13 fotos de 2013

Por: Ricardo Coarasa (texto e fotos)
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Con 2103 todavía de cuerpo presente quiero escarbar en las fotografías que me ha dejado este año que ya es pasado antes de serle infiel con 2014. Encuentro trenes, montañas, sabanas, ciudades suspendidas sobre el agua, playas sin toallas, lagunas, ermitas, paisajes que me dejaron boquiabiertoEn cada una de estas imágenes me he dejado jirones de mi vida y, agora, al asomarme de nuevo a ellas, me siento obligado a ser indulgente con 2013.

Sóller (Mallorca)

Llegué a Sóller desde Palma de Mallorca a bordo de un tren centenario convertido en reclamo turístico. Era febrero y hacía frío. La sierra de Tramuntana estaba salpicada de nieve. Al llegar a la estación comenzamos a andar hasta dar la espalda al pueblo. Apetecía tomar algún sendero en dirección a los serrallos próximos. Pero non había tempo. Me quedé con ganas de volver. Y lo haré.

San Saturio (Soria)

Esta ermita sobre el Duero posee la magia de los castillos medievales. Hasta ella se llega por un paseo de nostalgias, melancolías y rincones románticos, esos mismos que encandilaron a Machado. Llegué a la ciudad en tren (o Campos de Castilla), como el poeta y recuerdo un fin de semana de poesía siguiendo sus huellas por Soria, caminando sus versos, masticándolos en el seco frío castellano.

Recuerdo un fin de semana de poesía siguiendo las huellas de Machado, caminando sus versos, masticándolos en el seco frío castellano

Peñalara (Madrid)

Por anos, todavía con el corazón dibujado de montañas del Pirineo, viví de espaldas a Navacerrada. Tardé mucho en descubrir Peñalara, pero desde hace tiempo subo varias veces al año a la cima más alta de la Comunidad de Madrid, la mayoría solo. Aunque en la montaña, de una forma u otra, nunca estás solo. En junio, aún con mucha nieve en sus laderas, me acerqué a probar unos crampones. No senda de Citores, sobre una ladera, se recortaba la silueta de varios montañeros unos metros por encima de mí.

Amsterdam (Holanda)

Amsterdam fue un empeño, un acto de rebeldía frente a varias horas de espera en su aeropuerto tras mi último viaje africano. Me subí al tren y me planté en la ciudad para navegar sus canales apresuradamente, con esa fugacidad que deshace las experiencias entre los dedos. Atardecía sobre los canales y las aguas brillaban con la luz del crepúsculo. Sabía que estaba pero no estaba. Non obstante, cuando regresé al aeropuerto era un tipo feliz.

Chinchón olía a lluvia, a ajos, a tierra mojada, a potaje de garbanzos y a hierba fresca esa mañana de invierno

Chinchón (Madrid)

La plaza mayor más famosa de Madrid tras la capitalina tiene aún ese aroma inconfundible de los pueblos de la infancia donde los olores no se confunden y los olfateas con la misma precisión que si los estuvieses diseccionando. Chinchón olía a lluvia, a ajos, a tierra mojada, a potaje de garbanzos y a hierba fresca esa mañana de invierno. Pero una vez en la plaza mayor, rodeado de sus bellos soportales, buscas la perspectiva y empiezas a caminar calle arriba hasta que, ya por encima de los tejados, se abre bajo tus pies el calvero de la plaza. Era día de mercado y el trasiego de mercancías y la presencia de furgonetas afeaba la estampa. Varias modernas esculturas jalonaban la plaza. De súpeto, un burro irrumpió con su andar cansino, reivindicándose.

Amboseli (Quenia)

En este parque keniano disfruté de los mejores atardeceres del año. Sin ellos, Amboseli también perduraría en mi memoria, porque cada mañana me despertaba con la imponente silueta del Kilimanjaro frente a mí. Solía demorarme un rato mirando a la montaña más alta de África antes de ir a desayunar, mientras jirafas, gacelas y elefantes pasaban frente a mí regalándome por decenas imágenes de ésas que pueblan los sueños africanos. Desde entón,, muchas mañanas me pregunto si el Kili estará o no cubierto por la niebla.

En Amboseli disfruté de los mejores atardeceres del año

Guadalupe (Estremadura)

Esta fotografía me produce frío. Tuve que madrugar bastante para sorprender a los primeros rayos de sol sobre la piedra de la catedral de Guadalupe. Había nevado por la noche sobre las crestas de la sierra de las Villuercas. El parque estaba vacío y el cielo, algo nublado, no hacía presagiar una luz especial. Pero de pronto el sol se abrió paso y, durante unos segundos, regaló esa atmósfera única del amanecer.

Rolando Gap (Huesca)

La subida desde Bujaruelo fue exigente y dos compañeros se dieron media vuelta por el camino. Al llegar a la Brecha de Rolando, uno de los paisajes más emblemáticos del Pirineo, sabía que lo íbamos a conseguir, que haríamos cima en el Taillon, un tres mil que tenía pendiente desde que, siendo un niño, me quedé en la Brecha y decidimos no continuar hacia la cumbre. Esa vez habíamos caminado desde el refugio de Góriz. El pequeño descanso rodeado del farallón de piedra fue extremadamente gratificante. Una hora después estábamos en la cima del Taillón.

En el Kandili Camp se respiraba esa libertad que añoras en la sabana cuando llegas por primera vez a África

Masai Mara (Quenia)

Es una de las experiencias que más me ha llenado en África. Había hecho hace años otro safari a pie en el Masai Mara, pero esta vez fue distinto. Na Kandili Camp se respiraba esa libertad que añoras en la sabana cuando llegas por primera vez a África sobrecargado de precauciones, prejuicios y ristras de advertencias. Ana y Aldo nos acogieron en su casa durante unos días y fue un privilegio compartir atardeceres con ellos. Un pedazo de mi corazón se quedó allí.

Gredos (Avila)

Poco antes de llegar a la laguna de Gredos, cuando la senda alcanza su máxima altitud y comienza a descender hacia el valle, los matorrales en flor amarillean el paisaje hasta engullir al excursionista. De súpeto, enfrente asoman los picos y serrallos del Circo de Gredos, co Almanzor en un extremo. El contraste es asombroso. Un, tamén, tienes la suerte de hacer la caminata un día laborable esquivando al gentío, el premio es doble.

Antes de hacer valoraciones precipitadas siempre me impongo al menos una condición: echar a andar

Hammamet (Tunisia)

No me gustan los juicios sumarísimos en los viajes. Y en todo caso, antes de hacer valoraciones precipitadas siempre me impongo al menos una condición: echar a andar. Las playas de Hammamet se cuentan entre las más turísticas de Túnez pero si te ponías a caminar por la orilla muy pronto pisabas arenales desiertos sin ningún hotel a la vista. Donde alguna vez hubo sombrillas ahora sólo quedaban las varillas oxidadas huérfanas de ramas secas. Y apetecía seguir caminando hacia el sur, verdade.

No alto das Guarramillas (Madrid)

Aunque había subido varias veces a la Maliciosa, nunca lo había hecho desde la Barranca, donde se afronta el desnivel más duro. Me fui solo a saldar esa cuenta y subí a buen ritmo hasta el outeiro de Piornal que separa el camino hacia la cumbre del que lleva al Alto de las Guarramillas. Ya en la cima, la senda hacia la Bola del Mundo se dibujaba como un cordel entre la retama y un gran nevero.

A veces un sueño se resume en un número y una letra: 1.224 F

Lunatic Express

A veces un sueño se resume en un número y una letra. 1.224 F. El número de coche y el compartimento donde viajé a bordo del Lunatic Express, el legendario Tren Lunático entre la costa del Índico y el Lago Victoria. Nosotros nos conformamos con hacer el trayecto entre Mombasa e Nairobi, un empeño largamente acariciado. Ese número y esa letra era la prueba de que, finalmente, lo habíamos conseguido. Lo de menos era la descomposición del mito. Había que subirse al tren para comprobarlo.

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