Kandili Camp: caminar libre por el Masai Mara

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Paramos el coche en una colina. Bajamos. Desde allí se contemplaba en toda su inmensidad la sabana africana. Multitud de acacias salpican un manto verde. Las montañas que dan sombra al río Mara asoman al fondo plegando en hilera el horizonte. Hace algo de calor y sopla un poco de viento. No se escucha nada.

Esa fascinante forma de arreglar las cosas de África donde la imaginación siempre supera a las carencias

En medio de la distancia que captan mis ojos de aquella infinita planicie sobresalen unas tiendas de campaña. Pocas, casi imperceptibles entre aquella naturaleza. “Es nuestro campamento”, nos explica Aldo, dueño y uno de los gerentes del Kandili Camp. En ese instante vemos a Martin, noso condutor, que con unas piedras comienza a cambiar la rueda de nuestro 4×4. “He pinchado”, explica. Nós, mentres, observamos esa fascinante forma de arreglar las cosas de África donde la imaginación siempre supera a las carencias.

En ese instante giro de nuevo la cabeza y veo que el campamento está a más o menos un kilómetro. “¿Por qué no vamos andando?", les digo a Aldo y Ricardo. “Vamos”, nos contesta nuestro anfitrión con naturalidad. Comenzamos entonces a descender, con paso lento, charlando, mientras dejamos a izquierda y derecha manadas de ñus y cebras, vemos el caminar de alguna jirafa que se para a contemplarnos en la distancia o sorteamos la guarida de alguna hiena. Busca. Ellos y nosotros. Por momentos costaba aceptar la tranquilidad de aquel paseo por medio del famoso Masai Mara. Sin estridencias ni teatros para inventar emociones a los turistas. Caminábamos por medio de un campo en el que podrían aparecer leones. Los hay allí. No hablamos de ello, sólo avanzábamos con calma y sorpresa. Andábamos con libertad por la sabana. Sin duda alguna nunca tuve una llegada más bella a ningún alojamiento en África.

Sin duda alguna nunca tuve una llegada más bella a ningún alojamiento en África

En el Kandili nos esperaban Ana, Lucas y el grupo de trabajadores masais que les acompaña en esta su aventura. Pronto entiendes que han creado una pequeña familia de apoyos y afectos. Ana y Aldo son una pareja que se ha jugado el futuro para vivir un presente lleno. Lucas es su hijo de cuatro años. Juega en la selva, en su jardín, también con naturalidad, sin estridencias. El chico es genial. Aquel espectacular campamento está enclavado en la conocida como Garganta del Leopardo, un área de conservación privada del norte del Masai Mara donde la BBC grabó alguna de las mejores escenas de su famosa serie documental “Big Cat”. Ellos han conseguido, tras reunirse con las siete familias masais dueñas del terreno, tener en exclusividad ese fascinante trozo del parque. Es su casa, ahora nuestra también por tres jornadas.

Por la tarde decidimos salir de nuevo a caminar. Vamos esta vez también con Ana, Lucas y William, un masai singular que recuerda el invierno en el que una familia le invitó a pasar un tiempo en Andorra. “Era muy bonito y sé que he visto poco mundo, pero estoy seguro que no hay nada más bello que mi tierra”, asegura mientras rememora su pasear vestido de fiero guerrero africano por las heladas y lujosas montañas europeas.

Pasamos junto a manadas de ungulados, Girafas, algunos elefantes y el rastro de unas hienas

Otra vez pasamos junto a manadas de ungulados, Girafas, algunos elefantes y el rastro de unas hienas. Caminamos con absoluta libertad por un paraje único. Nos dirigimos entonces a la Garganta del Leopardo. El sitio es bellísimo. En las últimas semanas se ha visto de nuevo una leopardo acercarse hasta aquel refugio en el que nació. Buscamos su encuentro pero no se produce (justo dos días después volvió a su árbol, su casa, el Kandili). Andamos por una zona abierta, privada, en la que la vida te es ajena y cercana. Es una extraña sensación. Somos serenamente felices en medio de tanta agitación. Todo aquello es especial, diferente.

De pronto Aldo desaparece, se va con Lucas. El resto seguimos caminado mientras comienza a atardecer. El cielo se torna violeta. El sol se desploma al fondo. Una última sorpresa. Tras unas rocas padre e hijo han preparado una mesa y unas sillas. Hay vinos, cervexas… No sentamos a contemplar el huir del día. Cae la absoluta noche en la sabana. Brutal momento.

Entonces escucho nítido y cerca el aullido de una hiena

Volvemos al campamento. Decido entonces usar la ducha al aire libre de mi tienda. Unas pequeñas y tenues velas iluminan una cerca de madera. Sobre mi cabeza un grifo y sobre el grifo el millón de estrellas. El agua cae sobre mi cuerpo mientras yo levanto la mirada para no perderme el cielo. Entonces escucho nítido y cerca el aullido de una hiena. Parece que estuviera detrás de la cerca de madera que me protege. Vuelvo a escuchar la inquietante risa del mamífero. Me paro un segundo, sonrío. Me apasiona la África salvaje. Non, en el Kandili lo es, real, aberto, sincero. Cierro el grifo y ahora escucho sonidos en plural, son varias. Aquella noche lo último que escuché antes de dormirme es el mugir de decenas de ñus en mi puerta.

Así fueron las tres jornadas que pasamos en el Kanidli con Ana, Aldo y Lucas. Nunca me había pasado estar en un parque haciendo un safari y querer volver al alojamiento. Sólo allí. La experiencia del campamento superó la de las bellas rutas en coche por el Masai Mara. Recuerdo hoy con cierta nostalgia la noche en la que en medio de la cena sobresaltados por unos ruidos iluminamos y vimos el trotar despavorido de una manada de ñus que nos contemplaba; los amaneceres en los que unas cebras pastaban en mi puerta; la tarde que volvía al restaurante y contemplé alejarse a unos elefantes, la última noche en la que escuchamos con nitidez el salvaje estruendo de una cacería de leones, búfalos e hienas. A la mañana siguiente un grupo de buitres hambrientos que sobrevolaba cerca señalaba el punto exacto en que había ocurrido todo. Busca, muy cerca, a algo más de un kilómetro.

Una pena, nos teníamos que marchar y no pudimos acercarnos a verlo. Nos íbamos de un sitio real, ajeno a las exageradas ceremonias de algunos campamentos que sólo consiguen hacerte sentir distante. Entre tanto agasajo para justificar su elevado precio no te dejan espacio para ti, singular, para vivir ese íntimo momento en el que tiemblas solo por un segundo de emoción, de miedo.

La última noche en la que escuchamos con nitidez el salvaje estruendo de una cacería de leones, búfalos e hienas

Recuerdo aquellas noches del Kandili ahora que ya tengo avanzado mi libro de 10 países y casi 50 parques de África, donde hice safaris a pie en el Delta del Okavango, Mana Pools, Hwange, Kruger, Kibale… y tengo la sensación de fue allí donde por primera vez anduve realmente libre por la salvaje África. Así lo escribo en mi relato y así se ha quedado en mi memoria.

Esta ruta por Kenia se ha hecho con la colaboración de la empresa Kobo Safaris Nuestro grado de satisfacción por su profesionalidad, conocimiento y entrega nos invita a recomendarlos. No lo haríamos de esta forma, como es costumbre en VaP, sino lo pensáramos.

 

 

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Comentarios (8)

  • Ricardo

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    Sin duda uno de mis rincones preferidos de África y, coincido contigo Javier, donde más libertad he respirado, ese bien tan preciado por el que hay que batallar todos los días. Parabéns.

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  • Ann

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    A este sitio quiero ir. Creo que más

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  • Javier Brandoli

    |

    Veamos Ana, según la cuenta que te llevamos en VaP de tus yo quiero ir, necesitas trece años de vacaciones o seis vidas, cerca de medio millón de euros y 30 pares de chanclas, 30 de botas de montaña y ningún zapato de tacón, para cumplir tus propósitos. En VaP te animamos a conseguirlo y que nos lo cuentes… Besos!!

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  • Aldo

    |

    Ola Javier – Me ha encantado tu articulo, eres un maestro de los ambientes y para capturar esos pequeños momentos de vida que la hacen mas cercana, humana y intensa a la vez. Y no puedo dejar de emocionarme por el impacto sobre nuestros huespedes que tiene ese trocito de tierra virgen donde hemos plantado nuestras tiendas!

    Ann – no le escuches, soñar es gratis y te haremos un hueco por aqui aunque sea en 13 años 🙂

    Aperta

    Aldo

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  • Javier Brandoli

    |

    Gracias Aldo, habéis construido un lugar distinto, con un rollo especial que no es fácil encontrar aquí. Muchas veces uno siente el safari genial, profesional, pero pocas veces se tiene todo el confort y además te sientes en casa. Aperta!

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  • Ann

    |

    Lo más preocupante serán las chanclas!

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  • Oscar

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    No puedo estar más de acuerdo ni decirlo de mejor manera, un sitio único en el parque de parques, un lujo de confort y sencillez, sintiéndote pequeño en la grandeza de la naturaleza que te rodea.

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