300 días en La Habana

Po: Diego Cobo (tekst i fotografije)
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Hay una especie de síndrome que ataca siempre al viajero que pone los pies en Kuba y que éste no entenderá hasta pasado un tiempo. Se trata de un virus que, una vez inoculado en nuestro interior, solo podrá crecer de tamaño hasta devorarnos. Demasiada gente lo sufre. Ja također, y de manera irreparable. Y se llama nostalgia. Los cubanos los saben muy bien, porque esa nostalgia ha esculpido el espíritu de las dos millones de personas que viven fuera del país. Por esa razón tiene una definición a medida, que es “gorrión”. Yo no soy cubano, sino extranjero, pero no me es ajena esa sensación al abandonar la isla.

Ha sido casi un año el que he pasado en Cuba. Comenzó con buenas maneras y una inusual ola de frío. Y finalizó con un aplauso al azar, que me puso en cuestión de poco tiempo en Havana: un genial ejercicio de agitación de prejuicios. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez por la situación de la isla?
La Habana es una ciudad desconchada en cada rincón; las fachadas anuncian el paso del tiempo en el que apenas ha existido preocupación por la apariencia exterior de las viviendas. Pero Cuba es mucho más que esa aparente ruina. No quiero caer en los tópicos, como tampoco quiero aludir a los habituales frentes de defensa del sistema político de un país (sanidad y educación), entre otras cosas porque en nuestro país también disfrutamos de esos derechos.

No me cansaré de repetir que esta isla es un lugar hechizado

No me cansaré de repetir que esta isla es un lugar hechizado. Vedro, es probable que al turista haya quien trate de sisarle los pesos de más que lleva en la cartera a través de ingeniosas tretas. Pero cuando te haces amigo de un cubano, éste te dará más de lo que tiene. Hay en su espíritu un filón solidario que el visitante de los lugares turísticos es probable que no llegue a apreciar.
La frase más repetida en Cuba quizá sea: “Esto no es fácil”. Uno piensa que la Revolución, aquel sueño que vino soplando de Santa Clara y entró en la capital del país el primero de enero de 1959, fue una utopía ya deshilachada.

Creo que para los habitantes tiene mucho de eso, especialmente para los más jóvenes, quienes ya nacieron y crecieron con cierto bienestar, al menos inmaterial. Pero las influencias turísticas, los familiares en el exterior y, na kraju, los aires de ultramar, también traen el anhelo cada vez más frecuente de tecnología, de moda, de viajes al extranjero. De abundancia.

Cuando te haces amigo de un cubano, te dará más de lo que tiene

“Y ahora se inventan los lineamientos”. Fraza, de un pasajero de un taxi con el que compartía carrera, suena a desidia, a la enésima capa de barniz. Huele a agotamiento. Los lineamientos son las medidas propuestas en 2011 por el Partido Comunista y cuyo corazón es la economía. Y es verdad que esa protesta, una voz en el desierto, es muy común.

Es fácil defender un sistema político sin vivir bajo su tutela. En el caso de Cuba es muy frecuente defenderlo, sobre todo si lo observamos como si fuera una pieza de museo. Hay que escuchar las voces discordantes, que en Cuba, istina, son muchísimas. Sada, ¿qué pasaría si entrara a chorros, tras una caída abrupta, una democracia a la europea, con su libertad de capitales y todas aquellas consecuencias al servicio del dinero? ¿Se convertirían las joyas arquitectónicas de La Habana en tiendas de moda, como ese insulto a la cultura que es la Gran Vía de Madrid?

¿Se convertirían las joyas arquitectónicas de La Habana en tiendas de moda, como ese insulto a la cultura que es la Gran Vía de Madrid?

Yo no tengo ni idea, pero sí sé que, tras la caída del bloque soviético, los sociólogos acuñaron el término “homo sovieticus” para definir cierto espíritu tallado bajo un sistema político particular, incompatible con las exigencias de otro sistema enfocado en el beneficio por doquier.

Más allá de esas quejas omnipresentes, que en Cuba abundan casi tanto como en nuestra malherida patria, la mayor de las Antillas también es un genial expendedor de enseñanzas. La solidaridad es una de ellas; también su emprendimiento. No me refiero a las ingeniosidades varias para sobrevivir, također, sino a su reciente impulso a los trabajadores por cuenta propia. Nuestro país, ante una pésima situación económica, no tiene el mismo impulso creador. La Habana está plagada de pequeñas cafeterías, pizzerías y diferentes tiendas que sacan de las personas muchas de las cosas que saben hacer. A veces con dificultades por el laberinto burocrático, pero con fuerza. Ya podríamos aprender.

Cuba es un genial expendedor de enseñanzas. La solidaridad es una de ellas; también su emprendimiento

Zapravo, un pueblo generalmente está por encima del estado que los agrupa: el poder está en el pueblo. Y esa realidad acaba manifestándose siempre. Cuba colecciona contradicciones, pero miles de turistas acuden a esta isla en forma de caimán aun siendo muy contrarios a un Gobierno demasiado particular. Por algo será.

Antes del triunfo de la Revolución, especialmente en la década de los años cincuenta, La Habana fue un sueño dorado. Desde principios de siglo, cuando Estados Unidos movió muchos hilos del poder, es cierto que la cáscara de la ciudad nos deja anonadados. Hay que ver el impresionante perfil costero, su sistema de túneles y de conductos de aguas negras, pionero en todo el mundo. Hay que ver, također, la rutilancia de los edificios de los años cincuenta, muchos de ellos levantados con capital norteamericano. Y también hay que saber que una buena parte de la población vivía al margen del esplendor del turismo y del juego mientras John F. Kenedi disfrutaba de placeres caribeños en el Hotel Nacional y Frank Sinatra amenizaba los encuentros de la Mafia. Habría que haber estado allí, Kažem, para comprender a los viejos revolucionarios.

Antes de la Revolución, una buena parte de la población vivía al margen del esplendor del turismo y del juego

Yo amo esa isla, como cantaba Pablo Milanes. Y entiendo muchas posiciones, incluidas las de los defensores, aunque el pasado 26 Srpanj, día revolucionario, me pregunté cómo en Santiago de Cuba existía tanto discurso a favor de lo que Cuba es hoy. Ne znam, José Mujica, un tipo que legaliza la marihuana y apoya la despenalización del aborto en Uruguay a pesar de su posición personal (en contra), articula un discurso tan ardorosamente defensivo… Hay que entender ese arraigo de una generación que sufrió las crueles dictaduras apoyadas por EE UU en esta región y lo que sucedió en Cuba, un faro que iluminó a toda América Latina. No es extraño, tada, que uno apoye a Cuba como rechazo a Estados Unidos y sus fechorías, las mismas que siguen cometiendo ahora en nombre del mercado.

Mi recuerdo de Cuba también tiene más que ver con el corazón que con cualquier ejercicio racional

Mi recuerdo de Cuba también tiene más que ver con el corazón que con cualquier ejercicio racional. Y creo que esa sensación es casi universal.
La mejor metáfora del espíritu de este país de once millones de almas se produjo recientemente, con el repentino fallecimiento de Juan Formell, el líder de la orquesta Van Van, uno de los grupos con mayor reconocimiento dentro y fuera de Cuba. El velatorio se celebró en el Teatro Nacional, donde cerca de las cenizas de Formell había unos instrumentos a disposición de quien quisiera. Ovdje, Pedrito Calvo, ex cantante del grupo, junto a otros geniales músicos de la isla, comenzaron a interpretarSandunguera (Por encima del nivel)”, canción compuesta por el difunto. Las personas estaban desfilando delante de los restos de Formell cuando los músicos comenzaron a mover el esqueleto mientras cantaban: “Sandunguera, se te va por encima la cintura/no te muevas más así/ que te vas por encima del nivel./ Y dicen que/ a esa muchacha no hay quien le ponga el freno…”.

  • Udio

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