Violaciones, villancicos, feminismo y ayudas

Da: Maria Ferreira (testo e foto)
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1.- Hace dos días una trabajadora del hospital miró su móvil, pegó un alarido y salió corriendo ante el desconcierto de todos. Más tarde supimos que habían violado a su hija de seis años y que alguien le había enviado un video del suceso. Los hombres escaparon y como la mujer no tiene suficiente dinero la cosa quedará en nada. El mismo día, un estudiante de 25 años fue condenado a dos años de cárcel por publicar comentarios insultando a Uhuru (el presidente de Kenya) en su perfil de Facebook. Pero “hakuna matata”, ¿Eh?

2.- El pasado fin de semana fui a tirar la basura, a la vuelta me entretuve comprando fruta y pude ver como un grupo de gente se abalanzó sobre las bolsas para abrirlas y revisar si había algo que pudieran utilizar. Me acordé de que había tirado pescado en mal estado, así que fui a decirles que no se lo comieran, que enfermarían, pero salieron corriendo con las bolsas antes de que pudiera llegar.

Habían violado a su hija de seis años y alguien le había enviado un vídeo del suceso

3.- Tuve regalos de Navidad y Rose, la chica que limpia la casa, me pidió que si podía quedarse con los envoltorios porque eran preciosos. No supe qué contestarle, simplemente afirmé con la cabeza. Entonces Rose empezó primero a alisarlos con muchísimo mimo y luego los dobló en cuadrados perfectos. Cuando terminó me dio las gracias.

4.- Nicholas, el chico de Kibera que trabaja conmigo, pasó toda la Nochebuena mirando al cielo, para ver si veía la estrella.
–¿Qué estrella?– le pregunté cuando me lo contó.
–La estrella que nos envían para avisar del nacimiento de Jesús– contestó.
–¿Y la viste?
–No, estaba nublado, pero nunca la he visto, creo que siempre miro en la dirección equivocada.

Nicholas pasó toda la Nochebuena mirando al cielo, para ver si veía la estrella

5.- Vivo, como sabéis, en un hospital misionero ortodoxo. Mis compañeros son egipcios coptos y sus hijos me pidieron que fuera a verles cantar villancicos en Nochevieja. Pasé por ahí antes de irme a cenar con amigos, pero llegué pronto. Encontré a un grupo de niños kenianos cantando y representando pequeñas obras de teatro que habían estado ensayando durante el último mes. Todos ellos lo hacían genial. El público estaba formado por algunas de las madres de esos críos y un padre. No había nadie perteneciente a la misión del hospital. A 8:30 entró el obispo copto, así que los niños kenianos pararon de cantar y se sentaron junto a sus madres. Entonces los niños egipcios tomaron su lugar ante la mirada de todos los miembros de la misión. Cantaron tres villancicos que habían ensayado el día anterior, sin ninguna gracia. Ma, la iglesia estaba totalmente llena, todo el mundo les grababa con sus móviles, todo el mundo les aplaudió muy fuerte. Yo me preguntaba cómo carajo esa gente podía tener tan poca sensibilidad.
–¿Por qué no juntáis a los niños egipcios con los kenianos?- Chiesto.
–Porque los kenianos vienen de Kibera y no queremos exponer a nuestros hijos a ese ambiente, imagínate que un día encuentran a los niños esnifando pegamento– me explicó una de las madres egipcias.

Yo no cocino, cocina mi sirvienta, ¿soy feminista?”, preguntó una de las mujeres de la misión

6.- Los viernes por la tarde las mujeres se reúnen para leer la Biblia y hablar sobre su semana. Personalmente me llevo muy bien con todas ellas, pero no voy a las reuniones porque no comparto ni creencias ni ideologías. El caso es que para celebrar la Navidad decidieron hacer un amigo invisible y me pareció una buena idea participar. Compré el librito de Chimamanda Ngozi Adichie titulado “Todos deberíamos ser feministas”, lo envolví con cuidado y fui a la reunión. La mujer a la que le tocó mi regalo dijo: Las feministas son esas que enseñan el pecho, ¿No? Otra contestó: Y no cocinan. Poi, una de ellas dijo: Yo no cocino, cocina mi sirvienta (aclaro que la palabra utilizada fue ésa, sirvienta) ¿soy feminista?

Parece que podríamos ayudar más dejando de ayudar

7.- Las mujeres de la misión decidieron preparar unas bolsas con un kilo de arroz y un kilo de harina en cada una, para dársela a los trabajadores kenianos que vinieran a la iglesia el domingo pasado. Yo propuse que en vez de gastar el dinero en algo que va a durar un mes, podríamos invertirlo en la educación de los niños o en negocios familiares. Se negaron porque en algo así no pueden involucrarse físicamente, se referían a que no tendrían la oportunidad de pasarse dos días metiendo harina y arroz en bolsas, y por ende no tendrían la oportunidad de sentirse buenas personas. La felicidad de esas mujeres aquel domingo dando bolsitas de comida era inversamente proporcional a la utilidad del acto en sí. Y es que en esta misión, y en otras tantas, parece que lo importante es la satisfacción de sus miembros y no el tener una repercusión real y beneficiosa sobre el terreno. Perché (y esto merece otro artículo) parece que podríamos ayudar más dejando de ayudar.

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Commenti (2)

  • Javier Brandoli

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    Le vostre storie, come sempre, enseñan esa parte de la vida oculta para el que no sea habitante. La tuya, tu vida, tiene además la cualidad de bajar a las entrañas de lo humano y lo no humano. È, como contadora de historias, tienes la virtud de simplificarlas y narrarlas de forma tan sencilla que transportas al lector al lugar donde se producen. Tu sensibilidad me parece siempre bastante razonable, lo que noes fácil porque juntas corazón y cabeza. Para esta cosa de ver y contar me pareces muy buena, un lujo que andes por aquí. Grazie.

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  • Rosa Estévez

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    Me encanta esa visión personal concisa y atenta de las cosas. Este tipo de cosas, que muestran las contradicciones propias y ajenas son las que nos ayudan a entender el mundo en el que vivimos y no los mensajes enlatados sin ningún tipo de arista, claroscuro, o matiz.

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