Berna: cinco siglos de prisión para los osos

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

“Berna pudiera ser algo así como la recia interioridad uterina de Europa, como el útero de piedra o el anillo medieval de todas las ciudades. Berna tenía unos soportales y unas plazas que estaban como abandonados por los siglos y donde siempre era de noche…”. La descripción anterior sobre la capital suiza es del escritor Francisco Umbral. La encontré buscando algo de información sobre unos osos, símbolo de la urbe, antes de partir a visitar la villa. Umbral dejó escrito un artículo que se titula “Los osos de Berna”. El fallecido escritor concluye así su pieza: “Al irme de la ciudad sólo me despedí de los osos, y hasta tuve la tentación de quedarme con ellos como un oso más. A medida que profundizamos en lo humano vamos descubriendo que el hombre no es sino un oso desnudo”.

Berna conserva un precioso casco histórico donde las torres medievales dan paso a largas calles llenas de soportales, se camina sobre pavés gastado, hay pequeñas fuentes coronadas con extrañas estatuas policromadas, las hileras de ventanas de madera se adornan con banderas y escudos heráldicos. Hay mucho que ver en la capital suiza. el Bundeshaus (parlamento), la Zytglogeturn (torre del reloj), la catedral del siglo XV y su maravilloso pórtico o la otra torre, la Käfigturm, que sirvió de prisión y de entrada a la ciudad por la parte oriental. En todo caso es un lugar de pasear despacio, perderse por sus mercadillos de frutas, mimbre o ropa; observar las tiendas que abren sus puertas desde el suelo al subsuelo, como si vendieran el mundo desde el estómago de la tierra.

Por último, se puede visitar la casa-museo de Albert Einstein, en la importante calle Kramgasse, donde el famoso científico elaboró su Teoría de la Relatividad (en realidad vivió en una calle más lejana al centro). Es divertido comprobar cómo el genio alemán llegó a Berna y publicó un anuncio en la prensa en el que se ofrecía como profesor de clases particulares de matemática y física, anunciando que “la primera hora era gratis, a prueba”.

 Al final, puede que Los osos de Berna sean, quizá, como dijo Umbral “hombres desnudos”

Sin embargo, y pese a la agradable sorpresa que es esta bonita ciudad, yo voy buscando la historia de unos osos recluidos, rehenes de su destino, que desde hace siglos son el emblema de Berna. Llegamos al Bärengraben (parque de los osos) tras cruzar el precioso puente de Nydeggasse desde el que hay las mejores vistas de la ciudad. Entonces, a mano derecha se observa un enorme reciento, colindante casi con el río en el que vemos a una enorme osa dormir en el suelo mientras tres oseznos recorren la colina ante la mirada de los turistas. Esos osos son la historia de Berna.

Es de 1224 el sello bernés más antiguo en el que aparece representado un oso como símbolo de la ciudad. Sin embargo, es en 1513 cuando los soldados vuelven a casa vencedores de la batalla de Novara portando como trofeo un oso vivo. Se decide entonces construir un recinto al animal, una fosa delante de la puerta central, y mantenerlo allí vivo para disfrute de los ciudadanos. La tradición se mantiene así durante siglos hasta que el general francés Brune humilla en 1798 a los berneses tras tomar la ciudad y llevarse a todos los animales a París. Sólo dejo un animal vivo que murió al poco tiempo (está disecado y se muestra en el museo histórico). La ciudad quedó huérfana de su símbolo durante algo más de una década. En 1810 los comerciantes de la villa decidieron regalar una pareja de osos de nuevo a la ciudad.

Sin embargo, los osos verían en los siguientes años como los cambiaban de ubicación o los sacrificaban. A mediados del siglo XIX se los ubicó cerca de la estación de un tren cuyos humos acabaron con todos ellos. En 1913, la fosa llegó a tener 24 ejemplares (récord) y se decidió disecar a ocho para hacer un carrusel que presentar en la Expo Universal de 1914. Desde entonces se les ha cambiado de ubicación en alguna ocasión más, mejorando sus condiciones de emblema encarcelado, y se han vivido algunos accidentes entre borrachos desorientados, ciclistas sin frenos o valientes en desuso.  Ha habido seis incidentes de gravedad en 140 años. Al final, puede que Los osos de Berna sean, quizá, como dijo Umbral “hombres desnudos”.

el camino

En caso de que no se vuele directamente a Berna y se haga una visita global a Suiza en coche (lo más aconsejable), el acceso por carretera desde Ginebra o Zurich es excelente y con la particularidad de que en el país helvético no se pagan peajes. Eso sí, el precio del parking publico es escandalosamente caro.

una cabezada
No tenemos ninguna recomendación.

a mesa puesta
-Restaurante Kornhauskeller. Bonito, de aspecto antiguo, techos altos y con una excelente bodega. El precio es caro.

-La calle Múnstergasse está llena de pequeños restaurantes en los soportales con precios más módicos y posibilidad de menú al medioía.

muy recomendable

-Visitar la Casa-Museo de Albert Einstein. Descubrirán divertidas anécdotas del genio alemán que pese a tener nacionalidad estadounidense nunca perdió su también pasaporte suizo.

-Cerca de Berna, a unos 30 kilómetros, está la ciudad de Friburgo. Una también preciosa  ciudad de aspecto medieval y con un elevador que usa un curioso combustible. Les dejo que lo descubran ustedes mismos.

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Comentarios (2)

  • Noeli

    |

    Hola Javier,

    Me ha gustado tu crónica sobre Berna, no sabía la historia de los osos y la verdad es que con un poco de empatía…dan ganas de dejarlos en libertad…menudo devenir…disecados, “ahumados”, sacrificados, raptados y presos por los franceses..
    Fotos preciosas, me encantan esos relojes en torres y fachadas. Son fantásticos. Berna parece que invita a pasear tranquilamente.

    Un saludo

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  • javier

    |

    Es una curiosa historia que yo desconocía. Dan cierta pena los osos, aunque para ser justo los cuidan médicamente y tratan con mimo. Nada que no se viva en un zoo. También es verdad que no siempre fue así.

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