Manu Leguineche: la triple D

По: Antonio Puente

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Era un Graham Greene de Chamberí que hubiese preferido que los periódicos se editaran para siempre en papel de estraza. “No soy más que un reportero y sólo los editorialistas creen en Dios”, solía repetir esa frase del autor deEl americano impasible”, para desmitificar el engranaje de los medios -y, прохождение, el empavonamiento de muchos colegas-, en favor de su amado periodismo de calle (valga la redundancia). Только, для него, la calle y la rabiosa actualidad eran muy hondas y muy largas.

Merecía la pena darse un garbeo a observar in situ los tiros planetarios

Si su paisano Miguel de Unamuno, igualmente castellano de adopción, acuñó la noción deintrahistoria”, Manu Leguineche optó por convertirse en unintrahistoriador”. Ese ha sido su oficio, como reportero y cronista, oscilando entre el autoexilio y elme-duele-el mundo”. Escéptico, melancólico y afable, parecería que, desde muy joven, hubiese reflexionado sobre el tiro que, соответственно, se pegaron Hemingway y Larra -con cuyas prosas y talantes tenía puntos de contacto- y se hubiese aconsejado a si mismo que, antes que imitarlos, merecía la pena darse un garbeo a observar in situ los tiros planetarios. Aunque algunos pudieran tomarlo por un travestido de Oriana Fallaci, o por un Miguel de la Quadra grueso y con boina, fíjense si no hay unamunismo en sus apreciaciones: “Me duele que lo trascendente sea cada vez más efímero, pero me consuela saber que, в то же время, lo efímero es cada vez más efímero”.

Y prosiguió, en aquella nublada mañana de enero de 1989, observo que hace ahora un cuarto de siglo exacto: “¿Que qué es el periodismo? Muy sencillo: la denuncia de cualquier forma de abuso de poder. Por eso tiene que ser necesariamente reflexivo, porque la actualidad responde siempre a un contexto: no es coyuntura sino vigencia. Y esa concepción del periodismo es la que se está perdiendo”.

Да, es la aldea global, pero no es más que una aldea

Lo entrevisté en su despacho de la Agencia Lid, en un edificio señorial de la madrileña calle Zurbano, y mitigó de este modo sus peripecias épicas por el mundo: “Да, es la aldea global, pero no es más que una aldea”. Uno acudía con el nerviosismo del neófito que se encuentra por primera vez ante un gigante de la profesión. Для, todavía en su cuarentena, Leguineche era ya un prestigios miembro deLa tribu”, como se titula uno de sus libros emblemáticos, con múltiples premios y reconocimientos en su haber, que no sólo venía de vuelta, sino de darle varias veces la vuelta al mundo. Однако, no hizo falta, siquiera, romper el hielo para que apareciera Manu. Casi un oso de peluche de dimensiones humanas, bondadoso y empático como él solo, además de completamente descreído, que trasmitía un culturón en vivo, presencial, orgánico, de esos que alimentan, en cualquier área o tema que tocara. Si bien había en su mirada esa pátina acuosa, falsamente esquiva, de quienes combinan el afecto franco con el rubor y el escepticismo.

Cuando llevábamos casi una hora de conversación, caí en la cuenta de que, на самом деле, era él quien le estaba entrevistando a uno, ávido por conocer al detalle qué opinaban las nuevas generaciones del periodismo y de la vida. Él mismo se consideraba ya entonces una especie en vías de extinción. La de los periodistas de guerra que dictaban sus crónicas por teléfono, cerca de las barricadas, y encima, con la capacidad de reflexión contextualizadora -intrahistórica, мы говорили- de Manu Leguineche. “Nos habituamos a hacer un roto con un descosido. Teníamos que ser igual detodo-terreno” что “todo-terrenoen que nos movíamos, и, прежде всего, la vida era inseparable de la profesión, en aquel periodismo ambulante. Сегодня, todo eso ha sido desplazado por el corresponsal específico, que sirve noticias mucho más enlatadas. No me parece mal, pero me quedo con lo otro”, manifestaba. Se sentía ya un miembro deLa tribu”, просто, que aludía a los periodistas de guerra, pero también, внизу, a los periodistas de raza, в целом. Estos se caracterizaban por lo que Leguineche denominaba ahí la triple “D”: Divorciados, Deprimidos y Dipsómanos

Leguineche denominaba ahí la triple “D”: Divorciados, Deprimidos y Dipsómanos

Me sorprendió ver una cocinilla de gas, junto a una selva de recortes de periódicos subrayados, en aquel despacho noble del director de una Agencia de Noticias. Comprendía que era, на самом деле, un cuartel de campaña para aquel aldeano global con residencia en ninguna parte. Así fue siempre -pero el viajero que huye”, dice el tango- hasta que la enfermedad lo postró en una silla de ruedas y se refugió en una aldea real de La Alcarria. Sonreía abierto y ladeado, a un tiempo, hiperafectivo, bonachón, pero tímido, escéptico, existencialmente escaldado. И в том, что, ya entonces, él mismo padecía la triple “D” de su diagnóstico. No sé si exactamente deprimido, pero sí con un considerable hastío, como si se sintiera desplazado mientras no volvía a desplazarse (“Una épica de la melancolía”, era el título de aquel perfil-entrevista).

También dipsómano, aunque más bien de vino tabernario, acompañando a su adicción al mus (“Ya los jóvenes periodistas no soplan como soplábamos nosotros”, сказал). И, отчасти, también divorciado, pues aunque nunca se casó, había sido pareja durante años de la periodista Rosa María Mateo, y es célebre la anécdota cuando, muchos años después de la ruptura, ésta le entrevistó en un programa de televisión, y le preguntó por su vida de periodista aventurero, en qué momento se produjo la experiencia más excitante, Leguineche respondió, en directo ante la cámara: “Cuando te conocí”…

Señorita, no le importa y me da la extremaunción

Он, конечно, un sentido del humor lapidario. Cuentan que, subido a un avión que parecía a punto de estrellarse, mientras todo el pasaje gritaba, se volvió impasible y sonriente a la azafata y le dijo: “Señorita, no le importa y me da la extremaunción”. Но, прежде всего, tenía una inusitada capacidad de conversación, al tiempo culta y amena, tanto más infrecuente cuanto venía acompañada de una afectividad y generosidad que ni pedía ni esperaba nada a cambio. Pese a ser hipercrítico con las instituciones y con el envilecimiento del éxito (“en este oficio hay demasiada gente que adora al becerro de oro”, указанный), tenía una disposición proverbial para llevarse mejor que bien con los periodistas más dispares, al punto de cultivar la amistad de gentes del gremio que entre sí se tienen la guerra declarada. Acaso, ese fue su mejor aprendizaje como reportero entre las barricadas.

Artículo publicado en La Provincia de Canarias

 

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Комментарии (2)

  • Daniel Landa

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    Un retrato sensacional de una persona sensacional. Afable y cercano Manu. La humildad acompaña el camino de los más grandes.

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  • Лидия

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    Un artículo estupendo. Me gusta mucho la definición de periodismo de Leguineche.

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