O Aserejé e tormenta de area

Por: Javier Brandoli (texto e fotos)
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África, ás veces, te desespera. Dá e quita as ganas. Todas as horas son ficción e compromisos están feitos con sorrisos que non sempre son cumpridas. Esas cousas viaxar, Afortunadamente, son xeralmente dispostos. ¿O no?

Me pasó en Lüderitz, una ciudad fantasma que hasta la década de los 50 fue una importante explotación de diamantes y que ahora ha quedado en el olvido (publicaremos un reportaje sobre este histórico lugar en VaP más adelante). Sigue habiendo piedras preciosas, pero el esplendor de antaño se cubre ahora con una inmensa capa de polvo que recorre la ciudad. Llegué allí con la necesidad de enviar algunos artículos, sabiendo que las conexiones en Namibia serán tan difíciles como encontrar un ser humano bajo una sombra. Desierto hasta el infinito, los paisajes se te clavan en los ojos.

Pregunteille, para obter, en el único Internet café que estaba abierto. Me dicen que está cerrado, aunque hay tres chicos usando las computadoras y al horario de cierre que anuncian en la puerta le quedan aún algunas horas. ¿Cuándo abrís? “Mañana a las nueve”, me dicen. Tes a certeza de? "Yes". Voy entonces a un hotel, el Bay View, donde hay ordenadores. La conexión es rápida, pero la dueña, una mujer alemana con arrugas hasta en el estómago y de mirada áspera (fea como un demonio) me dice que no puedo usar el pen drive, porque puedo meterle un virus. De nada sirvieron todas las súplicas que le hice. Ok, volveré mañana al prometido Internet café, que el resto del grupo tiene una excursión en barco que yo me salto.

La música del marinero gallego

Tras a cea, los spanish decidimos irnos de copas. Entramos en el Step In, una discoteca en la que nos cobraron en la entrada aunque no había un solo cliente. Si, la música no te dejaba ni encender el mechero. Caña de la fuerte hasta que le digo al Dj que somos españoles y que si tiene música española. Me dice que sí, con una gran sonrisa, sabedor de su éxito. “Tengo Reggeton”. Debió ver mi cara de desilusión, lo que corroboró cuando le dije: “Nos vale con Shakira”. Tenía un arsenal: desde los mejores éxitos de bailoteo sudamericano hasta el Aserejé, lo que nos enloqueció.

Para los namibios somos el apartheid”, me explica. “Si no los controlamos se bajan del barco, se emborrachan y no salen a la mar

¿Cómo ha llegado aquí el Aserejé? Lo supe minutos después, cuando el resto del grupo decidió retirarse al hotel y me quedé solo, tomando otra copa. Conocí entonces a un marinero gallego que llevaba ocho años por Luderitz (en trayectos de ida y vuelta con España). “Toda la música española de este bar la he traído yo, es la de mi coche”, me explica. (No le pediré que me lleve a casa para no tener que soportarla de nuevo, pensamento). En la ciudad hay una pequeña colonia de pescadores de una famosa empresa española de pesca. “Para los namibios somos el apartheid”, me explica. “Si no los controlamos se bajan del barco, se emborrachan y no salen a la mar”. Me cuenta el tipo historias divertidas, de inmigrantes a la africana. “Aquí había un tipo cincuentón que se lío con esta negra y me decía: “Me mata, me mata”. Me lo decía mientras mirábamos bailar a la mujer y daba la sensación de que podía matar a Rocco Sigfredi.

Á mañá seguinte, algo entonado, me fui corriendo al Internet café. Estaba cerrado a las 10 am, una hora después de lo que me dijeron la tarde anterior. Voy a otro sitio que me indican: tamén pechou, también una hora y pico después de la hora que señalaban como apertura. Vuelvo al hotel de la alemana desdeñable. Entró, le pido que me deje usar Internet, que tengo una urgencia (estoy cerrando el viaje a Zambia). Me mira y me dice que “es sólo para clientes”. Le digo que le pago lo que haga falta. Me pregunta a qué me dedico. “Periodista”. Me mira fijamente y me dice tajante: "Non". Se da la vuelta y se va. En represalia, no la incluiré en mi Facebook. Na realidade, Quería afogar no vaso de peixes na súa recepción.

Perdido nunha base de porto

Non sei por que eu tiña todo o que, pero a primeira vez que eu sentín algo perdido. Eu fun á porta, onde todos os bares foron pechados e sentou-se con unha botella de auga nunha base, maldito. Vexo un home que chegou, lonxe, comigo sobre. "Ola, Como vai?". Eu respondo que "canso", queriéndole indicar que no me apetece que me dé la matraca. El tipo sonríe y me dice: "Eu podo axudar?". A partir de entón pasou case 40 minutos falando. Da súa vida, política, cartos, da miña viaxe ... Eu pedín nada. Antes de saír ofrezo snuff. Tome un charuto. "Vostede dispara?". "Eu mantelo despois", contesta mientras le veo irse con su sonrisa tristona y perenne. En pocos minutos pasé de detestar todo aquel entorno a quererlo, comprenderlo. ¿Cuántas veces me pasará lo mismo en los próximos meses?
A continuación,, pola tarde, dormimos en un albergue, el Schlucht Geister. Un atardecer lento, amplio, tras subir una montaña desde la que se contempla el desierto infinito. Sorprendente. Tras la cena llegó noche de ronquidos a coro, donde tuve menos protagonismo de lo esperado.

las dunas del Namib. Rojas, inmensas, hasta que una espectacular tormenta de arena nos las borró de la vista y nos dejó encerrados en el bar del cámping, mamándonos a ritmo de 0,80 céntimos de euro el vaso de vino

Por la mañana nos fuimos en busca de las dunas del Namib. Rojas, inmensas, hasta que una espectacular tormenta de arena nos las borró de la vista y nos dejó encerrados en el bar del cámping, mamándonos a ritmo de 0,80 céntimos de euro el vaso de vino. Decidimos poner las tiendas, a golpes de riñón, mientras el aire golpea violento. Á noite, cuando volvemos del bar, la tienda que he montado junto a un compañero se ha derrumbado. Decido irme a dormir al camión; outros, con tiendas más firmes (así dicir), prefirieron aguantar el mini huracán. No hay mucho tiempo, a las cinco de la mañana nos ponemos en pie para ir a la mítica duna 45 sin apenas dormir. Llegamos los primeros, y comenzamos una escalada en medio de la dura tormenta de arena. Algunos se rajan.

Empiezo la subida a lo Carl Lewis y termino a lo Javier Arques. Dura casi una hora la escalada de arena, entre pasos que parece que no avanzan. Desde la cresta se ve el amanecer, los colores brillantes del primer sol y una nube de arena que escala y nos golpea constantemente. La vista es tan espectacular que decido sacar mi cámara pequeña, sabiendo que me la juego. Como é, tras varias fotos el polvo se ha comido la máquina. Una gran putada, si no se arregla se acabaron las fotos fáciles, los videos, el no llevar el pesado equipo colgando de mi espalda. Escribo esto en el camión, mientras sueño ya con los paisajes de Costa Esqueletos, Etosha...

P. D. Vuelvo a corroborar lo que ya he escrito alguna vez: “Qué de pena que vengo a mis viajes”. Todo el mundo viene equipado hasta las trancas del Coronel Tapioca o Decathlon. Yo tengo una sudadera que poco hace a los cero grados del desierto; no llevaba linterna, mi saco es una sábana…

Ruta Kananga: www.kananga.com
Teléfono: 93 268 77 95
(Organizar viaxes de toda a África)

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Comentarios (3)

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    A ver cómo hago yo para meter el jamón ibérico, el kilo de langostinos, la navaja multiusos, un buen saco para ti, otro para mi, ropa de abrigo y todas las cremas que necesito en una maleta de 20 quilos…

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  • Javier

    |

    Empieza por el jamon

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  • La Bis

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    Que, que, que el loncheado de grasa alrededor del cuerpo hace de saco de dormir. Mira por donde, si yo fuera alli, lo mismo hacía de colchón para toda la excursión porque me estoy poniendo de nuevo tocinete (ahora si soy el doble del tio Lxxx). ¡Joder, que resentida la alemana!, si tan solo es deporte. No nos perdonan que Fernando Alonso jubilara a Schumacher. Nós, me imagino que será eso. Yo es que el futbol no lo sigo mucho aunque creo que se ha jugado un Mundial hace poco. Usted (disimula la familiaridad) estara mas informado aunque seguramente entre tanto viaje y aprendizaje del idioma no habra perdido tiempo con esas tontuciadas. Aínda así, la próxima vez no te quedes con las ganas que eso de mayor pasa factura: posibles ulceras o granitos en la piel. Si llega a ir otra que yo me se, se traga la pecera. Aunque ya lo dijo un sabio en su modestia: los arquitectos y los periodistas, lo peor.

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