Choquequiraw, el Machu Picchu desconocido

Por: Juancho Sánchez (texto y fotos)
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Los quince años de Marco están metidos en un cuerpo pequeño y vibrante. Tiene cara de pilluelo, piernas flacas bajo pantalón pesquero y pies alados fusionados a unas chanclas oscuras. Vive en Cachora, tres horas al oeste de Cuzco, al sur del Perú, en un valle inasible a la modernidad, rodeado de enormes montañas andinas, a un paso del omnipresente Machu Picchu. Pese a la cercanía, Marco no ha estado nunca en esa Maravilla del Mundo Moderno. Y eso que es guía de turismo.
 
Quizá sea porque Marco y los suyos, junto a otro puñado de familias de la zona, tienen su propia Maravilla, aunque ésta no aparezca en ninguna lista de la Unesco. Se llama Choquequiraw, y es, salvando escasas diferencias, un hermano gemelo de Machu Picchu, otra ciudadela rescatada del Imperio Inca. Salvo que ésta, para gloria de quienes aún aspiran a sentirse especiales y hallar tesoros casi desconocidos, de quienes huyen de la masificación del turismo extremo, aún no ha sido explotada, y probablemente nunca llegue a serlo, tan salvaje es la dictadura mediática del hermano rico Machu Picchu. Aunque ya hay muchas de las cientos de agencias de viajes que en Cuzco ofrecen la ruta a las ruinas de Choquequiraw, prácticamente nadie encuentra tiempo en su agenda para visitarlas.

Y sin embargo, Choquequiraw lo ofrece todo, y en según qué cosas, aún más que Machu Picchu. Para empezar, cumple a la perfección con la consigna principal de los asentamientos incas, llamados llactas: está situada en lo alto de una montaña, a unos 3.000 metros, porque los emperadores deseaban ser ellos, que se consideraban los Elegidos de los dioses, los primeros en recibir los rayos del Sol de la mañana, y las primeras gotas de lluvia. Y porque si alguien iba a tratar de conquistarlos, desde las alturas las ciudadelas se convertían casi en inexpugnables.

En cada palmo del terreno se manifiesta la grandeza de los incas. Y encima, se visita prácticamente a solas

El irresistible embrujo evocador de esta civilización precolombina, que creó el más imponente Imperio que haya dado el sur de América, con dominios que abarcaron, en tiempos de Pachacutec (siglo XV), desde el sur de la actual Colombia hasta más allá del desierto chileno de Acatama, está presente en cada piedra de Choquequiraw. En los palacios, en las casas, en los templos religiosos, en las explanadas donde se hacían los sacrificios de animales, o en las imponentes obras de ingeniería hidráulica que se mantienen firmes al paso de revista de los siglos. En cada palmo del terreno se manifiesta la grandeza de los incas. Y encima, se visita prácticamente a solas. Un lujo impensable.
 
A Choquequiraw, que también fue descubierta, como Machu Picchu, por Hiram Bingham, quien pronto la abandonó decepcionado por no hallar los tesoros a los que aspiraba, la encumbra otra característica: el reto de que hacen falta varios días de caminata rompe-piernas para hollarla, acompañado siempre el viajero de la belleza sobrecogedora de los cantiles, el río Apurimac, las pendientes imposibles, el frío y el calor extremos, los puentes vertiginosos…
 
Para llegar hasta Choquequiraw -y aquí volvemos al fin a nuestro protagonista, el pequeño Marco-, es muy recomendable, aunque no imprescindible, contratar una mula que alivie la carga. Y, por lo tanto, a un mulero. Hace falta tienda de campaña, sacos, agua, comida, camping gas para calentarla y varias mudas. Si se elige ir con una compañía de viajes de las de Cuzco, preparen, por lo menos 160 dólares, más la comida y el alquiler del material.

Nosotros tuvimos la suerte de topar con Marco, el adolescente con ademán de veterano cuyas manos embridaban a la mula con la suficiencia de un prestidigitador

Nuestro consejo viajar, en coche alquilado o en bus, hasta Cachora y una vez allí, en cualquier casa contratar un guía con mula. Practicamente todo el mundo se dedica a llevar y traer viajeros, por escasos que éstos sean. No encontrarán muchas dificultades para encontrar lo que buscan. Y entonces verán que el precio baja hasta los 10 euros diarios, más o menos.

Nosotros tuvimos la suerte de topar con Marco, el adolescente con ademán de veterano cuyas manos embridaban a la mula con la suficiencia de un prestidigitador, y que era capaz de amenizar la dureza de un camino que ha recorrido mil veces con las más jugosas anécdotas. Y también capaz de guardar silencio cuando el esplendor del paisaje nos dejaba boquiabiertos.
 
El Gobierno peruano trató, en los años 70, de reflotar este asentamiento. Con dinero donado por Francia –nunca supimos por qué- se sacaron a la luz gran parte de las construcciones enterradas por el tiempo, aunque dicen los expertos que el 70% de este asentamiento aún descansa oculto. Es por eso que son franceses la mayoría de los viajeros que lo visitan. Y también, por supuesto, hay alemanes y estadounidenses.

En el camino hay varios lugares preparados para acampar por los habitantes de la zona, aunque la mayoría no disponen de comidas ni bebidas. Tienen nombres exóticos como Chiquisca, Cocamasana o Marampata. Imposible no gozar con el mirador de Capuliyoc, donde las lluvias intermitentes nos regalaron en nuestra visita un arcoíris doble, y donde, a la vuelta, esas mismas lluvias nos obligaron a correr por miedo a un desprendimiento de tierras. El desnivel que hay que subir y bajar es salvaje. En total, desde Cachora, ida y vuelta, son 70 kilómetros con más de 6.000 metros de desnivel. Sí, definitivamente hay que estar en forma para hacer la ruta. Pero no lo duden, merece la pena, si uno quiere sentirse, por un día, viajero de la exclusividad.

Cuenta la leyenda que Choquequiraw fue construida, presumiblemente, durante el gobierno del Inca Pachacutec (siglo XV). Está dividida en nueve zonas y sus construcciones de piedra se agrupan en pequeños barrios. Alrededor de su plaza principal se encuentran el mayor de sus templos y las viviendas de los gobernantes. Los investigadores sostienen que el complejo habría sido un importante centro religioso, político y económico, además de un nexo comercial y cultural entre la costa, la sierra y la selva. Y además, según otras teorías, fue aquí donde se organizó la resistencia a los españoles a partir de la caída del Imperio, cuando Pizarro capturó a Atahualpa, dando fin al dominio incaico. Entre 1532 y 1570, aproximadamente, los españoles se habrían visto obligados a batallar con incas cuyos ataques de ida y vuelta habrían tenido su base en Choquequiraw. Manco Inca, Cahuide, Titu Yupanqui… Hasta la caída definitiva del emperador Tupac Amaru, la leyenda continuó…
   
Y estas piedras explican muchos de los secretos de la magnificencia de aquel Imperio. Todo un viaje, toda una aventura.

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Comentarios (10)

  • Ana

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    Entonces, ¿Te quedas con ésta o con Machu Pichu? Hay ¿alguna otra de forma para llegar ahí o es una maravilla sólo al alcance de los deportistas?
    Genial artículo

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  • Kawil

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    Qué buen relato! Qué gran lugar! Qué ganas de agarrar la mochila e ir a conocer Choquequiraw!!!

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  • José Ventura Chavarría

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    Excelente artículo. Estuve con un grupo de amigos en Machu Pichu en 2005, coincidiendo con el solsticio del invierno austral. Recorrimos el Camino del Inca, y los primeros días fenomenal, pero la última etapa se convirtió en un rosario de ‘peregrinos’ intentando entrar a primera hora de la mañana en las ruinas. Al leer el artículo, me quedan las ganas de volver e intentarlo, de nuevo, para resarcirme de esa sensación final. Y eso que Machu Pichu es imponente. Gracias.

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  • Isabel

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    Me ha encantado el artículo y el descubrimiento. Habrá que ponerse en forma porque suena demasiado bien… como para perdérselo!

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  • Juancho

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    Anita! A tu primera pregunta contestaría que, si me diera sólo cuatro días, los gastaría en ver Choquequiraw, aunque solo fuera por la sensación de visitarla alejado de las masas. Aunque luego, por supuesto, me quedaría con el remordimiento de no haber ido a Machu Picchu. Respecto a la segunda pregunta, dejarlo claro: Ahí puede subir cualquiera, aunque no haga deporte -salvo los que tengan alguna enfermedad grave o mil años-. Otra cosa es que, cuanta peor forma tengas, más días necesitas…

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  • Meritxell

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    La verdad es que la descripción tan detallada de ese lugar hace que entres sin querer en aquellos tiempos pasados…me dan ganas de buscar una mula y ponerme las zapatillas de deporte!!que callado te tenias estas visitas con “encanto”…afortunado tu!!!

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  • Anuska

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    !Que afortunado Juancho! Lo cierto es que nos dejas a muchos con la esperanza de hacer tan extraordinario viaje; y por supuesto, con el aliciente de superar esos 6.000 metros de desniveles y días de viaje, con mula incluida, que en tu formidable narración nos brindarian paisajes abrumadores. !!!Preciosa descripción!!!

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  • Juancho

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    gracias, Meritxell y Anuska, por vuestras palabras cálidas

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  • Irenilla

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    Ohh que bonito juanchurrio! me parecía estar ahí dentro, rodeada de montañas gigantes tras el pequeño Marco y la mula :)…Tengo la esperanza ir algún día, pero de momento gracias por la experiencia que me han brindado tus palabras.
    Han sido tan bonitas como la lluvia de Irlanda!

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  • RO

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    oioioioioioioi!!!! contigo, con tus palabras, con tu pasión el mantra de la felicidad me chorrea a borbotones. juancho…. gracias por comparir tu experiencia con tanto entusiasmo, con tanta claridad, que ganas….
    bueno… me voy a por la agenda a ver si encuentro cuatro dias libres!!!!

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