Centinelas del camino

Por: Marian Ocaña e Vicente Plédel (Texto e fotos)
foto Anterior
seguinte

información título

contido información

Emergiendo de la madre tierra, unos gigantes hieráticos parecen vigilarnos mientras nos alejamos de la costa. La distancia con el océano se va haciendo mayor y la vegetación se torna más tupida a medida que nos sumergimos hacia el interior. Emergen altaneros los baobabs que, como centinelas del camino, dominan el entorno y nos escoltarán durante nuestro avance por el interior. Son los verdaderos protagonistas del paisaje pero no son los únicos; los bananos, árboles de la piña, mopanestambién brotan gallardamente en las praderas mientras la vegetación baja cubre melosamente las grandes moles de granito moldeadas con sensuales curvas por efecto de la erosión.

Emergen altaneros los baobabs que, como centinelas del camino, dominan el entorno

El pueblo de Bocoio, acunado por estos hermosos parajes, intenta superar su reciente triste pasado, cuando fue zona de intensos combates durante años. El boscaje intenta devorar las carcasas de carros de combate, tanquetas contorsionadas y camiones despedazados pero estos siniestros perfiles oxidados todavía se distinguen perfectamente. A propósito, jóvenes madres llevan cántaros y sacos sobre sus cabezas mientras paños anudados a sus espaldas transportan sus bebés, las nuevas generaciones que todos esperamos que nunca conozcan la guerra. Otra gigantesca tormenta rompe inopinadamente la magia del momento y transforma la pista en un peligroso barrizal. El tráfico se va deteniendo porque el camino se va mutando en río pero engranando la reductora de nuestro Mitsubishi Montero podemos seguir avanzando… chan. La época de lluvias irrumpe sin tregua pero confiamos estar fuera de Angola antes de los desbordamientos de los ríos.

Viramos hacia el sur en Wama y al ser la vía de comunicación principal de Angola ya hay tramos recién asfaltados por empresas chinas. Pero los tramos sin restaurar siguen estando llenos de boquetes que, tras cada lluvia, rebosan de barro rojo que salpica todo. El avance es lento, muy lento y en muchas poblaciones nos encontramos fachadas de edificios con miles de impactos de balas y agujeros de obuses. Fuera de las ciudades, avanzamos entre poblados de cabañas, precarias granjas y varios campamentos de desactivadores de minas. En las encrucijadas importantes brotan improvisados mercados, combis cargando y descargando gente, camiones deteniéndose para avituallarse y risueñas vendedoras ofreciendo frutas, carne, verduraEs tal el barullo de ruidos, carreras y risas que parecen ferias.

Nos encontramos fachadas de edificios con miles de impactos de balas y agujeros de obuses

La última noche la pasamos en una misión de padres mexicanos en Cahama. La misión la componen sólo tres padres pero hoy sólo hay uno, los otros dos se han ido a Namibia para hacer compras. Resulta trágico e irónico que incluso los productos de la tierra, como la fruta y verduras, sean más baratos en un supermercado extranjero a más de 200 Km. que si se compran en el mercado local.

El padre Andrés nos cuenta que lleva aquí cuatro años, es su primer destino y aunque al principio le resultó duro adaptarse ya empieza a ver algunos frutos, pero queda muchísimo por hacer. Combinan su labor de ayuda a los más necesitados con su misión evangelizadora, sobre todo cuando ciertas costumbres ancestrales se pegan de bruces con la moral católica. Nos confiesa que lo que más le trae de cabeza es la ceremonia de entrada en la pubertad de las muchachas de varias tribus de los alrededores. El paso de niña a adolescente se celebra con la pérdida de la virginidad de las mismas, de la cual se encarga la familia. Para esa ocasión llegan los tíos y primos, que van entrando en la cabaña y “haciendo mujer” a la niña. Tras la ceremonia, ya es una mujer y está lista para casarse.

El paso de niña a adolescente se celebra con la pérdida de la virginidad de las mismas, de la cual se encarga la familia.

La época de lluvias -cuyos preludios hemos padecido- ya está regando esta tierra, regenerando la vida pero a la vezgolpeando con la muerte en forma de inundaciones y terribles epidemias de cólera y malaria. Debemos reconocerle al pueblo angoleño una moral admirable, viendo la riqueza de su país en petróleo (segundo productor de África tras Nigeria) y diamantes (cuarto productor del mundo), y cómo una elite se enriquece mientras al pueblo le llega tan poco. Con todo, ahí están, arrimando el hombro y tratando de conservar lo más preciado que puede poseer un ser humano para seguir adelante: la paz… que abre las puertas a un mundo mejor.

  • acción

Escribir un comentario

Últimos tweets

RT @ Ricardocoarasa: Mi experiencia estos días en el Hong Kong lastrado por las protestas y los sucesivos enfrentamientos entre la Policía y…

Gerardo Granda Gerardo Granda