordenada e interminable fila; un grupo de leones que duerme placidamente, sin apenas dejarse ver, tras unos arbustos, decenas de buitres descansan y esperan entre las ramas de un árbol seco… La lista es infinita. Tanto como el tiempo que uno decida pasar en el Parque y la naturaleza dicte sus casualidades. Mi consejo es que no se pierden un lugar que es tal y como todos hemos soñado África cuando éramos niños y no tan niños. “Para mi África,  cuando era niña, era una cebra”, explica una bosnia en el transcurso de una cena con dos jóvenes negros sudafricanos que se mueren de risa ante la ocurrencia. “Para mi también”, les explicó yo. Se quedan algo contrariados.

Bosquimanos, esclavos y primeros exploradores

Por supuesto, este bello Parque Natural tiene una historia que queda eclipasada por sus fascinantes paisajes. Se han encontrado restos de humanos que datan de 1,5 millones de años a. C. En estas tierras se establecieron los Bushmen (bosquimanos). Luego, la llegada de los Nguni hizo que estos se retiraran de estas fértiles tierras y volvieran, mayoritariamente, hacia lo que es hoy Botsuana.

En el año 800, la aparición de los árabes en la zona, costa de Mozambique, provoca el comienzo del comercio de esclavos en la zona. En el parque se pueden encontrar también los restos de una civilización, en la parte norte, en Limpopo, que levantó un gran asentamiento de piedra hace más de mil años. Se le conoce como piedra Thulamela. Comerciaban con marfil y oro. Ellos son los precursores del Gran Zimbabwe, el primer gran imperio del Sur de África.

La llegada de los primeros europeos al parque se produce en 1725. 73 años después de que la Compañía Holandesa de la India Oriental se instalara en Sudáfrica, el primer europeo, el holandés Francois de Cuiper, explora estas tierras

La llegada de los primeros europeos al parque se produce en 1725. 73 años después de que la Compañía Holandesa de la India Oriental se instalara en Sudáfrica, el primer europeo, el holandés Francois de Cuiper, explora estas tierras. En 1838, en pleno proceso del Gran Viaje, en el que los colonizadores holandeses deciden dejar Ciudad del Cabo para buscar su tierra prometida, los expedicionarios atraviesan estas tierras. Sin embargo, el primer europeo en establecerse aquí, en 1845, fue el italiano Giovanni Albasini, hijo de una española, que con 18 años se construyó una casa y abrió una tienda cerca de lo que hoy es Pretoriuskop. Su tumba, que es un monumento nacional, se puede visitar cerca de la presa de Albasini, en Limpopo. (La historia de este políglota viajero es francamente curiosa).

Parque Nacional

En 1873, el área se ve azotada por la misma tormenta que sacude toda Sudáfrica: descubren oro. Sin embargo, los leones, cocodrilos, guepardos y algunas enfermedades (malaria) libran al Parque de una epidemia de riqueza y poder que hizo saltar por los aires la endeble unidad entre boers e ingleses. (Las guerras anglo-boers son uno de los sucesos más sangrientos ocurridos en la historia. Durante estos enfrentamientos, por ejemplo, los ingleses inventaron los campos de concentración, tan populares años después en la Segunda Guerra Mundial). Eso sí, la amenaza natural se saldó con la caza de miles de animales que fueron abatidos. No se puede dar una cifra exacta, pero la población de leones descendió drásticamente durante aquellos años. Y es que del oro se pasó al negocio de la caza. El Parque se convierte en un coto al que acuden cazadores de todo el mundo y en el que se refugian también prófugos de la justicia. La caza  y algunas enfermedades dejan el coto casi vacío de vida salvaje y es el legendario cazador Stevenson-Hamilton el que comienza una batalla de conservación que termina en 1926 con la creación del primer Parque Nacional de Sudáfrica, bautizado por la Administración inglesa como Paul Kruger en un gesto de reconciliación con los boers.

Dos últimas pinceladas. La primera: tras abrirse el parque a los turistas se paró la matanza de leones, tras comprobar estupefactos los administradores que el público prefería contemplar a los felinos que a los miles de antílopes que se agolpaban por la sabana.

Segundo: Un pequeño perfil de Paul Kruger. El hombre de barba y chistera con el que se ha bautizado la reserva es uno de los iconos de los afrikaners. El tío Paul, como le llaman sus compatriotas, mató su primer león a los 14 años (ese mismo año perdió el pulgar izquierdo al matar a un rinoceronte con una carabina). Con 17, el futuro líder de los religiosos e integristas boers, se enfrenta a un grupo de zulúes a los que pone en fuga y que habían entrado en la granja familiar. Dominique Lapierre, en su brillante libro sobre la historia de Sudáfrica, “Un arco iris en la noche”, describe así el final del hombre que humilló a las tropas británicas en su lucha fraticida por controlar el país: Tras no recibir el apoyo de los países europeos en su lucha contra Gran Bretaña, “Kruger, herido, se refugia en Suiza, donde, morirá sin volver a ver las verdes colinas de su querido Transvaal (República Boer). Pero sus compatriotas inscribirán su nombre para siempre en su tierra prometida. Delimitarán en el nordeste del país, un territorio casi tan grande como toda Bélgica, donde reunirán a todos los especímenes de flora y fauna africana. A este república de la naturaleza, única en el mundo, le darán el nombre de quien mató su primer león a los 14 años. Se llamará Parque Nacional Kruger”.

el camino

La agencia Intrepid Bundu organiza los mejores safaris del Parque. Su precio por persona, en estancia de tres hasta cinco noches, está entre los 400 y los 700 euros. Hay muchas ofertas entre las distintas agencias, así que conviene preguntar en varias y esperar el mejor precio. Es más barato comprar el viaje en Sudáfrica que hacerlo con una agencia española. www.intrepidbundu.com

una cabezada

Thornhill Prívate Lodge: un hotel de semi lujo situado en medio de la selva, en el corazón de una reserva privada. Cuenta con piscina, bar y restaurante. El menú es fijo al mediodía y permite un pequeño buffet por la noche. La cena, frente a una hoguera y con el divertido final de bailes y canciones del personal del hotel (lo hacen por diversión y sin pedir un solo rand), es calurosa y divertida. Aconsejo que soliciten las habitaciones más modernas, con una enorme bañera y cristalera, que da a la selva. Por las mañanas, cuando sales para el safari a las cinco de la madrugada, a escasos 100 metros de tu habitación, las luces del coche van despertando a cebras y jirafas que se levantan torpemente ante los ojos aún cerrados del viajero. Inolvidable momento. www.thornhillsafarilodge.com.

No obstante la oferta es tan variada como la calidad y los precios.

a mesa puesta

(No tenemos ninguna recomendación especial en este aspecto. La comida la hicimos en el hotel o en algún restaurante del propio parque. No destacaron ni por su calidad ni por su falta de ella)

muy recomendable

-Leer los libros un “Arco iris en la noche”, de Dominique Lapierra; “Breve historia de Sudáfrica”, de R. W. Johnson y “Vagabundo en África”, de Javier Reverte. Los dos primeros son muy completos y explican al detalle la convulsa historia de este país. El del profesor Johnson es especialmente didáctico. (La misma recomendación la hicimos en el artículo sobre Robben Island).

-Pasar sólo un día en las reservas privadas. Todos los tours más caros ofrecen esta opción, que permite ver, casi a la carta, a ciertos animales más escurridizos, como guepardos y leones. Los coches con guías entran por medio de la selva para ofrecer al turista la visión de la codiciada pieza. Sin embargo, en opinión de este viajero, la inmensidad de Kruger y sus constantes sorpresas, hacen que la reserva privada sea una opción válida sólo para una jornada que se acaba bebiendo un vino junto al coche y escuchando los sonidos de la selva.

- En el Parquer Kruger se puede entrar en vehículo privado. Los caminos de tierra y asfalto están  en buen estado, pero recorrer el parque con un guía ayuda a entender la vida salvaje.

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Comentarios (2)

  • ernesto

    |

    Muy bonito reportaje, pero tú no sabes lo que es de verdad “estar en un territorio salvaje repleto de animales” y sobrevivir a la lucha entre hombres y leones. Te echamos de menos. Un saludo, todo está OK, y sigue así.

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  • Javier

    |

    Gracias, pero lo de los leones de aquí es nada comparado con los que hay por Madrid. Todo está OK. En vez de afrikaner, me he puesto con el khosa, que lo hablán cuando me subo al minibus y tengo cara de qué cojones estarán diciendo.
    Un abrazo fuerte

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