Aeropuerto Ben Gurion, la guarida de Murphy

Da: Enrique Vaquerizo (testo e foto)
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El aeropuerto de Ben Gurion, en la guarida de Murphy

En la vida pueden pasarte un millón de cosas horribles. Por mucho que te hayan dicho, el camino no siempre es de rosas, al contrario está plagado de operaciones de fimosis y visitas interminables al dentista, hay condones rotos, bolsas que no se abren en el supermercado y en cualquier recodo acechan tus primeras patas de gallo. El mundo está lleno de jefes imbéciles y junio repleto de declaraciones de la renta que salen a pagar. Enfermedades contagiosas, primaveras con alergia, miedo irracional a la muerte…Hay momentos felices sí, pero también días espeluznantes que discurren entre tripletes del Barcelona y words que se cierran sin guardarse.

Están la prima de riesgo y el cambio climático y si aún así conservas un poco de fe en el género humano… ahí fuera aguarda Leticia Sabater, dispuesta a regenerarse el himen como un lagarto. Conviene recordar que hay barcos que derraman su petróleo en el mar, novias que quieren presentarte a sus padres y cuartos de baño sin papel higiénico, y ya es hora de que sepas que ningún libro de autoayuda va a librarte de cumplir los treinta. Sin embargo nada de todo eso tiene demasiada importancia si lo comparas con el aeropuerto de Ben Gurión.

Ahí fuera aguarda Leticia Sabater, dispuesta a regenerarse el himen como un lagarto

El aeropuerto de Ben Gurión está a unos 20 kilómetros de Tel a Viv, es un edificio amplio, luminoso y funcional. Con pasillos amplios y bóvedas acristaladas, las cintas mecánicas te llevan de un lado a otro con un suave ronroneo y te hacen sentir el milagro de la tecnología y la civilización. Ben Gurión, ese edificio gigantesco e inteligente, es el orgullo de muchos israelitas y tal y como hablan de él por momentos parece que tuviese vida propia. Sus pasillos de embarque llenos de confort huelen a futuro y si te esfuerzas al apoyarte en un mostrador de información casi puedes oírlo respirar. Pero entre las maravillas de Ben Gurión la más fascinante de todas es que puede empezar muy lejos, a kilómetros de distancia, en concreto en la T4 de Barajas cuando el jefe de seguridad del vuelo de Aerolíneas Israelíes con aspecto de agente del Mosad ,te pide amablemente tu pasaporte.

El interrogatorio comienza con preguntas sencillas, ¿Cuántos días vas a pasar en Israel?, ¿A qué ciudades planeas desplazarte?, ¿Cuál es el motivo de tu viaje? etcétera. Los problemas llegan cuando esas mismas preguntas se repiten tres o cuatro veces, intercaladas con cuestiones como; ¿Planea por curiosidad visitar los territorios palestinos?, Non?, ¿Ni siquiera Belén?, ¿Por qué no? Es una ciudad preciosa… ¿Estoy absolutamente seguro de que no planeo darme una vuelta por allí para comprarme una kufiya o cualquier otro capricho parecido?

¿Absolutamenteseguro….?

Davvero?…..

Para entonces te han separado de tu familia y ves a tus padres sufrir el mismo interrogatorio individual con hasta tres agentes distintos. ¿Dónde he hecho mi equipaje?, ¿En casa?, y en las siete horas que han pasado desde entonces… ¿Mi maleta ha estado en más sitios? Ah entonces antes de facturar no me importará abrirla allí mismo y comprobar el contenido, sólo para estar seguros de que no llevo un cargamento de Goma2 o se me hayan colado por descuido un par de metralletas junto al cepillo de dientes. Casi una hora después cuando se han cerciorado de que no planeamos convertir el vuelo en confeti, el responsable de seguridad nos dedica su mejor sonrisa de buitre y se despide deseándonos un buen vuelo.

Cuando se han cerciorado de que no planeamos convertir el vuelo en confeti

Aterrizamos de madrugada y Ben Gurion nos recibe como un animal aletargado, apenas hay gente en los pasillos ni en la recogida de equipajes y la cola de la aduana avanza deprisa. Hay soldados por todas partes, la mayoría son muy jóvenes. En Israel el servicio militar es obligatorio para chicos y chicas y dura unos tres años. El país está lleno de adolescentes con metralleta y estos que tengo enfrente bostezan por el madrugón mientras pasan con desgana las páginas de mi pasaporte. La chica que masca chicle de repente parece ver algo raro y me estudia de arriba abajo, pregunta por el país que corresponde una bandera que señala insistentemente con el dedo.

La bandera y el visado pertenecen a Guinea Bissau y así se lo explico varias veces, pero ella jamás ha oído hablar de un sitio semejante y esos verdes y rojos tan chillones le parecen un hogar ideal para miles de terroristas. Llama a otras dos coleguitas que se ponen a ojear el pasaporte como si fuese la Superpop, sorprendentemente alguien saca un Atlas de algún sitio, llaman a un superior y tras varias consultas me dejan pasar. Salimos de Ben Gurión y juraría que es el propio aeropuerto el que nos facilita un taxi y sonríe socarrón al despedirnos.

Los días apacibles transcurren deprisa. Visitas al Muro de las Lamentaciones y al Santo Sepulcro entre el trasiego de toneladas de hummus y pan de pita, unos días de luz dorada que se derrama sobre la Mezquita de la Roca y las callejuelas adoquinadas que se comban por el peso de la historia. Por supuesto vamos a Palestina y sin darnos cuenta las vacaciones se acaban y nos dirigimos de nuevo hacia Ben Gurión.

Otra vez niños disfrazados de G.I Joe y fusiles por todos lados

Hago la vuelta solo, me han avisado y llego con más de tres horas de adelanto. El primer control está a un kilómetro del aeropuerto, otra vez niños disfrazados de G.I Joe y fusiles por todos lados que abren el maletero y comprueban el equipaje. Nos desean un buen vuelo de vuelta, pero no hay espacio para relajarse porque al acceder al vestíbulo del edificio hay un nuevo control, a este ritmo empiezo a pensar que lo mejor sería entrar a Ben Gurión en pelotas.

Aquí son más concienzudos y el chico en cuestión encuentra un periódico escrito en árabe que he guardado como recuerdo en Ramala. ¿He estado en territorios palestinos? ,Non? ¿Seguro? Decido ahorrarme un montón de explicaciones y sostengo tozudo que he conseguido el periódico por azar en el zoco de Jerusalén. El chico no se cree una palabra pero parece alegrarle que me vaya del país lo antes posible, así que me deja pasar. All'interno di, cientos de viajeros se mueven con resignada parsimonia hacia las colas de embarque, mientras un batallón de soldados los ayudan con “el papeleo”.

Porque por supuesto hay que rellenar un montón de papeles, aduanas, declaraciones, tarjetas de embarque… y que responder un montón de preguntas. El maldito sello de Guinea Bissau vuelve a causar pavor entre el personal y esta vez además han descubierto en la página de atrás el de Mali. De nuevo se reúne un conciliábulo que parece la Sociedad Geográfica Española, intentan determinar si son países que puedan atentar contra la seguridad nacional. Por supuesto me toca abrir de nuevo mi equipaje.

Se reúne un conciliábulo que parece la Sociedad Geográfica Española

Unos metros más adelante hay un tipo que envuelve maletas, enrolla mi mochila sin contemplaciones como una momia sin dejar espacio para las asas y me manda cargarla al hombro hasta el próximo control por si acaso. El próximo control llega rápido y parece sacado de alguna novela de Isaac Asimov. Unos cilindros de colores fosforescentes equipados al parecer con potentes escáneres de última generación, esperan hambrientos nuestros equipajes de mano. Las amables empleadas color caqui me hacen desfilar de cola a cola y de tubo a tubo, de primera clase al de funcionarios del aeropuerto hasta encontrar el que me corresponde, el de turistas especialmente cabreados. Para entonces han pasado dos horas y veinte minutos desde que entré a Ben Gurión, retumban en la sala las llamadas de embarque al vuelo “Madrid-Barajas” y empiezo a ponerme un poco nervioso. El aeropuerto, el muy hijo de puta, parece dilatar el tiempo y agrandar los espacios a su antojo, como si jugase con marionetas.

Porque cuando los tubos devuelven nuestros equipajes desde el futuro, espera el cuarto control de la mañana e incomprensiblemente tengo que rasgar el plástico y esparcir de nuevo las tripas desoladas de mi equipaje en una mesa mientras esos niñatos las inspeccionan a conciencia.

Cuando llego al escáner faltan quince minutos para que salga el vuelo, pero parece que algo vuelve a ir mal. El maldito cacharro pita sin pausa, cinturón, pulsera, móvil zapatos, cámara fotográfica… Es el primer maldito escáner del mundo dónde he visto pitar a un piercing. Una chica de preciosos ojos azules introduce sus manos con sus guantes de plástico en mi boca y palpa con delicadeza mi lengua para comprobar que todo está en orden.

Palpa con delicadeza mi lengua para comprobar que todo está en orden

Corro a toda velocidad mientras sorteo judíos ultraortodoxos de barbas interminables y estanterías del Duty free cargadas de kippas y licores, bordeo el ataque cardiaco y un par de esguinces, pero logro encontrar la puerta de embarque y milagrosamente… alcanzo a ver como mi vuelo despega. Desde las cristaleras observo como la estrella de David pintada en la cola se hunde poco a poco en una resplandeciente tarde azul del Mediterráneo.

Tras muchas discusiones, consigo que me compensen con un vuelo que sale cinco horas más tarde, Ben Gurión entero parece carcajearse mientras me acabo a sorbos malhumorados una Coca Cola, lo único que he podido comprar con los pocos shekels que me quedan. Paso toda la tarde contemplando amplios pasillos y bóvedas acristaladas, las cintas mecánicas que te llevan de un lado a otro con un suave ronroneo y te hacen sentir el milagro de la tecnología y la civilización…

El vuelo transcurre sin incidentes, en el asiento de adelante vuelve una congregación religiosa de mexicanos. Un cura permanece todo el rato de pie y comenta expansivo con sus feligreses las anécdotas de los últimos días. Ríe sin parar y protesta un poco a la azafata cuando le obliga a sentarse para el aterrizaje. Sólo cuando las ruedas tocan el suelo con un ruido amortiguado y los pasajeros comienzan a aplaudir, vuelve a levantarse y grita.

-¡Ya estamos en Tierra Santa!

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Commenti (7)

  • Daniel Landa

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    Buenísimo artículo que nos hace pasar un rato malísimo! Con las ganas que tengo yo de ir visitar Jerusalem

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  • Ann

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    Para que luego digas que no te gustan las gymkanas y el turismo de aventuras

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  • Isabel

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    ¡¡ Menuda pesadilla !!… Muy bueno

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    […] no podré hacerlo con el visado iraní. Siento escalofríos sólo con acordarme del aeropuerto de Ben Gurion, le digo que no importa y acelero hacia la escalerilla. Despegamos con estruendo y sobrevolamos […]

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