O espello do viaxeiro sedentario

Por: Ricardo Coarasa
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Pocas cosas hay más ilusionantes que la expectativa de un viaje. A comprobación, especialmente, cando a vida te levar lonxe de maletas e aeroportos, de la adrenalina que contagia un billete de avión. O viaxeiro é pasado como o toureiro: rexeita a cortar a cola. Ahora se cumplen dos años de mi último gran viaje. Nestes meses teño viaxado, menos que tería gusto, pero no he vuelto a experimentar esa excitación que precede a un periplo masticado durante tiempo, rabiscado en mapas, inmerso en libros e duermevelas.

El viajero sedentario está obligado a mirar por el retrovisor. Hacia esos otros viajes que quedaron atrás, un sucedáneo para sobrellevar la rutina y alimentar la nostalgia de los venideros. A ese primer avión rumbo a Atenas para 18 años, un remedo de viaje de fin de curso junto a tres buenos amigos mientras el resto de la clase hacía lo propio en uno organizado por el centro. Ya entonces huía de la mansedumbre del rebaño, refuxio de moitas incertezas. Chegamos na capital á medianoite helena, sen hotel aínda reservado, y al día siguiente salimos en barco del Pireo para perdernos una semana por las Illas do mar Exeo.

O viaxeiro é pasado como o toureiro: rexeita a cortar a cola

Han pasado muchos años de aquello, pero non o suficiente para distorsionar o tempo as emocións que a primeira experiencia de viaxar. Así que romper, que yo sentía como una aventura, me pareció deslumbrante. El huracán de los vuelos «low cost» todavía no había irrumpido en nuestras vidas y de internet no había noticias. Todo era un poco más complicado (e caro). Lembro unha viaxe de volta, éste para varios meses, un Portsmouth, no sur de Inglaterra. Eu fiabas de boca agora, con só un clic, ordenador reborda da pantalla por viaxeiros foros. Una recomendación de un amigo fue suficiente para decidir el destino y la familia de acogida. A falta de móviles y correo electrónico, sólo nos quedaban las cabinas de teléfono de El Corte Inglés (no sé si siguen existiendo) para hacer una llamada internacional y evitar así que el tráfico de la gran ciudad ahogase nuestro precario inglés. Hablamos con la familia en cuestión y cerramos el trato. Llegaría dentro de una semana a su casa. Y así lo hice. No había oído hablar antes de Portsmouth, pero iso era o de menos.

Entonces esa escapada me pareció deslumbrante. El huracán de los vuelos «low cost» todavía no había irrumpido en nuestras vidas y de internet no había noticias

Como dixen, a continuación, (sin Erasmus ni nada parecido) me pareció intrépido subirme a mi primer avión nada más cumplir los 18 años. Agora, con todo, todo o que é diferente. Mi hijo de cinco años ya ha volado media docena de veces, e ata atravesou o Atlántico, y mi hija pequeña se estrenó en un aeropuerto con apenas ocho meses de vida. Cando é a miña idade, certamente non chegar a entender que o seu avó, meu pai, sólo voló una vez en su vida, un Copenhague, e para celebrar o seu aniversario de prata.

As súas viaxes, Claro, condicionan los míos (también los enriquecen, Claro, e matices insuspeitadas cubrir). É unha servidume alegre, pero suxeición ao final do, que me prodiga en proyectos que no llegan a cumplirse y destinos que se alejan a la misma velocidad con la que se sueñan. De súpeto, teñen a oportunidade de viaxar Cidade do Cabo a compartir unos días con un buen amigo, relames ti unha ruta (desculpas polo anglicizou) por Annapurna ou paladeas unha viaxe a Cárpatos coa súa esposa. Y tu corazón asiente ilusionado a sabiendas de que tus posibilidades de llevar adelante los planes son remotas. Así, inevitablemente, acumulo ya folios y folios con información profusa sobre un puñado de viajes que no sé si llegaré a hacer.

Tu corazón asiente ilusionado a sabiendas de que tus posibilidades de llevar adelante los planes son remotas

Mais, de súpeto, un día recuerdas un paseo apresurado por una ciudad nórdica de la que te alejaste con cargo de conciencia tras una atropellada escala. E volve á carga. Determinada a seguir adiante, pese al sudoku de organizar la intendencia doméstica durante nuestra ausencia (grazas a todos os s). Cuando estas líneas se publiquen, estaré ya en Helsinki. O en Tallin. O en Estocolmo. Y, aunque sea por unos días, no tendré que mirar al retrovisor.

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Comentarios (6)

  • Eduardo

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    Un placer leer una narración que refleja vívidamente los sueños, paixóns e desexos, por veces inatingíveis de tantos de nós. E é que o extremo, soñar con viajar, es soñar con vivir. Grazas Ricardo

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  • Juan Antonio

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    Eduardo, como ben expresa: “soñar con viajar, es soñar con vivir”. Soñar con conocer lugares, pobos e culturas. Como bien dijo en una ocasión una persona querida: “viajar y conocer otros países da apertura a la mente y al entendimiento” No meu caso, para o meu traballo, para o que viaxa con frecuencia, pero non en lugares distantes, conozco un montón de pueblos y el trato con sus lugareños es un verdadero placer y me produce ese cosquilleo que apremia la curiosidad por saber, por saber, polo contacto sincero, completo e agradable……. Eles quere moito onde aterrou Ricardo……. e entón nós relatas.

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  • Daniel

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    Qué gran relato, Ricardo! Quedei conmovido coa idea de que o viaxeiro é sempre, pero non exercidas. Espero que estés disfrutando, sen mapas ou espellos ou comentarios foro. Bon voyage, amigo!!

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  • Belén

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    Eu gosto, Ricardo. Me he sentido identificada con tus palabras porque a mí también me pasa, hace tiempo desde mi último viaje y miro por el retrovisor para recordar con nostalgia las aventuras que ya viví. Y espero con ilusión las que vendrán 🙂

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  • Juancho

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    Conociéndote, habras preparou esta viaxe para que encha as bolsas máis nunha tempada longa. Imagino a tu mujer preparándose para una madurez viajera, cando os fillos ruxido e na casa na selva de formigón. Bon voyage, camarada!

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  • ricardo Coarasa

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    Grazas a todos. Recién llegado de ese viaje que ya asoma en el retrovisor. Y, claro, Juancho, con sacos cheos de experiencias. Las vaciaré aquí, e VAP, como sempre. Abzs

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