Chiquitanía, el caso de la mujer sapo

FÜR: Alicia Sornosa (Text und Fotos)
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Mi paso por la capital boliviana, La Paz, ha sido todo un éxito para mi viaje. He podido contactar con diferentes medios de comunicación y realizar varias entrevistas, he revisado la moto en un concesionario oficial de BMW con la garantía que eso conlleva y lo más importante, he conocido a una gran mujer. Una mujer menuda, gemütlich, charlatana y viajera. Cooperante de WWF, licenciada en magisterio, profesora de Educación Ambiental. Mariana Machicao me abrió la puertas de su casa, que es un maravilloso lugar para viajeros, dándose el tiempo de sentarse conmigo en su mesa, invitándome a comer y como dicen por aquí, platicar.

Me contó sus viajes al centro de Bolivia, para hacer escuelas sobre reciclaje y sostenibilidad que tanta falta hacen en estas remotas aldeas del amazonas boliviano. Muchas de sus actuaciones han sido exitosas (por no decir todas) y me enseña orgullosa unas hojas del periódico nacional donde unos de sus antiguos alumnos hoy se han convertido en ciclistas por estas causas ambientales.

Me muestra la forma de vida a orillas del río blanco, donde los niños aprenden a nadar antes que a andar

Hablamos de la gestión de las pilas en estos pueblos alejados de la civilización, me enseña unas idílicas fotos de estos lugares. Me muestra la forma de vida a orillas del río blanco, donde los niños aprenden a nadar antes que a andar, donde lavar la ropa sobre maderas flotantes en su orilla es como para nosotras ir a la peluquería, ein Ort der Begegnung, charla y amistad. Mariana Machicao tiene mil historias para contar, pero la que más me atrae es una que nos cuenta sobre la mesa, a la hora de la merienda (para otros la del té).

Sucedió en la Chiquitanía, cerca de Misiones. Sie, Mariana, estaba charlando con las gentes de este pueblo para recopilar en un libro esas leyendas y cuentos típicos, transmitidos oralmente que por desgracia se están perdiendo. Era de noche y se sentó a hablar con dos hombres, EINSER, el profesor Don Juan Moreno, el otro Don Chano, un amigo del primero. Y entre leyenda y leyenda, Don Chano, antes callado escuchando, comienza a hablar. Os voy a contar, sagt, lo que me ocurrió a mi de verdad hace 40 años en mi chaco (terreno) de Misiones. Este chaco estaba alejado del pueblo y tardaba unas dos horas a caballo en llegar hasta él. Allí tenía una pequeña cabaña de palo de palma y barro, cuadrada, con una puerta doble que se abría a la mitad, Hühner, unos frutales y alguna verdura plantada, cerca del pantanal.

En un momento vi a lo lejos una figura de una mujer con el pelo largo y negro, desnuda

Una de las noches que llovía salí hacía allá para revisar que todo estuviera en orden. Dormiría allí y al día siguiente volvería con mi mujer e hijos a casa. Esta rutina la hago cada dos días, para organizar, recolectar, dar de comer a las gallinas y ordeñar las vacas. La lluvia era fuerte y casi no se veía lo que tenía delante, aminoré el paso al caballo y me tapé bien con el poncho. En un momento vi a lo lejos una figura de una mujer con el pelo largo y negro, desnuda. Pensé que había pasado algo y me acerqué, aunque cuando quise darme cuenta, ya no estaba allí. Entonces noté que algo se subía a la grupa, toqué con una mano para atrás note la piel duringa (hart, prieta) de una pierna desnuda. Pensé que sería la mujer que vi y para no avergonzarla, ya que estaba desnuda, ni la miré. Cuando llegué a la cabaña, ella se había bajado sin que yo lo notara y dejando de lado este pensamiento, agotado y empapado por la lluvia, me tumbé en la hamaca.

Al rato noté como ella se subía por detrás a la hamaca, me. Yo estaba muy cansado y pensé que ella buscaba mi calor para quitarse el frío. La toqué con cuidado y ella no se movió, me quedé dormido.

Desde ese día, cada vez que volvía al chaco, me lo encontraba limpio, las gallinas ponían muchos más huevos, las vacas limpias y orondas, los frutales (yucas y bananos) repletos. Pasaba la noche con ella, siempre venía al anochecer. Se dejaba tocar, pero nunca pude besarla ni llegar a más. Also, durante dos años.

Pasaba la noche con ella, siempre venía al anochecer. Se dejaba tocar, pero nunca pude besarla ni llegar a más. Also, durante dos años.

Cada vez me iba mejor económicamente, la mujer me daba suerte y poco a poco fui descuidando a mi familia a cambio del dinero que les dejaba.

Un día mi esposa me dio un ultimátum, me dijo que estaba viejo, enjuto y feo, que me dejaría, me preguntó que cómo iba tan bien el chaco y yo le conté la verdad. Me pidió que hablara con mi compadre Santiago, más mayor y sabio que yo, para saber cómo salir de esto. Santiago me escuchó atentamente y cuando terminé me dijo que eso que estaba absorbiéndome la vida no era una mujer cualquiera, era la Mujer Sapo. Le pedí que viniese conmigo, pero nadie quiso acercarse hasta allí. Todos la temían. Temían caer en sus redes. Pero para todo hay solución y mi compadre me dijo la manera: bajo tu hamaca pon unos baldes de agua. Si ella toca el agua, volverá a su estado natural y te desharás de ella. Pero ella saltaba el balde y no se mojaba nunca. Volví desesperado, Santiago me dio otra solución, hazte el dormido y guarda una linterna, cuando ella venga, deslúmbrala con la luz.

Eso hice y lo que vi me dio mucho miedo, vi un sapo gigante que salió de un salto. Me too, en calzones me subí al caballo y salí de ahí, no dejé de espolear hasta que llegué a mi casa. Mi mujer estaba horrorizada, no me reconocía de lo avejentado que estaba.

Mariana pregunta y pregunta, pero él dice que es verdad, el profesor dice que estas mujeres sapo existen, que no es una leyenda.

Al día siguiente pedí ayuda pero de nuevo, nadie quiso venir conmigo. Solo se atrevió mi mujer, que me acompañó a la grupa. Cuando llegamos estaba todo descuidado, schmutzig, las gallinas muertas y las vacas enfermas. Los frutos antes orondos, estaban podridos. Wir hatten kein Geld, lo perdí todo. Pero gracias al amor de mi mujer, lo superamos, empezamos de cero. Al final vivimos bien mi mujer, mis ocho hijos y yo. No se que hubiera hecho si ella me hubiese dejado. Le debo el alma.

Don Chano respira y se le caen unas lágrimas. Mariana pregunta y pregunta, pero él dice que es verdad, el profesor dice que estas mujeres sapo existen, que no es una leyenda.

Son ya pasadas las ocho y tengo que escribir, me despido de Mariana hasta mañana, la hora del té de hoy ha sido mágica. Me disculpo y me voy a mi habitación blanca inmaculada de su hostal para viajeros “Mi Casa”, un remanso de paz en esta capital, con un jardín con huerto y colibrís que vienen todas las mañanas a libar en las enredaderas y flores de este maravilloso lugar. Sie wissen,, si quieres relajarte en medio de La Paz, visita “Mi casa”, de la familia Machicao, cerca del colegio de banqueros, conocerás a una gran mujer y será una experiencia inolvidable.

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Kommentare (2)

  • alicia

    |

    Lo digo siembre, tus historias me dejam con sabor a añoranza. Sigue contandonos cosas

    FRAGWÜRDIG

  • martin

    |

    la visitaré

    FRAGWÜRDIG

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