Uribelarrea: Anatomía dos pampas

Por: Gerardo Bartolomé (texto e fotos)
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Unos amigos nos llamaron; querían hacer algo juntos el fin de semana. “¿Adónde podemos ir?", me preguntaron. Sin dudar propuse el pueblo de Uribelarrea. Está cerca de Bos Aires, ten bos restaurantes e moita historia para ver e sentir, ideal para unha escapadela. No era que me interesara tanto la historia de este pueblo en particular sino más bien que se trata de un lugar que refleja muy bien lo que pasó en la pampa argentina.

Salimos temprano y mientras manejaba los casi ochenta kilómetros que lo separan de Buenos Aires, leíamos algo del pueblo. Su nombre se debe a que un rico estanciero, dedicado a la política, había donado tierras para que se fundara una colonia agrícola. Nos miramos… ¿el buen señor se habría hecho rico antes de dedicarse a la política, después o… durante? Sonreímos desconfiados. Como fuera, en agradecimiento la colonia llevó el nombre de tan generoso señor. Así nació el pueblo de Uribelarrea en 1890.

É un lugar que reflicte moi ben o que pasou nos pampas da Arxentina

Al cabo de una hora nos topamos con un viejo depósito en cuyo techo de tinglado se leía el nombre del pueblo en enormes letras blancas. Estábamos frente a la vieja estación de Uribelarrea, que dejó de funcionar hace mucho pero, desde hace poco, se reconvirtió en el museo agrícola de la zona. Si bien queríamos bajarnos inmediatamente a sacar fotos, decidimos ir primero al famoso restaurante Macedonio para reservar una mesa para el almuerzo.

En la entrada, dos viejos surtidores de combustible parecían invitarnos a un viaje al pasado que se concretó al abrir la puerta. O seu interior está definido na década dos trinta. Detrás de una antigua caja registradora, una chica anotó nuestros nombres para reservar la última mesa disponible. Salimos y caminamos los veinte metros que separaban a Macedonio de la estación de tren.

La estación se mantiene tal cual fue inaugurada hace 120 anos, con la sala de espera donde los viajeras aguardaban la llegada del tren en las duras jornadas invernales

A fines del siglo XIX, la Argentina ya había resuelto “el problema del indio”, eufemismo que significa que estos habían sido barridos; polo tanto,, el país buscaba hacer que la inmensa planicie fértil de la pampa fuera productiva. La estrategia era fundar colonias, que no eran otra cosa que pequeños pueblos, que nucleaban los servicios que los campos de la zona precisaban para funcionar. En ese sentido, el ferrocarril era clave para poder llevar la producción a los centros de consumo. El Gobierno argentino había delegado esa inversión en empresas inglesas. Así “el camino de hierro” llegó a este pueblo en 1892.

La estación se mantiene tal cual fue inaugurada hace 120 anos. La sala de espera donde los viajeras aguardaban la llegada del tren en las duras jornadas invernales todavía tiene por separado los asientos de hombres y mujeres. El prolijo andén está techado para proteger de la lluvia a los viajeros y sus maletas. Todo está tan ordenado que juraría que en cualquier momento llegará un convoy del que descenderán señoras con anchos vestidos y maridos con gruesos bigotes.

A partir de los 60 varias casas comenzaron a quedar vacías, especialmente cuando los hijos de los colonos originales heredaban las tierras

Dejamos atrás la estación y caminamos por las arboladas calles hacia la plaza.
La zona se pobló de colonos vascos que se dedicaron a lo que mejor sabían, producir leche. Decenas de tambos rodearon a Uribelarrea. Muchos tamberos optaron por dormir en el pueblo, con más comodidades que sus campos.
Cada veinte o treinta metros nos deteníamos frente a una casa de los años veinte o treinta. Muchas de ellas en mal estado o directamente abandonadas. ¿Qué les habría pasado? Por unha banda, que con el pasar de los años llegaron la electricidad, el teléfono y el agua a los campos. Outro, el camino que conectaba a Uribelarrea con Buenos Aires se pavimentó y los autos se hicieron más rápidos. Quienes precisaban estar en su campo para supervisar las labores desde temprano optaron por vivir en él con las comodidades que la modernidad había traído. Y aquellos más preocupados con los servicios de la gran ciudad y que sólo necesitaban supervisar su estancia de tanto en tanto se fueron a vivir a Buenos Aires. Vivir en Uribelarrea ya no tenía mucho sentido, no era ni chicha ni limonada. Así fue que a partir de la década del sesenta cuando varias casas comenzaron a quedar vacías, especialmente cuando los hijos de los colonos originales heredaban las tierras.

Algo similar ocurrió con el ferrocarril. La mejora de los caminos hizo que los camiones pudieran ir hasta la puerta de los campos para retirar la leche, gandería, el trigo o el maíz, según fuera la producción de cada estancia. El tren perdió clientes y eventualmente se levantó el servicio.

El abandono de Uribelarrea fue la clave en su renacer. En los últimos 15 años el turismo encontró en este pueblo el ambiente de 80 anos

Así, Uribelarrea fue siendo abandonado, no porque el campo argentino perdiera potencia, muy por el contrario, sino porque la modernización del país hizo que los servicios de un pequeño pueblo no fueran necesarios para que el campo produjera.

Paradoxalmente, el abandono de Uribelarrea fue la clave en su renacer. En los últimos quince años el turismo encontró en este pueblo el ambiente de setenta u ochenta años atrás. Algunos de los pobladores entendieron el gran cambio y vieron una oportunidad. Así, lugares como Macedonio, con su ambientación de vieja pulpería de principios del mil novecientos, comenzaron a recibir visitantes de todos lados.

Mientras nos servían un imperdible asado leímos que el pueblo fue elegido para realizar películas como “Juan Moreira” o “Evita”, que buscaban ambientarse en el pasado argentino. Tamén Jorge Frasca, famoso pintor de cuadros que evocan el pasado, se había inspirado en casas de Uribelarrea para pintar sus paisajes campestres. En el restaurante colgaba una copia de uno de sus cuadros, el mismísimo Macedonio a fines del mil ochocientos.

Mientras nos servían un imperdible asado leímos que el pueblo fue elegido para realizar películas como “Evita”

Antes de marcharnos del pueblo queríamos comprar salamines y quesos de la famosa producción local. Para ello nos indicaron el pequeño negocio que funciona dentro de una de las glorias de Uribelarrea. A poco de la fundación del pueblo la orden de los Hermanos Salesianos abrió las puertas de la primer escuela agrotécnica de Sudamérica. Todavía hoy acuden muchachos de toda la Provincia de Buenos Aires al internado para recibir educación orientada específicamente a la producción agropecuaria. A la entrada del colegio estaba la estatua de uno de los más conocidos alumnos de uno de los colegios salesianos, el beato Ceferino Namuncurá, hijo de un famoso cacique mapuche. Me detuve a sacarle una foto al recuerdo de este muchacho que bien merece un artículo en este blog.

Con el auto dimos una última vuelta por el pueblo y luego, con nuestro cargamento de fotos, salamines y quesos, nos volvimos a casa. Acabábamos de hacer un interesante viaje al pasado.

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