Grand Canyon: als er niemand meer is…

Door: J. Brandoli (tekst) y J.Brandoli / F. Wapenschild (foto's)
vorige Afbeelding
Volgende Afbeelding

info rubriek

info inhoud

De eerste keer dat ik het zag, was het een schaduw. We waren net te laat met onze auto vanuit Las Vegas, bijna 400 km, en ze vertelden ons dat het park is geopend 24 uur. We gingen het niet zien. La noche se deslizaba deprisa y sólo teníamos tiempo para intuir grietas, laderas y montañas. Imponía su dimensión. Parecía un lugar lejano en aquella oscuridad.

Luego decidimos salir y volver a nuestro hotel de Tusayan, junto a la entrada sur del Gran Cañón, prometiéndonos que si no vimos irse el sol lo veríamos volver. La noche era clara, de montaña, sin nada entorpeciendo el cielo.

Nos levantamos a las seis de la mañana y regresamos al parque. Nada más pasar el gate encontramos una manada de hembras de alce. El macho, algo más adelante, tenía una imponente osamenta. No pudimos detenernos a fotografiarlos, la claridad comenzaba a amenazar con no permitirnos ver trepar el sol entre las rocas.

Encontramos una manada de hembras de arce

Dejamos atrás el Mather Point de la noche anterior y nos dirigimos al Yavapi Point. El sol acababa de asomar e iluminaba la cresta de las piedras. Todo iba tomando una luz dorada lentamente, en una calma de dos mil millones de años que es el tiempo de aquellas rocas. Una escena que se ha repetido tantas veces no necesita imprevistos. Is stilte, licht, dag.

Yo recordaba aquella lenta película, de título Grand Canyon, que acaba con un hombre mirando las rocas del Cañón y sintiendo la insignificancia de todo, de él, frente a la perpetuidad de aquellas piedras. Todos nos iremos, ya nos fuimos, y ellas seguirán allí.

Dan, tras desayunar en el Market Plaza, seguimos al sur hasta Bright Angel Trailhead. Esa es zona de alta quebrada, como toda la vertiente sur del Cañón, la más alta y vistosa que no se contempla desde las turísticas excursiones que se hacen desde Las Vegas que no pasan de la zona oeste. Allí hay leyendas de pioneros y de indios. Y uno se revuelve ante esa historia que imponen los ganadores y que dicta que españoles y sudafricanos, bv, eran unos asesinos en busca de oro en sus respectivas conquistas y los estadounidenses eran un grupo de valientes exploradores que derrotaron a feroces y salvajes indios.

Aquellas montañas se ocuparon en busca de oro

La realidad es que aquellas montañas se ocuparon en busca de oro, y la realidad es que los sudafricanos, mexicanos y peruanos, bv, tienen por suerte y justicia aún población autóctona que pueda reivindicar su pasado. En Estados Unidos los indígenas son un goteo turístico y un montón de películas en las que siempre son los malos.

En el Bright Angel te obligan a dejar el coche y debes tomar unos autobuses si quieres seguir viendo la vertiente sur. También se puede hacer a pie, son cerca de 10 km, de fabuloso camino en el que el río Colorado queda a lo lejos y el mundo parece poder partirse en dos. Las vistas son abrumadoras. Las nubes crean sombras sobre las rocas y algo más abajo los enormes cuervos estadounidenses, que se han apoderado del parque, vuelan con la elegancia de las águilas.

La envidia es cuando ves las filas de caballos o de caminantes que tuvieron tiempo para pasar tres noches de trekking, bajar por las largas laderas, caminar por la orilla de un río y dormir junto a una hoguera. Hoy creo que pocos planes me pueden fascinar más que eso: un fuego y un cielo rotundo, estrellado, que imponga el silencio.

Navajos y hualapais tejían atardeceres limpios antes de la llegada del hombre blanco

Hacia el oeste, desde Mather Point, se toma el Desert View Drive. Se hace de nuevo en el coche y se acaba en el mirador de Desert View, donde el cauce se retuerce y navajos y hualapais tejían atardeceres limpios antes de la llegada del hombre blanco. Quedan sus restos y, por la magia del cine, parece que se les escucha bailar al son de los tambores.

El sol comienza a esconderse y vamos de nuevo a donde vimos ayer sombras. Es un mirador alto, con rocas que penden de alambres, lleno de gente. Insignificante presencia para aquellas rocas, principio y fin de todo. Ellas seguirán allí cuando ya no quedemos nadie.

  • Delen

Reacties (1)

  • Laura B

    |

    Maravillosas las rocas y la literatura de Brandoli,
    Gracias por compartir 🙂

    Antwoord

Schrijf een reactie

Laatste tweets

Geen tweets gevonden.