serie do Pacífico en DVD e Blueray
El mundo de equipaje. El primer libro de Ediciones ViajesalpasadoEl Maconde Africano de Javier Brandoli. Un libro de Ediciones Viajesalpasado

Despacio

Por: Javier Brandoli
Y entre medias paso todo y de todo, que nunca en aquella ruta que es la tercera vez que la hacía pasaban tantas cosas en mi entorno. Era como si todo tuviera respuesta porque nada era preguntado. Y el sol se levantó con nosotros y, cosa de hacerlo todo tan lento, siempre nos estuvo esperando.
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Namibia: aún dos noches y seis nubes de polvo

Por: Javier Brandoli (texto e fotos)
En Namibia las distancias son polvo. Se calculan a ojo, o eso cuentan al menos que hacen las aves cuando atraviesan las largas vaguadas de madera y sal con el pavor de equivocarse y alcanzar un lugar. No hay tiempo en Namibia, no es posible, no lo permiten los días muertos que siempre han de llegar. ¿Y cómo hacer entonces? “No hay forma, nada se hace para que nada ocurra. Así ocurre todo”, nos contestaban unos ojos.
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Poesía de Mozambique

Por: Javier Brandoli (texto e fotos)
Declamaba un actor en voz de Mozambique. Y hablaba el país de ellos en forma de poesía. Llovían palabras y sueños, quejas y anhelos, mientras se ceñía la noche. Y se hablaba del llegar del día, milagro de la no muerte en esta tierra. Y de amor, que la poesía sólo se inventó en su origen para curar los males de tener quebrada el alma y así seguirá siendo mientras la vida no se ordene y se aburra
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Aquellas bellas fotos de South Luangwa
Por: Javier Brandoli (texto e fotos)

Un país que tiene mucho de mi imagen y mi corazón en este continente. Siempre me cuesta entrar y de alguna manera nunca me deja ir. Ahora también, por averías, por compromisos y porque Zambia nunca sé del todo donde acaba. South Luangwa, como ya lo fue el parque del Lower Zambeze, irán siempre conmigo, irán siempre en mi recuerdo de África.
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Y 25.000 km despois… llegó el fin
Por: Javier Brandoli (texto e fotos)

mirábamos el mar, que en L`Agulhas se mece violento, en busca de las inexistentes sombras del horizonte. Y al entender que no estaban, que allí no hay rincones, entendimos que se acababa el camino y que habíamos llegado a nuestro destino. Y sentimos la emoción del niño que sueña y la del adulto que hace realidad sus sueños. Lo habíamos hecho, estábamos allí.
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