Qatar: o reino opaco que importa humana

Por: Javier Brandoli (texto e fotos)
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Camino del desierto, entre campos de gas llenos de chimeneas que escupen fuego y autopistas que van hasta la frontera hoy cerrada por el embargo de Arabia Saudí, el coche se abre paso entre una fila de coches todoterreno. ¿Eres catarí?, pregunto al conductor que nos lleva a perdernos hasta el mar del Golfo Pérsico. Él me mira extrañado, se ríe a carcajadas y me responde: “Noooo, los cataríes no conducen, para eso estamos nosotros, los extranjeros”. Mi conductor es paquistaní, se llama Faisal, y forma parte de la larga lista de foráneos que trabajan en un país donde la población local supone sólo el 12% de la población total del país.

“Los cataríes son amables pero ninguno de las personas que ve usted aquí son de Catar. Ellos aquí no vienen, viven al otro lado de la bahía. Todas esas personas que usted ve pasar son de Egipto, Túnez y otros países árabes que vienen acá de vacaciones”, me explica al día siguiente un camarero nepalí que trabaja en Souq Waqif, el gran bazar sobre el que se articula la vida social de este pequeño y rico país que en 2022 será la sede de la Copa del Mundo de Fútbol. Un hito para un estado que es independiente desde 1971 y que está enclavado en medio de un desierto que escupe millones de dólares. Entre sus necesarias importaciones de casi todos los productos imaginables para sobrevivir, la primera y más importante son seres humanos.

Catar es una rareza en el globo, un país donde la principal población del país es de otro país, India

Y así está ocurriendo. Catar es una rareza en el globo, un país donde la principal población del país es de otro país, India. Una de cada cuatro personas que vive en Catar es de la India. “Son la población principal”, nos explica Faisal junto a un indio que nos acompaña en el coche y asiente con la cabeza. En la segunda posición tampoco está Qatar sino Nepal, que tiene un 13% de la población total. El crecimiento demográfico es en todo caso cuantitativo. E 2010, Catar tenía una población de 1,7 millóns, cifra que en 2019 ha subido hasta los 2,7 millóns.

El problema es que está complicada situación demográfica de un país en el que el 88% de la población es de fuera acarrea el choque de dos fuertes clases sociales muy separadas. Con un 0,2% de desempleados, el país desde 2014 se situó como el de mayor renta per capita del mundo.

La llegada de la riqueza conllevó también un aumento de divorcios hasta el 40%

Eso ha cambiado el panorama de una tierra antaño de pastores de camellos en la que ahora emergen como palmeras enormes rascacielos de colores de los mejores arquitectos internacionales. El lujo se ha apoderado de los cataríes que no pagan por la educación ni la sanidad, tienen ofertas de empleo garantizadas al dejar la universidad, y también el gobierno les da gratuitamente la luz y el agua. Un reportaje de la BBC de 2014 afirma que la llegada de la riqueza conllevó también un aumento de divorcios hasta el 40% e que 66% de la población sufriera problemas de obesidad. “¿Ve todas esas tiendas que hay en el desierto? Los cataríes vienen el fin de semana aquí con sus familias. Se meten al desierto con sus coches y motos a conducir y hacer barbacoas por la noche”, me indica Faisal.

Al otro lado de ese mundo de lujo, y entiendan ese otro lado como algo casi geográfico partido por una bahía, hay una masa de trabajadores provenientes de otros países que son la mano de obra necesarias para levantar las mastodónticas infraestructuras del Mundial de Fútbol y de un país de menor tamaño que las Islas Malvinas.

Los escándalos sobre las condiciones en las que viven muchos de esos trabajadores se han sucedido en los últimos años pese a los últimos esfuerzos del gobierno catarí por mejorar su dañada imagen en la que les acusan de permitir casi la esclavitud. Amnistía Internacional hizo un informe que titulaba: “Catar, la Copa Mundial de la vergüenza”. Ahí relataba las pésimas condiciones laborales de los extranjeros, mayoritariamente del sudeste asiático, que vivían hacinados en barracas, engañados en sus salarios (son miles los que denuncian impagos) y bajo una legislación casi medieval.

Esa controvertida norma impedía la libertad de los extranjeros de abandonar el país sin el permiso de su jefe

La norma más polémica que finalmente ha cambiado en septiembre de 2018 era la llamada Kafala, que obligaba a los trabajadores extranjeros a tener la firma de su empleador para poder salir del país o para cambiar de empleo. En la práctica, esa controvertida norma impedía la libertad de los extranjeros de abandonar el país sin el permiso de su jefe. “¿Usted es de España? A mí me gustaría ir a España en cuanto pueda, he leído que allí la gente es muy libre”, me dice un nepalí. La libertad parece que sigue siendo algo añorado por los foráneos mientras se implanta la nueva norma.

El último reto de Qatar tiene ahora que ver con sus fronteras. “El 5 Xuño 2017, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto rompieron relaciones con Qatar, acusándolo de financiar y acoger a “terroristas” y de injerirse en los asuntos internos de sus vecinos. Arabia Saudí cerró la única frontera terrestre de Qatar, y los cuatro países cerraron su espacio aéreo a los vuelos con destino a Qatar. Arabia Saudí, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos prohibieron arbitrariamente a sus nacionales visitar Qatar o residir allí, y dieron a los qataríes 14 días para que se marcharan so pena de multa o de otras consecuencias no especificadas”, recuerda Amnistía Internacional.

“Nada ha cambiado, ahí siguen los camiones parados en la frontera con Arabia Saudí”

El conflicto sigue ahí. Las largas autopistas que cruzan el desierto catarí son ahora inservibles más allá de las fronteras. “Nada ha cambiado, ahí siguen los camiones parados en la frontera con Arabia Saudí”, Eu explico. Justo a lo lejos, beiramar, vemos Arabia Saudí. A nuestro lado hay un puesto de vigilancia militar ahora abandonado. El mar y el desierto parecen no moverse. Todo en Qatar parece irreal. Volvemos a la ciudad por una autopista de cinco carriles que iluminan potentes farolas de colores. A los lados, as sombras, emergen miles de barracas donde viven los trabajadores importados de la pobreza. Sin ellos, Qatar no existe.

PD. Consellos para a conducción: Algunos consejos para los viajeros que hacen escala en Catar 24 o 48 horas. Nuestro consejo es alojarse cerca del bazar Souq Waqif, aglutinador de la vida social de la ciudad, donde ir a cenar por las noches y recorrer sus puestos de venta. La excursión al desierto en 4×4 es también muy recomendable, especialmente si te gusta la adrenalina de conducir a toda velocidad entre las dunas. El museo de Arte Islámico es una joya arquitectónica y tiene una bella colección de piezas de diversas culturas islámicas. Nosotros no pudimos visitar el museo de Qatar, abre a finales de marzo de 2019, diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel. En el llamado Corniche, paseo marítimo, se pueden tomar los Dhow (barcos a vela) para recorrer la bahía y por la noche contemplar el espectacular skyline de Doha con sus rascacielos de colores.

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