Enrique Vaquerizo

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Historias de salacot y fortasec

Enrique Vaquerizo nos va describiendo de forma magistral la insensatez de vagar al pairo por un continente ya de por sí desnortado y, al mismo tiempo, nos convence de seguirle en su camino

Una casa en La Paz

Las bragas y sujetadores florecían en las lámparas como champiñones, mientras las plantas se adueñaban del piso de arriba, trepaban por las paredes y se desparramaban por las escaleras en un rumor sordo como de sinfonía amazónica. Espantada, cobraba y salía disparada, antes de que saliese un jaguar de debajo del sofá.

A mí sí me gusta París

París no es una ciudad fría, cara y sin alma, etcétera. Pasear por sus calles y atrapar un síndrome de Stendhal como quien agarra un catarro sale absolutamente gratis. Parte del encanto de esta ciudad radica en esas dentelladas frías y miserables que te regala febrero mientras te relames al mirar dentro de las brasseries para luego irte a comer patatas fritas grasientas en cualquier kebab.
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