Ven afrontar a morte en México

Por: J. Brandoli (texto) e e. Olguin (fotos)
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Al colgar el teléfono me pareció que me había dado un buen argumento. “Cada mañana uno puede ver en los quioscos la cabecera de seis periódicos con fotos de cadáveres destrozados pero curiosamente un desnudo escandaliza más. Hemos perdido la sensibilidad”, me explicaba Edgar Olguín, el artista mexicano al que entrevistaba por teléfono creador de una serie de instantáneas de cuerpos desnudos con las que pretendía denunciar la masacre de Iguala.

El, xunto con un@s modelos voluntari@s, estaba en las portadas de todos los periódicos por participar en una provocativa sesión de fotos de desnudos hechas en espacios públicos con mensajes escritos en la piel de los actores denunciando la desaparición de los 43 estudiantes y todo el carro de basura que arrastra este suceso en el que las buenas intenciones se dirimían entre quemar vivos o muertos a unos jóvenes. En calquera caso, el efecto llamada de los cuerpos desnudos estaba conseguido y cuando yo encaré el encuentro lo hice con un cierto escepticismo por el, a mí juicio, abuso actual del desnudo cuando se quiere provocar. No hay nada menos provocativo que querer ser provocativo.

No hay nada menos provocativo que querer ser provocativo

Cuando terminé mi entrevista con el artista le repetí a mi pareja la coherencia del mensaje que me había transmitido: “Cada mañana uno puede ver en los quioscos la cabecera de seis periódicos con fotos de cadáveres destrozados, pero curiosamente un desnudo escandaliza más. Hemos perdido la sensibilidad”. A lo que ella me contestó: “Hay menos fotos en los periódicos con fotos de cadáveres que de mujeres desnudas”.

La mañana siguiente, por cuestiones de trabajo, me recorrí a pie casi en su totalidad la famosa Avenida Reforma del DF. Me acordé de las palabras de mi pareja y comencé a pararme a ver las portadas de los periódicos y revistas en los quioscos. Efectivamente, ganaban, no por mucho, las vivas con poca ropa a los muertos.

Supongo que un país se hace inmune a todo, porque la rutina inmuniza ante todo. Eso lo aprendí especialmente en mi vida en África donde la muerte se acepta con el dolor justo para no alterar la vida. Nós, los occidentales, creo que sabemos poco de eso y por eso me parece que somos tan vulnerables.

En África la muerte se acepta con el dolor justo para no alterar la vida

En México puede que sea cierto lo que decía Olguín y haya un convivir cruel y enfermizo con cuerpos calcinados y matanzas que se narran con tanta precisión que el hombre del tiempo pareciera que va a explicar después del telediario si habrá que llevar paraguas, abrigo o pasamontañas a los próximos funerales.

México es violento porque su historia se hizo bajo una revolución constante en la que se trivializó la sangre. Los presidentes mexicanos de su primer siglo de independencia debían haber jurado su cargo y firmado su testamento a la vez cuando aceptaban su sentencia de mandato. Outro, parece que prefirieron en ocasiones encabezar ellos el sindicato que repartía los certificados de defunción.

Ayer mandaba a El Mundo una noticia de que 800 policías federales y estatales, repito el número, 800, se enfrentaron a balazos entre ellos en el intento de toma de una comisaría por parte de los primeros en la que estaban amotinados los segundos. Hubo cinco heridos de bala y la toma de varios rehenes por los dos grupos de fuerzas de seguridad pagados o impagados se supone para defender a los ciudadanos.

800 policías federales y estatales, repito el número, 800, se enfrentaron a balazos

En caso de que no hayan entendido bien lo surrealista de este hecho, pueden por favor empezar de nuevo a leer el párrafo anterior. Cuando lo hayan hecho trasládenlo a sus vidas y piensen qué tipo de noticia y qué revuelo mediático causaría que agentes de policía locales y nacionales se enfrentaran a tiros entre sí por la toma de una comisaría. Aquí fue una noticia de las importantes del día, como otras, sin alardes especiales.

Entonces quizá sea cierto que hace falta desnudos para denunciar Iguala o quizá, que me parece más probable, el sexo es el único argumento que se mantiene en un rincón prohibido, placer de todos, que se salta las leyes de rutina, de sus tropezones y sus reencuentros.

Daba igual que fuera Iguala lo que se narraba en la piel de las jóvenes, bastaba con tener una excusa de actualidad para que aquellas fotos fueran universales. Sólo el sexo, me parece, posee un morbo mayor que la muerte. Y pasa hasta aquí, en México, donde la muerte es culto de tabernas y las plañideras lucen camisetas de tirantes.

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