Uganda: con los chimpancés en medio de la selva salvaje

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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Se sienta, tranquilamente, con el gesto del hombre viejo que, cansado, contempla el paso del tiempo ya lejano. Daban ganas de acercarse, sentarse junto a él y quedarse allí a mirar al resto del grupo trepar por los árboles. Luego, de repente, decide avanzar en medio de una vegetación espesa que apenas deja correr el aire. La luz desaparece en algunas zonas bajo la sombra perenne de hojas que cuelgan de árboles de más de 30 metros. Nosotros vamos tras él, dándole el suficiente espacio (en ocasiones no más de tres metros) para que no se sienta amenazado. Es cinco veces más fuerte que nosotros, pero le engaña el mismo sentido que a los hombres, que nos hace juzgar las cosas con los ojos. “Nosotros somos más grandes y ellos nos tienen miedo porque piensan que somos más fuertes. Con facilidad nos podrían arrancar un brazo”, explica el guía.

Cuesta avanzar, seguirlos, en aquella maraña de abrumadora vegetación en estado salvaje. Telas de araña se te pegan a la cara, en el suelo de barro hay pisadas de los raros elefantes de la selva, los troncos de árboles caídos se convierten en muros infranqueables. Estamos en medio del bosque lluvioso de Kibale, al oeste de Uganda, ya cerca del Congo del que sólo nos separan las Montañas de la Luna. Zona de chimpancés.

Cuesta avanzar, seguirlos, en aquella maraña de abrumadora vegetación en estado salvaje. Telas de araña se te pegan a la cara, en el suelo de barro hay pisadas de los raros elefantes de la selva, los troncos de árboles caídos se convierten en muros infranqueables

Una de las sorpresas que me llevé al contemplar a los chimpancés de cerca es su tamaño y sus enormes y amenazantes colmillos. Las películas de Tarzán, que me devoraba cada sábado a las tres y media cuando era niño, me hicieron creer que los chimpancés son unos simpáticos monitos que se cuelgan de tu brazo y, como travesura, te roban chocolatinas del zurrón. Pues bien, el simpático animal tiene acongojada a media selva. De hecho, la mayoría de primates huye de sus áreas de control ya que “cuando tienen hambre se comen a los otros monos vivos, dejándoles sin un brazo o un trozo de carne del cuerpo”.  Hay un macho alfa, como en casi todas las especies animales, que domina la manada. El guía lo bautiza con el nombre de Mubutu. “Es un dictador, como él”, dice en referencia al ex presidente del Zaire.

Tras nosotros viene un ranger armado con un fusil. El tipo es abierto, con ganas de charla. Posa para la foto con orgullo, el mismo que desprende cuando habla de su Uganda: “He trabajado como guía en muchos parques nacionales de aquí. Todos son especiales”, explica. Comenzamos la retirada, tras más de tres horas de caminata, entre rugidos atronadores de selva. Los chimpancés gritan para avisar del peligro de tropezar con elefantes o de otro grupo hostil de hermanos primates. No son tan distintos a nosotros nuestros antepasados: se agrupan, forman núcleos familiares y protegen su comida, crías y territorio. Esto lo hacen la mayoría de animales salvajes también, pero los otros no tienen una cara que se parezca tanto a la nuestra. En algunos momentos daban ganas de darles a ellos la cámara y que nos hicieran las fotos a nosotros. Una experiencia única que en unos días repetiremos con los imponentes gorilas de montaña. Dicen las “leyendas rurales” que si se ponen agresivos hay que agacharse y comer hojas del suelo. Nosotros, por si acaso, llevamos dos días ensayando con la ensalada. Al primer ruido extraño, nos metemos una palmera en la boca y a rezar.

www.gorillatours.com

www.uwa.org

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Comentarios (6)

  • ana

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    No vale meterse lonchas de jamón en lugar de hojas??
    Qué experiencia!

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  • Juancho

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    Yo tambiénnnn quierooooooooo!!!!
    Fabuloso

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  • elena artigas sanchez

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    que guapos son los chimpances nos da envidia ,¡que viaje tan maravilloso! FELICIDADES POR EL REPORTAJE.

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  • GONZALO

    |

    Me han gustado mucho las fotos de los chimpancés. Son de verdad?????. Yo también quiero ir……

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  • belen

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    Madre mía! Qué pasada de animales, ¡vaya dentadura!, pues si con éstos teneis que hacer que comeis del hojas del suelo cuando se sienten amenazados, qué tendréis que hacer cuando veais a los gorilas de espalda plateada. Tengo ganas de saberlo. Os felicito por los reports. Sencillamente geniales.

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  • gloria

    |

    precioso, que maravilla¡¡¡

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