Taj Mahal: una lágrima en la mejilla de la India

Por: Eduardo de Winter (texto y fotos)
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el viaje

Existen sueños que pertenecen al mundo de lo inalcanzable, pero el transcurrir del tiempo y el empeño de uno logran convertir en realidad otros acaso más terrenales. El corazón del viajero suele albergar unos cuantos de ambos, lugares distantes, culturas ajenas o simplemente sensaciones y vivencias que, como piezas de nuestro incompleto puzzle, soñamos hallar. Una de esas fascinaciones me había hecho llegar hasta Agra, ciudad famosa por albergar el incomparable Taj Mahal.

Apuré la comida y salí a la busca de un taxi que me acercara a cuatro kilómetros de él. A fin de proteger el monumento de la contaminación, debemos cubrir el último trayecto en unos autobuses eléctricos habilitados al efecto. Había que esperar unos minutos a la salida del siguiente, así que deambulé por los alrededores y, al instante, se me acercó un hombre que carné en mano se identificaba como guía oficial, indicándome además que era obligatorio contratar uno para poder acceder al Taj Mahal. Cuando un buscavidas indio comienza su actuación despiertas de cualquier ensoñación que te haya cautivado y vuelves a la realidad.

Esperando mi turno para pasar el control de seguridad pensaba en que probablemente estaba a punto de entrar en el mayor monumento que haya conocido la humanidad erigido simplemente por amor. Al menos eso nos cuenta la leyenda. Y nos narra que en uno de los bazares de Agra el que sería el emperador Sha Jahan, conoció a su amada Arjumand. Renombrada como princesa Mumtaz Mahal, la “perla de palacio” o “elegida de palacio”, llegó a ser la esposa preferida del soberano. Mostré al guardia el contenido de mi mochila y caminé con paso decidido hacia el encuentro del mito. El Darwanza es un majestuoso edifico de arenisca roja que hace las veces de entrada al Taj Mahal. Antaño, su pasillo central abovedado quedaba sellado por dos grades puertas de plata que debían otorgar aún mayor esplendor al lugar. Suele suceder que el humano olvida la belleza de las cosas al sentir el brillo de los metales preciosos y eso les sucedió a finales del siglo XVIII a los jats cuando las fundieron. Salí del Darwanza y me encontré frente al estanque central, los jardines y al fondo, el mausoleo del Taj Mahal. Era el primer contacto visual y no puedes mas que permanecer unos instantes contemplando la escena, pero miré tras de mi y la maratón fotográfica de los cazadores de imágenes había comenzado. Puede que sean manías personales, pero no comprendo esas prisas por fotografiar, por correr a la captura de la postal y esa falta de sosiego para enriquecerse con lo que se está viviendo. Especialmente cuando uno ha recorrido tantos kilómetros hasta el destino debe permitirse ese lujo de respirar y sonreír, por que al final uno esta allí y por una vez debe parar el tiempo.

Los enormes techos abovedados del lugar resultan perfectos para escuchar el eco de la voz de uno. Muchos jóvenes indios no pueden resistirse, y se lanzan a gritar

Caminé lentamente hacia el mausoleo. En 1631, dando a luz a su decimocuarto hijo, Mumtaz Mahal falleció y poco después comenzaron las obras del monumento que habría de honrar su memoria. Una obra que duraría unos veinte años, en la que trabajarían mas de 20.000 artesanos de India, Turquía, Persia y Arabia. Se trajo mármol de canteras de Rajastán cuyos bloques fueron transportados por mas de 1.000 elefantes. El resultado es, según el poeta bengalí Rabindranath Tagore, “una lágrima en la mejilla del tiempo”. Uno se maravilla por el motivo, la majestuosidad, la sobriedad, una belleza difícil de imaginar. Debí descalzarme antes de entrar en el mausoleo y dejar mi calzado junto a la entrada. El interior me resulto delicado, exquisito pero menos cautivador que el exterior. El viajero accede al interior del Taj Mahal, cuya traducción vendría a ser “la corona del palacio”, con un espíritu respetuoso porque, en definitiva, es una sepultura lo que se está visitando. Pero los enormes techos abovedados del lugar resultan perfectos para escuchar el eco de la voz de uno. Muchos jóvenes indios no pueden resistirse, y se lanzan a gritar, exclamar frases que supongo eran graciosas y volver a reírse con los sonidos que devuelven las paredes. Aquello no me agradaba, así que recuperé mi calzado y salí a pasear por los patios adyacentes. Admiré los textos del Corán caligrafiados sobre los bloques de mármol y los grabados de flores y otros motivos.

Después dediqué un largo rato a pasear por los jardines. Agradeciendo la sombra de un árbol, me deleité con la estampa.

Una leyenda cuenta que un gobernador ingles planeó en 1830 demoler el edificio principal para vender el mármol blanco. Finalmente, la tropelía no se llevó a cabo por la falta de viabilidad económica del proyecto. A mi alma romántica le agradaba pensar que el relato fuese cierto y que, al menos en esta ocasión, fue el mismo dinero quien salvó el lugar que ahora podía admirar. Imaginaba en cuantas ocasiones no ha sido así y debemos ahora conformarnos con admirar los restos que la avidez y el egoísmo humano dejaron como despojo tras de sí.

Un hijo del emperador Sha Jahan se sublevó contra el y acabó sus días observando su monumento al amor desde el fuerte de Agra, en el cual fue confinado. Con cierto aire melancólico emprendí el camino de salida, dando pasos lentos y meditabundos sobre una carretera de polvo y tierra mientras me cruzaba con viajeros y turistas. A media calle, me volví y miré de nuevo la puerta de acceso, las personas haciendo cola, los rostros excitados por alcanzar un lugar que permanece en las ilusiones de muchos. Y satisfecho por el camino andado dejé de pensar en el Taj Mahal como una fascinación por alcanzar y comencé a verlo como un inolvidable momento vivido. Pensé que no deja de ser curioso lo que el hombre es capaz de hacer cuando pierde al amor de su vida y lo poco que suele hacer cuando lo tiene junto a el. Las ilusiones alcanzadas te enseñan que la vida que tienes, esa real y tan luchada, también te regala realidades que debemos de amar como si de sueños inalcanzables se trataran.

Eduardo De Winter
www.infoviajero.es
info@infoviajero.es

el camino
Numerosas líneas aereas cubren el trayecto desde Madrid o Barcelona a Delhi. Agra también dispone de aeropuerto, por lo que podemos tomar un vuelo hasta la misma ciudad. Otra opción es trasladarnos desde Delhi hasta Agra en autobús o en tren. La distancia entre ambas ciudades es de algo mas de 200 Km. Os dejo algunas opciones de transporte en www.infoviajero.es/india/agra.

una cabezada
Me alojé en el Hotel Yamuna View, situado en Mall Road. Se trata de un hotel un tanto desangelado pero funcional. Nada destacable ni reseñable.

a mesa puesta
El restaurante del hotel es mas bien normalito, pero en Agra abundan los puestos callejeros y restaurantes sencillos recomendables. Como curiosidad contaros que en un Pizza Hut del centro de Agra a las 13:00 comenzó a sonar música tipo Bollywood y todo el personal se puso a bailar, una actuación llamativa y que te arrancaba irremediablemente una sonrisa. En India todo es posible.

muy recomendable
Además del Taj Mahal, visitar el Fuerte de Agra y perderse un poco por las calles de la ciudad, regalar unas golosinas y bolígrafos a los niños que se te acercan y disfrutar de la estancia. Como dice la frase publicitaria del turismo de India, “Incredible India”, así que lo mejor es darle tiempo, abrir nuestros sentidos y descubrir por qué India resulta tan increíble y cautivadora.

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Comentarios (9)

  • Ramón Villeró

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    Estoy de acuerdo; el Tajmajal, como casi todos los monumentos que se han convertido en lugares de peregrianción para el turismo, se siente, se disfruta desde el exterior, paseando por los jardines. Sin gente; circunstancia casi imposible.
    Saludos…

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  • Eduardo De Winter

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    Al final hay que tratar de aislarse de la multitud que te rodea, hacer un paréntesis y disfrutar. O por lo menos intentarlo. En fin, habrá que seguir buscando algún rincón sin invadir…..

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  • Agra, Taj Mahal y mucho mas | Blog Infoviajero

    |

    […] Si deseáis leer un relato de un viajero en el Taj Mahal y sus impresiones, aquí os dejamos nuestra colaboración con Viajes al Pasado, “El Taj Mahal. Una lágrima en la mejilla de la India”. […]

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  • Carmen

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    Maravilloso lugar que tuve la suerte de ver con menos turistas. India es un lugar que odias o amas para siempre. Yo soy del segundo grupo.
    Carmen Tizón

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  • Eduardo De Winter

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    Es cierto Carmen, con India solo hay esas dos opciones. Me alegro de que seamos de los que la amamos. El primer contacto con este maravilloso país puede ser brutal, así que en mi opinión casi hay un proceso de adaptación, de aprendizaje para poder entender el país y de este modo llegar a amarlo.

    Saludos

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  • Gildo Kaldorana

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    Uf, si hay algún sitio que me gustaría ir es a la India, a pesar del turismo (donde no lo hay).
    Nueva Dehi, Bombay, Calcuta etc. tiene que ser algo impresionante.
    Saludos

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  • isaacbarragan

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    Impresionante frase para terminar este artículo: “…Pensé que no deja de ser curioso lo que el hombre es capaz de hacer cuando pierde al amor de su vida y lo poco que suele hacer cuando lo tiene junto a el…”

    De alguna manera me he sentido transportado a la India

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  • Blog de Viaje a India

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    Es un blog muy impresionante que tiene mucha informacion sobre el Taj Mahal. Taj Mahal esta en sueno de cada persona y es un intento verdadero de dibujar un imagen bueno en la mente. Podra leer mas sobre viajes India en nuestro blog.

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