Bretaña: el camino de los aduaneros

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

Las rocas crean formas inverosímiles, retorciéndose sobre si mismas, desafiantes al pegado mar. Caminamos lentamente, observando cada una de las piedras que amontonadas colorean el horizonte. Estamos en Bretaña, en Perros-Guirec. Allí el viento y las olas han esculpido un paisaje único: la costa de granito rosa. Tal cual, piedras de color rojizo en las que se bate el mar. Es sólo parte de un histórico largo sendero conocido como de “los aduaneros” de más de 1.300 kilómetros. Pedimos al guía que nos deje contemplar parte de ese espectacular paisaje y algunos compañeros de viaje emprendemos parte de la ruta a pie.

Todo el largo camino, que comunica el puerto de Saint Nazaire, en Loira Atlántico, con el Mont Saint Michel, en Normandía, es en la actualidad un sendero rural, el GR-34. Luego explicaré porque se le conoce como el de los aduaneros, pero primero voy a detenerme en el lenguaje de aquel lugar. Hay una sensación de calma, de desorden perfectamente ordenado, de espacio en el que se escuchar el mar, de lento paseo para llegar a ningún lugar. Es evidente que la costa de granito rosa tiene el encanto de la mezcla de colores: el rojo de las piedras y el blanco y azul de las olas. Hay un punto exacto en el que una brecha de tonos maca la diferencia. De repente, surgidas de la nada, pegadas a otras formaciones rocosas de colores oscuros, comienza el peculiar museo de piedra. Ocho kilómetros de rojo desperdigado sobre el mar. ¿Por qué tienen esos tonos rosas las rocas? Nos explica el guía que es el hierro el que aporta a las piedras ese tono, que también están compuestas de feldespato, cuarzo y mica.

Ocho kilómetros de rojo desperdigado sobre el mar. ¿Por qué tienen esos tonos rosas las rocas?

Cada formación parece querer decir algo. Pasa como en la Ciudad Encantada de Cuenca, que hay piedras a las que se ha bautizado con el nombre que representan. ¿Dónde está la conocida como del Diablo? No fui capaz de reconocerla en todo el trayecto, a pesar de que una postal que había comprado en el pueblo me servía de evidente guía. Otra dicen que es la cabeza de un perro y así diversas analogías.
El trayecto es un paseo cómodo, nada exigente durante los ocho kilómetros físicamente. Se puede hacer en bicicleta o andando y está muy bien señalizado. Otra cosa sería emprender el centenario sendero de más de 1.300 kilómetros por la costa atlántica francesa.

En medio del camino hay un faro; una parada para descansar y escuchar el rugido del mar, que allí golpea con más dureza. Más adelante se esconde la última sorpresa: el hotel Castel Beau Site. Un pequeño hotel con unas vistas sorprendentes. Un entrante de mar en calma salpicado por rocas rojizas y sobre cuya playa se encuentra el tranquilo hospedaje. Frente a él un islote que corona un castillo. Se levantó en el siglo XIX y en la actualidad, nos dicen en el hotel, reside un actor alemán. Antes, fue lugar de descanso para el famoso arquitecto francés Gustave Eiffel. Todo el entorno forma una postal parece que parece fabricada. El atardecer hace que rocas y cielo compartan color; el amanecer es igual de fascinante. Para los que quieren visitar Bretaña y sólo recorrer una parte de la legendaria ruta, se trata de un hotel inmejorable. “Vienen muchas modelos y actores internacionales”, cuentan en el Castel Beau Site. No es un hotel de lujo, pero sí ofrece unas vistas y una tranquilidad singular. Un consejo, pidan que la habitación tenga las mejores vistas posibles sobre la pequeña bahía.

La gran ruta

La costa de granito rosa es sólo una parte del largo GR-34 que es el camino de los aduaneros. Más de un mes es necesario para recorrer un sendero que disecciona el océano Atlántico francés. Para los atrevidos que quieran emprender la aventura decirles que tendrán que bajar hasta la región de Loira Atlántico para comenzar sus pasos. Eso sí, al final espera un lugar cargado de historia, misterio y belleza, como es el Mont Saint Michel, cuya pertenencia han discutido durante siglos entre bretones y normandos (pertenece a Normandía, aunque está casi en el límite fronterizo entre ambas regiones). Quizá algunos conozcan ya la espectacular abadía, pero para los que no hayan podido verla es otra recomendación hacer, al menos, el final de la ruta. ¿Qué van a ver los que decidan hacer entero el primitivo camino? Verán el mar en toda su magnitud. El mar cuando se mezcla con la tierra, con los pueblos que viven de él, con sus grandes acantilados, los paisajes de dunas y las aulagas, arbustos espinosos de flor amarilla.

al final espera un lugar cargado de historia, misterio y belleza, como es el Mont Saint Michel, cuya pertenencia han discutido durante siglos entre bretones y normando

¿Por qué se le conoce como camino de los aduaneros? “Hace largo tiempo, el Estado francés decidió imponer un derecho de peaje a los productos importados. Ya se había pensado algo así en tiempos del Imperio Romano y es en el siglo XVIII cuando se decide llevar a cabo el plan.

Rápidamente, las autoridades se dieron cuenta de que se había organizado un sistema de contrabando para sortear el pago de los impuestos. Así en tiempos de Napoleón Bonaparte se creó un cuerpo de más de 35.000 aduaneros que «cazaban» a los contrabandistas del mar. Más tarde se amplió el trabajo de estos aduaneros, que debían también vigilar a los saqueadores de los restos de los naufragios de la zona, ya que las leyes decían que cualquier resto que llegará a la costa pertenecía al Estado y debía ser declarado en la aduana”, explican en Turismo de Francia.

La situación llegó a tal punto que se creó toda una estructura en torno a la costa para pillar a los contrabandistas. En algunos casos, los propios aduaneros se disfrazaban de peregrinos o se camuflaban entre las naturaleza para no ser reconocidos y poder denunciar todos los desembarcos ilícitos. Es desde entonces que se conoce a este largo sendero como de los aduaneros ya que durante años tuvieron que recorrerlo a pie para evitar la evasión de impuestos.

el camino

Air Nostrum realiza vuelos económicos desde Madrid con Rennes, capital de Bretaña.

una cabezada

-Hotel Castel Beau Site, en Perros de Guirec. Muy recomendable. Grandes vistas. Reformado en 2009.
-Hotel des Lices, casco antiguo de Rennes. Económico y bien situado. Mejor para gente joven.
-Hotel D` Avaugour, en Dinan. Confortable, céntrico y con buenas habitaciones.

a mesa puesta

-Hotel Castel Beau Site, al igual que el alojamiento el servicio de restauración es muy recomendable.
-Creperie la Rozell, en Rennes. Tiene el sello de calidad de Gourmandes. Exquisita la comida.
-La Cale Gourmande, en Pleurtuit. Comida excelente y grandes vistas.

muy recomendable

-Si se opta por dormir en Mont Saint Michel reservar con tiempo un hotel dentro de los muros de la abadía. Es la única opción de pasear por el Mont, cuando se cierra la puerta exterior, sin estar rodeado de miles de turistas.

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Comentarios (2)

  • Pata de palo

    |

    Y Saint Malo??? Viva Bretraña!!!!

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  • Marta Balboa

    |

    Un placer leer un reportaje tan bonito de un lugar que me enamoró cuando lo hice. Felicidades por la página

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