Talkeetna, el pueblo que inspiró “Doctor en Alaska”

Habíamos sobrevolado el monte McKinkey y aterrizamos con esa expresión brillante, reservada a los momento memorables. Estábamos en la localidad de Talkeetna, recién estrenado enero, pensando en la magia del Denali, el parque que cobija a los picos más escarpados de Estados Unidos. Un lugar inaccesible y frío, cuajado de abismos de hielo. Pronto descubriríamos el contraste entre la naturaleza y los hombres que la habitan.

En el Motel Latitude 62, Хосе Луис, Alfonso y yo deshicimos las maletas como quien acaba de llegar a casa, tal era la familiaridad con que nos trataron desde el principio. Gran parte de la actividad de Talkeetna tenía lugar en el bar del motel. Cada tarde aparecían por allí los vecinos del pueblo. Lo hacían en sus motos de nieve, buscando tal vez el calor de una conversación de chimenea.

Llegaban almas errantes anhelando un refugio a sus tempestades

Llegaba el camarero del restaurante de al lado, un jubilado, la chica de la tienda de artesanías, el cazador más certero del lugar, llegaban almas errantes anhelando un refugio a sus tempestades. Alaska está llena de solitarios que encuentran compañía alrededor de una cerveza.

La encargada del hostal llamaba a cada uno por su nombre y nadie tenía ni siquiera que pedir la bebida, pues ella sabía de sobra que querían beber y hasta el número de botellines que cada cual necesitaba. A nosotros no tardaron en llamarnos también por nuestros nombres. Todos sabían de la llegada de dos españoles y un argentino a aquel recóndito pueblecito. No era temporada de turistas. Nos hay montañeros que se atrevan con el McKinley en pleno invierno y hasta la primavera no llegarían los pescadores de salmón. Respondíamos a sus preguntas y nos invitaban a otra ronda de Alaskan Amber, la cerveza local. “¿Cómo que venís de España en coche?” “¿Y adónde decís que vais?” “Pon otra cerveza a estos chicos.”

“Con las chicas, aquí sólo hay una norma, debes esperar tu turno”

Yo paseaba las tardes por las callecitas nevadas, me asomaba al hotelito más antiguo de Alaska, el Fairview Inn, o veía los atardeceres precipitándose a la hora de la siesta. Entonces me reunía con mis compañeros de viaje que nunca estaban solos. La responsable del hotel nos hablaba sin complejos de cada uno de sus clientes. La mayoría eran de fuera y huían del pasado, hartos del frenesí de las ciudades. Otros se escapaban de los amores imposibles, buscando tal vez consuelo en las auroras boreales o en las tormentas de nieve. Supe que el dueño del restaurante estaba enamorado de la camarera del motel, que a su vez miraba con buenos ojos a un apuesto cazador que miraba a todas con gran generosidad. “Con las chicas, aquí sólo hay una norma, debes esperar tu turno”, dijo riendo la dueña del Latitud 62.

Una tarde nos hablaron de Jerry Souza, el más peculiar de los vecinos del pueblo. Cada año se preparaba durante días para disputar la carrera de trineos con perros más importante del mundo. Iditarod es una prueba en trineo de más de 1.000 kilómetros entre la ciudad de Anchorage y Nome. Nos advirtieron de que habla más con sus perros que con los hombres y fuimos a visitarle. Lo encontramos calzando las cuatro patas de doce de sus perros. Accedió con un gesto sin rastro de entusiasmo en llevarnos a dar una vuelta con su trineo.

Los huskies corrían sin descanso entre las ramas de los árboles nevados. Era un tobogán de invierno, la forma más alegre de viajar en Alaska.

Me senté en el asiento del trineo para grabar aquel paseo. Los huskies corrían sin descanso entre las ramas de los árboles nevados. Era un tobogán de invierno, la forma más alegre de viajar en Alaska. Cuando terminamos la excursión, Jerry se dirigió a sus perros y a su señal arrancaron con vehemencia a ninguna parte. Nos nos dijo adiós.

Otra mañana, una pareja de montañeros nos propuso probar suerte sobre un mástil de hielo. Yo me animé a practicar la modalidad de escalada más difícil del mundo y como era obvio fracasé a los pocos metros. Tardé varios minutos en ascender menos de la mitad del mástil pero me llevé unas cuantas agujetas para un par de días.

Cada noche encontrábamos razones nuevas para quedarnos un día más.

Así pasaba el tiempo en Talkeetna, sin acabar de irnos, pues cada noche encontrábamos razones nuevas para quedarnos un día más. A mí me invitaron a jugar al ping pong y a José Luis a tocar el piano. Talkeetna es un lugar para andar en zapatillas de estar en casa. Es un paréntesis en cualquier viaje, una anestesia a los kilómetros de ruta. Era un lugar conocido mucho antes de llegar. Talkeetna fue el pueblo que inspiró la serie “Doctor en Alaska” y me pareció que la atmósfera de aquel lugar era tan entrañable como la del programa de televisión, aunque aquí los hombres se afeitan menos. La magia de Talkeetna reside en la quietud del invierno, porque en esta época la gente tiende a acodarse en las barras de bar, a encender fuegos y ahuyentar nostalgias. Éste es uno de esos lugares donde uno se plantea retirarse algún día, lejos de ruido de carreteras. Tal vez cuando me canse de correr, volveré a Talkeetna al calor del invierno.

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Комментарии (4)

  • Жак

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    Мне понравилось !!. Estuve con unos amigos rodando en moto por Alaska y Canada y por supuesto, Talkeetna fue una parada obligatoria. Hiciemos el viaje en avioneta por encima del McKinley y aterrizamos en el glaciar. El pueblo en verano es perfectamente reconocible con vuestras imágenes. Tuvimos un problema físico de la mujer de unos amigos y se desvivían en ayudarnos (al final todo se solucionó sin problemas). De verdad que los recuerdos de ese viaje y Alaska en particular son maravillosos. Конечно, también tuvimos un encuentro con una osa y dos oseznos que pasaron por la carretera a 10 metros de nosotros y nuestras motos. No se si hay algún aparato para medir el miedo … Lol.
    Genial vuestro trabajo !!!

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  • Daniel Landa

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    Спасибо, Жак!!! Pues nosotros los osos nos los perdimos. Creo que estaban durmiendo!!! Me alegra que el vídeo te devuelva un poco a Alaska!

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  • Абелардо

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    Hace unas semanas tuve le honor de conocer a tu amigo José Luis personalmente. A ti aún no te conozco, pero la serie “Мир на части” Я люблю, así como tu narración. Seguro que eres un gran tipo, sigue así, amigo desconocido. También me ha fascinado este relato. Saludos desde Hinojos de otro aventurero.

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  • Daniel Landa

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    Muchas gracias Abelardo. Seguro que habrá un cruce de caminos donde encontrarnos. Объятие!

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