Mister Tourist en el país de los persas. Crónicas de Irán (In)

FÜR: Enrique Vaquerizo (Text und Fotos)
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Cuando el Ayatola Jomeini te mira, sientes que andas haciendo algo mal. No sabes muy bien por qué, si es esa mirada negra y profunda, techada por unas cejas tupidas como castores, el turbante sobre la frente despejada , o esa barba blanca a lo Sean Connery que realza su gesto adusto. Tal vez la culpa sea de Hollywood y Ben Affleck, de la energía nuclear o los libros de historia. Puede que aún ande cabreado con el presidente Carter o a lo mejor es que él es así, un poco difícil, con esa cara de anciano cascarrabias, a punto de pincharte la pelota si le estropeas los geranios.

Pero si el Ayatola te mira desde un graffiti de 10 Meter, encaramado como Spiderman a la pared de uno de los edificios del centro de Teherán, tienes la certeza de que algo andarás haciendo muuuyyyy mal. Tú no lo sabes, pero él sí. Puede que tu pasaporte esté caducado desde hace meses, que lleves unos calzoncillos con la bandera americana o que ni tan siquiera lleves calzoncillos, en cualquier caso, sea lo que sea, weiß. Sabe que no cumples tus oraciones, que te atiborras todos los viernes en el McDonald´s o que has llegado al país con la intención de llevarte las toallas de los hoteles. La cuestión es que ha archivado todos tus pecados, de esta vida y la otra, incluso los que aún no has cometido y no puedes asegurar cómo. Pero cuando te vigila emboscado desde sus carteles, sientes con toda seguridad que el Ayatolah Jomeini conoce la clase de gentuza que eres mejor que tú mismo.

Day 1

Teheran, una nube de contaminación se desliza entre edificios con aire soviético, un millón de antenas parabólicas y atascos en las calles. En el aeropuerto he cambiado dinero, apenas unos euros. A cambio me han dado una carretilla de billetes con el que empapelar toda la ciudad. Llevo enrollado el fajo y cada vez que debo pagar algo, parezco un narcotraficante eufórico en un striptease. Reparto dinerales al taxista, al quiosquero donde compro tabaco y a la vendedora de tickets en el metro.

El precio de todas esas cosas es bastante bajo, pero conlleva un recuento exhaustivo de montones de billetitos, Rosen, verdes y azules. De vez en cuando me palpo el bolsillo a punto de reventar y compruebo como mi fajo adelgaza con una rapidez inquietante. Me preocupa, en Irán no se puede sacar dinero del cajero automático o pagar con tarjeta sin tener cuenta en el país.

El fajo es lo que garantiza mi supervivencia en una ciudad donde los nombres de todas las calles están escritos en persa. Bastan unos pasos fuera de la casa de huéspedes donde me alojo para que me encuentre totalmente perdido. Por supuesto pregunto todo el rato y compruebo la amabilidad y disposición de los iraníes, que tras la sorpresa inicial se juntas en grupos, familias y barrios enteros para tratar de entender qué es lo que demonios quiero.

Ellos están locos y van a desencadenar la tercera Guerra Mundial

Ninguno de ellos habla inglés, la mayoría de mis amigos sostiene que yo tampoco. Así que el asunto se complica, aunque abundan la mímica y las sonrisas bienintencionadas mientras farfullo el nombre de la calle donde se supone que me alojo. La cosa amenaza con eternizarse hasta que aparece Behnam, que me tranquiliza en un inglés perfecto y se ofrece a acompañarme. Behnam tiene 28 Jahr, es economista y a falta de trabajo hace números con los agravios que acumula frente a las autoridades religiosas del país, “ellos están locos y van a desencadenar la tercera Guerra Mundial”, gibt bekannt,. “Ellos” tienen la culpa de que gane tan poco, de que aún tenga que vivir con sus padres, de que para emborracharse se vea obligado a fabricar vino casero con sus amigos o a comprar una botella de vodka por un precio desorbitado en el mercado negro, tienen la culpa del paro y la corrupción, de que acceder a Facebook se convierta en una odisea en la que tiene que sortear más controles que para entrar al país. Sobre todo tienen la culpa de que a su edad el sexo casual sea una misión casi imposible.

Esta acelerada y tenebrosa radiografía de la juventud iraní la suelta Behnam en los quince minutos que tardamos en encontrar el hotel. ¿Y si los jóvenes estáis tan hartos por qué no os rebeláis? “Ha habido intentos, pero mientras ellos controlen el ejército, no hay nada que hacer. Además -dice bajando la voz- “hay que tener cuidado con significarse demasiado. Este país está lleno de espías”.

Day 2

EL Museo de Arte Contemporáneo de Teherán guarda una de las colecciones más importantes de Oriente Próximo. Cuesta trabajo dar con él, apenas un edificio pequeño y anodino escondido tras el parque Laleh. Hoy hay poca gente; aparte de la señora en Hiyab de la taquilla, un grupo de escolares, algún turista perdido y un anciano que disfruta ostensiblemente del aire acondicionado. La verdad es que tampoco hay mucho que ver. Un par de retrospectivas de artistas locales, esculturas en bronces que representan coches y electrodomésticos y una serie de cuadros abstractos. La parte más interesante del museo está en su sótano. Allí se amontonan picasos, mirós, sauras, polloks, kandinskys y magrittes. Cientos de obras coleccionadas gracias a la afición por el arte de Farah Diba, la esposa del Sha.

La parte más interesante del museo está en su sótano. Allí se amontonan picasos, mirós, sauras

 

Tras la revolución islámica el museo fue clausurado, a Jomeini casi todas sus obras le parecieron obscenas y al ser reabierto años después, la mayoría permanecieron ocultas. Los iraníes que viajen pueden verlas en museos de Berlín, París o Londres, en los breves periodos en que las prestan para muestras provisionales. Und 2013 gracias al presidente aperturista Alí Jannatí, muchas de ellas salieron de su encierro durante un breve periodo de tiempo. Los iraníes inundaron el museo para disfrutar de “El suicidio” y la Marilyn de Warhol, “o El pintor y su modelo”, de Picasso. Preguntado por si en el futuro se podrían exhibir de forma permanente, el director del centro declaró a la prensa: “El espacio del museo es limitado y todo no cabe”.

Day 4

Irán está inmersa desde hace un par de años en su segunda revolución, y ha sido recibida con las mismas muestras de éxtasis y fervor callejeros que la primera. Cientos de personas disparan contra todo lo que se mueva; plazas, Moscheen, fuentes y alfombras. Disparan unos contra otros, Mütter, tíos, sobrinos… incluso a sus propios hijos. Disparan abuelitos con bastón, y mujeres ataviadas con hiyab, negrísimas como cuervos. Desenfundan sus móviles y pasean entusiasmados con sus palos selfies al hombro. Si no tienes cuidado los iraníes disparan contra ti, mientras te abrazan sonrientes y te piden que mires al pajarito. La revolución selfie ha llegado al país para quedarse y entre las ruinas de Persépolis arrecia una balacera de flashes.

Persépolis son unas ruinas impresionantes correspondientes al imperio persa situadas a apenas unos kilómetros de la ciudad de Shiraz. El conjunto está bastante bien conservado y en días de fiesta como hoy, hasta los topes de turismo procedente de otras partes del país. El guía explica con detalle unos frisos cargados de leones y señores con aire de hipsters, maquillados y con barbas llenas de florituras. Desde el día que pisé Irán una frase se ha repetido recurrentemente como un mantra, por si acaso hay que deshacer algún equívoco; “Nosotros no somos árabes, somos persas”.

Subrayar su condición chií y marcar la diferencia con vecinos iraquíes o saudíes

Todos ponen especial cuidado en subrayar su condición chií y marcar la diferencia con vecinos iraquíes o saudíes que los occidentales identificamos con terrorismo. El pueblo iraní está orgulloso de su pasado a pesar de que las autoridades contemplen con recelo su herencia persa y prefieran resaltar el periodo histórico que comienza tras la llegada del Islán al país. El guía vuelve a repetirlo en estos momentos ”No somos árabes, somos persas” y la multitud aprueba satisfecha mientras posan y disparan delante de la comitiva del rey Darío que se dirige a darle una tunda a los griegos.

En Shiraz planeo viajar de noche y me dirijo a la estación de autobuses donde deposito tres kilos de dinero para pagar el pasaje. El taquillero estudia mi pasaporte con atención, mientras rellena el billete. Al llegar el turno de la casilla con mi nombre, intenta pronunciarlo divertido. Enruiqueeee Vakuerizooo. Pasamos un buen tiempo discutiendo sobre fonética y ortografía españolas, mientras canturrea canciones de otro Enrique célebre, el Iglesias, como homenaje. Tras un buen rato de garabatear algo con dificultad, me devuelve el pasaporte y me da un abrazo. Espero la hora de salida rodeado de mujeres vestidas de un color tan negro como la noche y repaso mi billete. En el lugar donde debería figurar mi nombre, el taquillero ha escrito; Mister Tourist.

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Kommentare (9)

  • Nacho

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    Muy bueno Enrique, me troncho con lo del Ayatolá porque es realmente así. Hug.

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  • Enrique Vaquerizo Domínguez

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    Muchas gracias Nacho, la verdad es que no puedes evitar sentirte un poco fiscalizado cuando ves ese cartel. Eine Umarmung

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  • Concha Santamaria

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    Me encanta tu frescura escribiendo. Me he enganchado!! Big kiss

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  • Enrique Vaquerizo

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    Muchas gracias Concha ¡Un abrazo!

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  • Pipu

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    Tu artículo me da aún más ganas de visitar Irán. Un honor leer estas líneas de tus viajes, querido padre.

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  • Ane

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    Me lo he pasado pipa en el bus rodeada de turbantes.

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  • Enrique Vaquerizo Domínguez

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    Pipu, Ane, SCHÖNEN DANK. Me alegro que os haya gustado. ¡A seguir viajando y a disfrutarlo!

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  • Mayte

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    Qué entretenido, Ich liebte! Un país al que me encantaría ir

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  • Isabel

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    Divertido y ameno , sobre un país muchas veces olvidado y muy desconocido

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