Una biopsia en Mozambique

Los Consultorios Médicos de Maputo están en un viejo edificio de la época colonial en la avenida 24 Juli. Hay una valla desconchada, una puerta de metal vetusta y unas escaleras torcidas debajo de un techo. Todo está desgastado y limpio allí. El brillo del agua al fregar el parqué deja ver aún mejor el trabajo que el tiempo y las termitas han realizado. Mientras espero observo a una mujer que barre y retira el felpudo de la puerta y al hacerlo destapa que está partido en dos.

Los muros son robustos, como se construía antaño, y las puertas tienen agarraderas de metal dorado. Hay poca luz y un silencio casi imperdonable entre sus estrechos pasillos. Las enfermeras, casi todas ya mayores, se mueven con parsimonia llevando los sobres con los historiales médicos. Todo es en papel, alle, hasta los pulmones de los pacientes.

Todo es en papel, alle, hasta los pulmones de los pacientes

En la recepción hay una enfermera que maneja despacio un cuaderno, uno de esos diarios de visitas, en el que anota todas las citas. No le queda hueco y anota nombres y números de teléfono entre pequeños espacios, escribiendo en oblicuo y con letra cada vez más pequeña. Su cuaderno es ilegible. Dos semanas antes me presenté a la consulta y a ella se le había olvidado decirme que ese día no venía el doctor. Desde entonces hemos hecho una cierta amistad que se fraguó con una sonrisa. “Supongo que a mañana llegaré vivo”, le dije para zanjar su confusión.

Esta mañana he venido hasta aquí a quitarme un incómodo bulto que parece inofensivo y que apareció hace unas semanas. Un médico amigo de Francesca me dijo que el doctor Rui Bastos es un gran dermatólogo y yo he preferido venir a tratarme aquí que a alguna de las carísimas clínicas privadas de Maputo. En los Consultorios Médicos de Maputo pago 500 meticais (12 euros) por consulta y 5000 (120 euros) por quitarme el quiste y hacerme la biopsia en un laboratorio. En una ocasión sólo por una análisis de sangre de la malaria en la clínica Sommershield pagué 1200 meticais, precies 1150 más que el que me realicé dos días antes en un hospital público de Alto Molocue, het noorden. Supongo que por una cirugía la cifra debe ser excesivamente alta y mis cuentas han sufrido algo en las últimas semanas.

Supongo que un aprensivo hubiera empezado a sufrir algo con la escena

Entro en la consulta. El simpático doctor, descendiente de portugueses, me pide que me tumbe en la camilla. Es la tercera vez que nos vemos. Ik doe, achterwaarts, mientras bajan algo el aire acondicionado. Entra una enfermera mayor, mozambiqueña, que hasta ahora ha sido siempre parca en palabras. El doctor le va haciendo indicaciones. "Geen, es mejor la otra”. “Hay que quitarle primero todos los pelillos que tiene”. “Mejor usa la maquinilla Gillette”. “No queda… Sí, ja, está aquí”. “Hay que desinfectar antes”. “Primero anestesiaremos”. La sensación es que le veterana mujer está algo perdida. Supongo que un aprensivo hubiera empezado a sufrir algo con la escena.

Pero entonces el doctor le pide una aguja más corta:

-“Está es muy grande”

-Es la que hay doctor

-In, tiene que haber de las otras

(Escucho que deben buscar en una caja por los ruidos)

-In, esta es igual de larga, incluso mayor enfermera.

-Doctor no nos han mandado nuevas del hospital. Las hemos pedido hace tiempo pero no llegan.

-Hay que pedirlas de nuevo.

-Claro como otras cosas que no tenemos y hemos pedido también.

Ahí ya supongo que un aprensivo se hubiera marchado o a la clínica en la que tienen de todo o a quitarse el bulto en su país. Yo no soy aprensivo, una suerte si se vive aquí y no se tiene un seguro médico. Además tenía plena confianza en el doctor y algunas experiencias ya vividas en estos cerca de cinco años para saber que no corría ningún riesgo. Recuerdo en una clínica de Marsabit, una aldea perdida del norte de Kenia, que me curaron una infección en la boca con medicamentos que parecían caducados en una barraca sin luz ni aire.

Comienza la pequeña cirugía. Primero me anestesian la espalda y luego me indican que van a extirparme el bulto. Tras unos minutos el alegre doctor dice “ya hemos quitado el filete” a lo que yo le respondo “a esta hora me lo comía con champiñones”. Entonces aquella enfermera con sonrisa de ángel nos cuenta, mientras el doctor sigue con las curas en las que ella ayuda, que “en los años del hambre, 1982 een 1984, durante la Guerra Civil, se vendía carne humana en los mercados. Desapareció un albino, lo trocearon y lo vendieron como carne a la gente. Entonces no había carne y sí mucha hambre. Luego la gente que compró aquello ilusionada vio el estado de la carne y supo que los habían engañado”, contaba ella con absoluta naturalidad entre risas.

Desapareció un albino, lo trocearon y lo vendieron como carne a la gente

El doctor entonces le pregunta a su ayudante: “¿La señora no sabe que los albinos son muy perseguidos en algunos países? Aquí en Mozambique no, pero en Tanzania los matan porque creen que traen calamidades”. “No sabía nada”, antwoordt ze. “Sí es algo muy común. También en Malaui hay superstición con los albinos, pero es Tanzania donde más los matan. Hice un reportaje sobre aquello y lo peor es cuando les quitan algún miembro para usarlo en hechicería”, intervine yo tumbado aún boca abajo mientras comenzaban a darme los puntos.

Y entonces el doctor volvió a comentar alguna cosa y ella volvió a repetir que no sabía nada de eso, pero que su abuelo era regulo (jefe tribal) y que ella hablaba sangana. Porque justo antes, no sé bien cómo, comenzamos a hablar de la procedencia del doctor que era un mozambiqueño hijo de portugueses que había nacido en el norte del país. Y ella le preguntó si hablaba macua y yo les dije si sus lenguas locales eran parecidas y todo aquel simpático sainete africano iba pasando, mientras me practicaban una biopsia en aquel extraño edificio en el que se curan cuerpos y almas.

Todo aquel simpático sainete africano iba pasando

Y tampoco sé bien la razón de ello pero comencé a sentir algo que hace un tiempo que no sentía. Llevo más de cuatro años y medio viviendo y viajando en África y había olvidado el privilegio que es en ocasiones  vivir en este complicado lugar. Allí tumbado, en medio de una pequeña operación en la que faltaban algunas cosas y sobraban otras se hablaba de hechicería y canibalismo mientras terminaban de cerrarme una herida. Y yo sonreí por un instante y me llevé esa sonrisa a casa porque en todo esto está la respuesta, en el convivir con cosas que me sorprenden, en verte una mañana tumbado en una camilla hablando de albinos, hambre y brujos mientras te realizan una biopsia. Entiendan el simbolismo de todo, de sentirse más vivo que nunca en medio de aquella operación.

PD. No se preocupe nadie que el doctor cree que no hacía falta quitar el bulto con urgencia, que se trata de alguna grasa, pero hasta mi inminente mudanza a otro país no tenía nada mejor que hacer que irme a ver a aquellas alegres enfermeras. Si creyera que es algo grave este post no estaría escrito.

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Reacties (1)

  • Sara

    |

    Qué simpática y certera crónica! Is 100% imaginable, desde la enfermera hasta el local cochambroso en la 24 setembro. Estuve en verano en Maputo con amigos de Mozambique que viven allí y coincido en lo del simbolismo del momento y la oportunidad que supone vivir en África. Tb soy periodista, in Spanje. Donde os mudáis? queda libre algún puesto de redactor? obrigada.

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