Scarlett Johanson e le piramidi di Gizah

Da: Enrique Vaquerizo
Immagine precedente
Immagine successiva

informazioni intestazione

contenuti informazioni

Ma lascerai davvero l'Egitto senza vedere le piramidi?

A pesar de que ya lo sabes no deja de sorprenderte: las pirámides no están en pleno desierto, sino que brotan de un suburbio de El Cairo. Aparecen de la nada mientras recorres una carretera barnizada de contaminación, edificios turbios y remolinos de desperdicios en los arcenes. Entonces ¡Ooooh! ¡Ahhh! entre los pisos de ladrillo ves la punta de una pirámide, llamativa e inquietante como una aleta en el agua. Sin transición estás frente a más de 3.000 años de Historia, inmerso en un pasado reconocible y familiar, como si el Ministerio de Turismo hubiese decidido construir la réplica de un perfecto bodegón egipcio a prueba de decepciones. No le falta un detalle: el desierto exiguo pero reconocible, la perfecta simetría de las tres pirámides, ordenadas como matrioskas y la esfinge delante, echada a sus pies como un dóberman… A pesar de mis reticencias iniciales tengo que reconocer que todo está en orden, sólo falta Cleopatra tirada en una duna y mirándote con ojos soñadores mientras sostiene uno de esos carteles con tu nombre con los que te dan la bienvenida en los aeropuertos.

Hay algo raro en ir a ver las nuevas (viejas) Meraviglie del Mondo: Machu Pichu, el Taj Majhal, la Estatua de la Libertad, el Santiago Bernabéu… Tenemos una idea tan nítida de cómo deberían ser, hemos visto tanta imágenes… que uno llega y lo primero que le sale es ponerse a comparar si son diferentes a como salen por la tele. Algo parecido a lo que pasaría si un día por casualidad nos encontrásemos a Scarlett Johanson o a Timothy Chalamet y nos pareciesen una réplica aceptable de nuestros delirios, una réplica casi exacta, solo que, senza sapere perché, nos supiesen a poco, como si los viésemos un pelín más bajitos, mal afeitados o cabezones y, lejos de fijarnos en nada más, sólo tuviésemos ojos para ese lunar lleno de pelos o esas manchas casi imperceptibles que les hubiesen salido en las mejillas. Esas malditas manchas que nos dan ganas de devolverlos y de poner una queja muy fuerte en Tripadvisor. Aún estoy calibrando si debo sentirme decepcionado cuando un ejército de guías turísticos se ofrece a enseñarme cómo se visita a Scarlett correctamente.

Aún estoy calibrando si debo sentirme decepcionado cuando un ejército de guías turísticos se ofrece a enseñarme cómo se visita a Scarlett correctamente

Aquí no estamos solo para hacernos el Indiana Jones, también hacemos cosas de guiris como todo el mundo. Después de todo las vacaciones se acaban, estamos cansados y nostálgicos y ya todo nos da lo mismo. Al viaje hay que darle lo que es del viaje y a Instagram lo que es de Instagram ¿De verdad me voy a ir de Egipto sin ver las pirámides? Mi guía dice que su verdadero nombre es Mohamed pero que todo el mundo le llama “Rambo” y que lo mejor va a ser que visitemos las pirámides a caballo, el complejo es grande y me puede dar una insolación o una apoplejía si decido recorrerlo por mí mismo y sin gastarme mucho dinero. Así que montamos en dos pencos que tienen más ganas de morirse que de otra cosa y emprendemos el camino con dirección a Micerinos cabalgando entre dunas con textura de hormigonera. Al poco tiempo nos cruzamos con un circo ambulante que vuelve de su visita: decenas alemanes e ingleses subidos a camello o a caballo, embadurnados con crema protectora. Mientras sus guías les arrastran por el ronzal aprovechan para hacerse selfies en los que aparecen con filtros de éxtasis circunstancias, abatimiento o euforia según los casos.

Rambo lo tiene todo calculado, puede que tengamos 10 minutos de paz y hay que aprovecharlos, así que espoleamos y en efecto, disfrutamos de 200 metros de soledad abordando a las pirámides por la espalda. Quasi 10 minutos que bastan para hacerte sentir Lawrence de Arabia y quitarte de encima estúpidos complejos por estar haciendo el turistazo. Mi guía no me ofrece muchas explicaciones culturales ni arquitectónicas sobre el complejo, ni falta que hace, él sabe bien lo que buscan sus clientes y está dispuesto a dárselo quieran o no. ¡Déjame tu móvil! dice mientras baja del caballo y me dice que haga lo mismo. Rambo lo tiene todo estudiado: tengo inclinarme hacia un lado para parecer que me apoyo en una pirámide, colocar la palma de la mano hasta casi hacerla desaparecer, saltar con los talones muy atrás mientras él se tumba en el suelo, agarrar un pedrusco hasta hacerlo parecer enorme como si fuese Sansón sosteniendo el templo de los filisteos… cumplimos con todo el repertorio fotográfico mientras Rambo demuestra un dominio envidiable del encuadre la perspectiva y las necesidades espirituales del hombre moderno en la era digital. Cada poco tiempo me pide que sonría y se esfuerza en sacarme partido con la paciencia un poco condescendiente con la que un fotógrafo trataría a una modelo especialmente caprichosa. El hombre no piensa rendirse con facilidad y me anuncia que hoy es mi día de suerte, está por allí un amigo suyo y me va a ofrecer una “experiencia” especial y extraordinaria. Me señala hacia la derecha por donde un beduino avanza sonriente cimbreándose a lomos de un camello. Después Rambo me dice: If you are happy, make me happy later!

Después Rambo me dice: If you are happy, make me happy later!

No importan mis protestas, el beduino finge no entender y me pide que le haga una foto, luego a cambio se ofrece a hacérmela él (en estos días todo se comercia con imágenes). Poso junto a su camello que, según me informa, se llama Charlie Brown. Sin saber muy bien cómo un minuto después tengo su turbante en mi cabeza y estoy a lomos del animal dando un paseíto y repitiendo la sesión fotográfica que ya he realizado a pie. Revisando los álbumes familiares Chaliebrown y yo aparecemos con una expresión parecida, Io, con gesto sombrío disfrutando de la experiencia y lui, che, Devo dire che, se comporta con una profesionalidad exquisita, con la mirada que tú tendrías si a las diez de la mañana te vieses obligado a cargar ya con el cuarto idiota del día. Una marabunta de escolares egipcios nos señalan y nos hacen fotos a su vez. Alguno de ellos incluso me pide que sonría.

Cuando pongo los pies en el suelo, los tres nos reunimos y comprobamos las fotos. Rambo esta especialmente satisfecho con el resultado y repite ¡If you are happy, make me happy! Yo estoy happy porque al final no me he ido de Egipto sin ver las pirámides, así que todos nos sentimos cada vez mejor y nos dan ganas de abrazarnos. Después del pago quieren que me quede a presenciar el espectáculo nocturno de luz y sonido que proyectan cada noche en las pirámides. Yo le digo que me encantaría quedarme más tiempo pero que tengo un vuelo que coger.

Al salir del recinto me vuelvo por última vez, la verdad es que tengo que reconocer que Scarlett Johanson está guapísima pero me da rabia decírselo. Además ella ya lo sabe porque ya se lo dicen todos. Por eso no me lo tiene en cuenta y juraría que hasta me guiña un ojo al despedirse mientras susurra:

“¿Ves? ¿A que soy mucho más alta que en la tele?".

  • Condividere

Scrivi un commento