Ruta por la Roma desconocida

Por: Javier Brandoli (texto e fotos)
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Roma nunca se puede ver despacio en las primeras cien visitas. Hay demasiado, que Roma es demasiado de todo, que uno corre el riesgo de perder. O centro de la Ciudad Eterna pudiera y debiera ser el centro del Universo; es como si alguien hubiera decidido dejar allí olvidado un poco de todo. No hay nada más abrumador que el centro de Roma, -con permiso de Florencia e Venecia-; ese que se hace a pie con las prisas que da el temor de que aquellas columnas con 2000 años de historia puedan finalmente deshacerse por un mal trueno. Roma está hecha de piedra, teja y vino. Roma canta por la noche en sus tabernas sus estrofas en latín.

Pero fuera de todo aquel universo que es el centro de la capital italiana, hay otra Roma que es desconocida para los turistas. Vive en una cadencia menor, en ocasiones hasta se produce el milagro de la carencia de ruido. Cercana, se puede conquistar a pie y otras veces es necesario un coche, emerge en silencio junto a la gran Roma y se convierte en capricho, en belleza y en descanso. Vostede sabe, estas recomendaciones son para los que han visitado ya cien o mil veces Roma. Fai, Roma siempre se visita por primera vez:

Colina Gianicolo: la llamada octava colina de Roma, encima del popular Trastévere y dejando a la izquierda el vaticano, ofrece una hermosa vista de Roma. Fue allí donde Garibaldi y su mujer plantaron cara a las tropas francesas tras declararse la República Romana y hay diversas esculturas en su honor. La fontana dell Acqua Paola es una monumental fuente de mármol. Justo donde está la vieja Academia de España están las mejores vistas.

Academia de Francia: aunque está en el centro, la bellísima Academia de Francia es a veces olvidada pese a que ofrece, desde la otra perspectiva a Gianicolo, algúns vistas inmejorables de Roma. La ciudad parece un lienzo de cúpulas y tejados parecido a cómo debía serlo en plena efervescencia renacentista. Creo que es el mejor lugar para contemplar e intentar entender la grandiosidad de la ciudad.

-Para los amantes de lo extraño y no lejos del centro, o Iglesia de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, en plena Vía Veneto, tiene un macabro osario que se puede visitar previo pago de entrada en su cripta. Tamén, permite ver la cierta decadencia de la famosa Via Veneto que a mediados de siglo pasado albergaba los mejores hoteles y restaurantes de la ciudad y su famosa entonces Dolce Vita.

-Saliendo del Vaticano, primero puede uno pararse en el Borgo Pio romano. Es el barrio que hay pegado a San Pedro, cada vez con más oferta turística, y que cuenta con excelentes B&B. Es el lugar donde encontrar las mejores tiendas religiosas y algunos buenos restaurantes entre sus calles estrechas y empedradas. En calquera caso, si siguen recto a mano derecha mirando San Pedro, pueden llegar tras una larga caminata o tomando un autobús (más recomendable) á Foro Itálico. Allí está el estadio olímpico, la Farnesina (Ministerio Asuntos Exteriores) o el Ponte Milvio. Se trata de un extraño conjunto, con clara influencia de las construcciones de la época fascista, interesante de pasear.

-Los que quieran comprobar que en Roma se dejó un poco de todo desde el comienzo del hombre, pueden visitar también un barrio llamado Piccola Londra (Pequeño Londres). Es más una pequeña calle que recrea a la perfección el Nothing Hill londinense.

-Aún dentro de la ciudad, y eso sí que el casco histórico, una recomendación para quizá prestar más atención aunque ya hayan pasado: el Barrio Judío o Ghetto Ebraico. Puede que pasen por allí, pero háganlo con tiempo, deténganse, contémplenlo, es quizá el barrio más bonito de Roma. Su historia es triste y larga hasta la época fascista de la II Guerra Mundial. Un gueto para defenderse cristianos y hebreos uno de los otros, pero su construcción es añeja y delicada. Hay unas maravillosas vistas del Teatro Marcelo y cuenta con algunos de los más encantadores y románticos restaurantes de la ciudad.

-El siguiente consejo ya necesita un coche, pero adentra en esa Roma rural que nadie ve. El llamado Castelli Romani son un grupo de pueblos al sureste de Roma, sobre las colinas Albanas y en torno a los lagos Nemi y Albano. La más famosa de las localidades es Castel Gandolfo, residencia de descanso del Papa. Justo a la puerta del Palacio Papal está el restaurante Pagnanelli. Tiene unas hermosas vistas, Pode comer ben, pero, especialmente, cuenta con una antiquísima y enorme bodega llena de pasadizos y artilugios antiguos que es un escondido museo. A continuación,, pueden también visitar el encantador, coqueto y pequeño pueblo de Nemi. Prueben sus famosas fresas.

– Finalmente, y esta vez dirección al norte, sobre 40 km, está la localidad de Calcata. Es una vieja ciudad, de aire toscano, que conserva su importante patrimonio histórico junto a un cierto aire artístico. Cuando el pueblo moría de olvido, fueron ellos, los artistas, los que lo ocuparon todo y comenzaron a reconstruir viejos caserones, xardíns, fachadas…

Y por último, aunque ya hayan ido mil veces, hay siempre que volver otras mil. Uno llega preguntándose si será cómo la última vez. Espera la larga cola de entrada. Observa el pasar de hábitos y escucha el festín de lenguas. Se coloca enfrente. Igual que todas las veces anteriores. Mira, observa y certifica de nuevo, con una interior sonrisa de triunfo, que el mármol puede vivir y morir. Está delante, la Piedad de Miguel Ángel. Ahí se debe ir siempre.

 

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Comentarios (2)

  • Lydia

    |

    Se nota que te la has recorrido de arriba a abajo y propones visitas a lugares de los que no había oído hablar, lo cual es muy de agradecer. Es uno de los varios destinos que tengo pendientes y con este artículo, se han reavivado mis ganas de ir.

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  • Javier Brandoli

    |

    Roma es obligada Lydia y en una primera vez no hace falta que lleves ni estas recomendaciones. Sólo necesitas andar y mirar, sin mapa. Na realidade, Italia es obligada 🙂

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