Aquellas bellas fotos de South Luangwa

通过: 哈维尔Brandoli (文字和照片)

En Zambia se entra con un fajo de billetes en la mano que va adelgazando hasta desaparecer. Se pagan hasta cinco tasas y un visado. El culmen fue cuando nos preguntaron, ya sin un kwacha (当地货币) en la mano y sin posibilidad de cambio, por qué frontera saldríamos. “Perdón, ¿pero eso qué más da?”. Y el hombre nos replicó que eso influye en el uso de“s carreteras y las más lejanas son más caras que las cercanas. “Pero nos quedan 20 dólares nada más y aquí no hay cajeros.  ¿Díganos por ese dinero cuál es la frontera por la que debemos irnos y nos vamos?”, le explicamos con cierta retranca. Y el tipo miró y creo que estuvo tentado de indicarnos que con 20 dólares la frontera por la que debíamos salir del país es la misma en la que estábamos. 但, nos perdonó otros 20 dólares que nos hacían falta e indicó Katima Mulilo, frontera con Namibia, al otro lado del país.

Cuántas veces pensábamos respirar y cobrarnos un impuesto por uso de oxígeno

Y ya subidos al coche y cuando sólo quedaba que levantaran la valla dos tipos nos dijeron que quedaba por pagar la tasa de entrada. Y comenzamos a reírnos ya que no llevábamos ni un solo céntimo. 然后, una chica que nos había ayudado con el seguro del coche intercedió por nosotros y los agentes nos dejaron entrar a Zambia sin pagar la sexta tasa. La sensación es que quedaba poco para que llegara un agente medioambiental y nos dijera cuántas veces pensábamos respirar y cobrarnos un impuesto por uso de oxígeno. 在任何情况下, la gente de aquella frontera fue encantadora, nada que reprochar en lo personal.

Nos dirigimos entonces a South Luangwa, el único gran parque de Zambia que yo no conocía y del que había escuchado hablar maravillas ya cuando estuve aquí en 2010.  Pasamos por la ciudad de Chipata y me sorprendí con las buenas infraestructuras, supermercados y bancos que había por todos lados. Luego empecé a comprobar que el GPS estaba siempre engañado, que donde macaba pista de tierra aparecía una flamante y nueva carretera de asfalto. En estos cuatro años, y así fue y entendí luego que pasaba en todo el país, el crecimiento económico y desarrollo había sido inmenso. Miraba por la ventanilla y me sentía feliz de comprobar que el que era uno de los países más pobres de la tierra había conseguido mudar tanto su piel.

Finalmente llegamos a South Luangwa y acampamos en el Cocrodile Camp. Junto al gran río en uno de esos sitios inolvidables. Allí pasamos dos jornadas de viaje fascinantes. El parque es salvaje, con un paisaje diverso y una fauna rebosante. En el primer safari nos topamos con una leopardo y sus dos crías frente a nosotros. Era tal mi emoción que saqué todo mi cuerpo por la ventana del coche para fotografiarlos. Realmente el felino pasó a dos metros de mí y yo no paraba de hacerle fotos sin importarme su cercanía. Víctor me confesó luego que metió la marcha y yo le confesé que en aquel momento por adrenalina hasta le hubiera tocado. Luego me entró un cierto miedo al pensar que la madre podía haber pensado que yo ponía en riesgo a sus crías. Por eso si atacaría el felino. 是否,  los seguimos, los disfrutamos, los vivimos.

La madre podía haber pensado que yo ponía en riesgo a sus crías

Y luego llegaron manadas de antílopes, 斑马, jirafas o elefantes. O aquella laguna con decenas de hipopótamos cubiertos por plantas acuáticas. Y entonces volvimos a comer, en aquella cabaña-restaurante de nuestro campamento  frente al agua en la que mientras yo tomaba un café escuché: “Aquí hay leones o leopardos cerca”.  Y todos los trabajadores comenzaron a buscarlos con la mirada. ¿Por qué lo sabéis?, 问. “Porque los monos han comenzado a gritar y eso es señal de peligro”, contestaban bajo el estruendo de las gargantas de cientos de macacos. Y entonces tras algunos segundos descubrimos al otro lado de la orilla a un enorme leopardo macho avanzar entre la vegetación. Y en medio había hipopótamos y cocodrilos. Y yo, fanático de la naturaleza africana, hacía fotos feliz de tener la suerte de ser otro de los animales de aquella estampa.

Y así fueron dos jornadas de amaneceres y atardeceres calmos, que allí el sol se iba y volvía sin hacer ruido. Y noches de estrellas sin luna y de solitarias hogueras. El tiempo se había parado en South Luangwa y lo disfrutábamos con la serena pasión del viaje. Y escribíamos y leíamos y hablábamos. Charlábamos de la vida y su reverso, la otra vida, la de anterior, 我们的, la de los otros. Y conocimos a un francés y su mujer canadiense que llevaba 16 años dando vueltas por el mundo. Ya no viajaba, sencillamente vivía en aquel hogar con ruedas con el que atravesó el mundo en varias ocasiones y en cuya puerta había una frase del Principito. “No volvería ni a morir a mi país”, 保证.

No volvería ni a morir a mi país”, 保证

Y una mañana se acabó el parque y nos dirigimos a Lusaka. Aquella ciudad que tanto odié años atrás y que ahora sin reproches me parecía más limpia y avanzada y ordenada que todas las que contemplé en el resto del viaje. Y allí fuimos a la fiesta de Dani, un libanés que vive allí amigo de Víctor, que celebraba su cumpleaños y el final de una prueba de rally (es piloto) en su casa. Y allí se juntaron pilotos y amigos, y comimos una carne de impala y de cerdo como no probé en mi vida. Exactamente repetí seis veces. Y luego dormimos en un hotel que él nos reservó con generosidad, Lilayi, en el que hay antílopes o cebras en la puerta de tu cabaña.

进而, tras dos noches, partimos para Namibia y se acabó en breve tiempo la bella y simpática Zambia. Un país que tiene mucho de mi imagen y mi corazón en este continente. Siempre me cuesta entrar y de alguna manera nunca me deja ir. Ahora también, por averías, por compromisos y porque Zambia nunca sé del todo donde acaba. South Luangwa, como ya lo fue el parque del Lower Zambeze, irán siempre conmigo, irán siempre en mi recuerdo de África.

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评论 (2)

  • 莫妮卡

    |

    Deseando estau alli con vosotros

  • 纳乔Melero

    |

    se me llena la barriga de cosquillas al ver esas fotos

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