Recorrido por las iglesias desconsagradas de Nápoles

Por: Angelo Laudiero (texto e fotos)
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Entre los diferentes epítetos con los cuales se ha conocido Nápoles en el mundo, aparece también lo de “ciudad de las 500 cúpulas”. Y la razón se esplica sólo dando pocos pasos en uno de los centros hístoricos más atractivos del mundo: nos damos cuenta de la presencia física y espiritual de la religión en una ciudad que, realmente, siempre está entre lo sagrado y lo profano, entre ciega devoción y puro conjuro. Todo eso se llena de un sabor aún más esotérico con el número impresionante de iglesias desconsagradas: edificios de arquitectura gótica, barroca y neoclásica que representan un patrimonio histórico, artístico y cultural que se debe tutelar y que, al revés, se encuentra muchas veces en un estado de degradación y de abandono. Lo que sigue es una ruta por las iglesias desconsagradas de los Decumani napolitanos, en la esperanza que estas maravillosas obras de arte y arquitectura puedan volver al resplandor que merecen.

Nuestro itinerario empieza por la iglesia de San Giorgio dei Genovesi, en via Medina. El edificio fue construido por la comunidad Genovesa que vivía en el Reinado de Nápoles en la primera mitad del siglo XVI. Los Genoveses quisieron igualar a los Venecianos que tenían la exclusiva de un patronato en la embajada véneta en Spaccanapoli. La estructura es tipicamente barroca y se eleva por encima de una escalera realizada en el siglo XVII: en el interior se guarda una gran cantidad de obras de arte, la más famosa de las cuales es el cuadro Sant’Antonio risuscita un morto de Battistello Caracciolo, además de las pinturas de Giacomo Cestaro y Andrea da Salerno.

Edificada por los frailes Somaschi entre 1706 e 1725, la capilla fue cerrada en el siglo XIX

Dejándose a las espaldas la calle Medina y acercándose hacia el vientre de la ciudad, entre los estrechos callejones que suben hasta los Decumani, surgen a pocos metros de distancia una de la otra, tres iglesias muy peculiares: primeiro, en via Ecce Homo, es la iglesia de Santi Demetrio e Bonifacio. Edificada por los frailes Somaschi entre 1706 e 1725, la capilla fue cerrada en el siglo XIX con la supresión de los órdenes religiosos y en 1821 fue concedida a una congregación de estudiantes por la Curia arzobispal de Nápoles. Luego fue adquirida por la Facultad de arquitectura de la Universidad de NápolesFederico IIque la utiliza para seminarios, exposiciones y conferencias. En el interior se guardan tres pinturas del siglo XVIII: San Demetrio e San Bonifacio, la Madonna con Bambino e i Santi Paolo eremita, Leonardo abate e Ignazio martire.

La segunda, en largo Banchi Nuovi, es la iglesia de Santi Cosma e Damiano. O largo debe su nombre a los bancos de los mercantes que llamaron la zona “banchi nuovi” (bancos nuevos) después de la inundación de 1569 y de la reconstrucción del barrio. El topónimo se quedó aunque el mercado fue abandonado y el marqués Alfonso Sances di Grottola vendió el area a la Compañía de’ Barbieri. Estos construyeron la iglesia dedicada a los santos Cosma y Damiano en 1616 y ampliaron el edificio durante todo el siglo XVII.

En la fachada se pueden notar los arcos de los bancos del siglo XVI, el portal y las antiguas tiendas debajo de la grande ventana del siglo XVIII. Por encima del altar está puesta una tela de Donzelli y una segunda obra que se presume sea de la escuela de Luca Giordano. Desgraciadamente la iglesia se halla hoy en un estado de abandono total: o largo se ha convertido en el campo de fútbol de los scugnizzi (los niños del barrio), con la entrada de la iglesia como portería…

Se ha convertido en el campo de fútbol de los scugnizzi (los niños del barrio), con la entrada de la iglesia como portería

La tercera iglesia es la capilla Pappacoda, en largo San Giovanni Maggiore, muy cerca de la homónima basílica y enfrente del Palazzo Giusso, sede histórica de la Universidad de NápolesL’Orientale”, que utiliza la capilla para las ceremonias de graduación. E 1415 Artusio Pappacoda, consejero del rey Ladislao I de Anjou, quiso erigir una cámara mortuoria para sus descendientes y hoy se guardan en su interior los sepulcros de Angelo Pappacoda, obispo de Martorano y de Sigismondo Pappacoda, obispo de Tropea.

La capilla ha sido restaurada muchas veces durante los siglos, implicando la pérdida de algunas obras de arte y de varios frescos en las paredes. El portal de entrada, en estilo gótico, se caracteriza por las alegorías de Jesús con los Evangelistas y de la Virgen entre San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Arriba, entre un coro de ángeles, resplandece el blasón de los reyes de Anjou.

Subiendo hacia via Mezzocannone y superando la plaza San Domenico Maggiore, en via De Sanctis surge la capilla Sansevero, iglesia desconsagrada cerca del palacio de familia de los principes de Sansevero. La capilla fue establecida como templo sepulcral por Giovanni Sangro (1590), luego renovada por el hijo Alessandro (1610) y decorada artísticamente por Raimondo.

Y es sobre Raimondo di Sangro que se ha producido una multitud de leyendas: en 1753 el “principe patrón” comisionó a Giuseppe Sanmartino la obra il Cristo velato, conocido en todo el mundo por la mantilla marmórea que casi yace sobre el Cristo muerto. Se narra que el principe Raimondo habìa “marmorizado” el velo del Cristo a través de un proceso de alquimia realizado en los subterráneos de palacio Sansevero y que luego había ordenado cegar al Sanmartino para que no pudiera realizir una escultura tan extraordinaria para otros. Desde Antonio Canova – que habría dado diez años de vida para ser el escultor – hasta el Marqés de Sade y Matilde Serao, son muchos los visitantes que desde tres siglos se quedan sin palabras delante el esplendor y los misterios que enrollan il Cristo velato y la capilla Sansevero.

Había ordenado cegar al Sanmartino para que no pudiera realizir una escultura tan extraordinaria para otros

andando pola Decumano inferior en dirección de via San Biagio dei Librai, entrando en Vico Paparelle al Pendino, é o iglesa de Santa Maria della Stella alle Paparelle. En el caracteristico estilo del renacimiento napolitano (1519), la pequeña iglesia tenìa que recibir los restos mortales de Francesco Mormando, célebre arquitecto del siglo XVI. Luego la capilla formó parte del colegio construido por Lucia Paparo: de aquí el nombre que se refiere a la denominación que el pueblo napolitano dio a las huéspedes del colegio, llamadas “Paparelle”.

Santa Maria della Stella está enclavada entre altos edificios, bajo el nivel del pavimento de la calle: la fachada de piedra presenta un frontón con una ventana circular en el centro que da luz al ambiente interno. Hoy la iglesia pertenece a la Curia de Nápoles, aunque de momento está en las manos del Instituto Nacional de Estudios sobre el Renacimiento Meridional.

Nostra ruta se concluye en Piazzetta Sant’Andrea delle Dame, onde, cerca del hospital de los Incurabili, se eleva una iglesia que lleva tres nombres: Santa Maria Intercede, Sant’Aniello a Caponapoli o Sant’Agnello Maggiore. Segundo a tradición, esta es la iglesia donde está enterrado Sant’Aniello, obispo de Nápoles en el siglo VI, defensor de la ciudad durante el asedio de los Longobardi y santo protector del reinado borbónico.

Desgraciadamente durante siglos la iglesia ha sufrido muchos robos y actos vandálicos

Se dice que en el mismo sitio sus padres hicieron construir una pequeña iglesia dedicada a Santa Maria Intercede para agradecer la Virgen el nacimiento del niño; despois, en el siglo IX, el obispo Atanasio hizo erigir un nuevo templo que tenía que recibir las reliquias del santo. Desgraciadamente durante siglos la iglesia ha sufrido muchos robos y actos vandálicos contra obras de gran valor como el altar mayor, obra maestra de Girolamo Santacroce (1524). El edificio surge sobra la antigiua acrópolis de Neapolis y por eso es posible ver la estratificación histórica urbana desde la época de la fundación griega hasta hoy.

Estos y muchos otros lugares encerrados en las angostas travesías de Nápoles siguen alimentando las fantasias y las creencias populares desde siglos. Sitios que celan un pasado misterioso e insondable hecho de personajes legendarios, antiguas maldiciones, cerimonias esotéricas, logias masónicas y rituales supersticiosos. Es por eso que la ciudad de Parténope captura la imaginación y los sueños de los viajeros que desean revivir el encanto del “auténtico”, del “inusual”, del “extraordinario” y que esperan recorrer un hipotético Grand Tour contemporáneo: afortunadamente casi nunca se quedan desilusionados.

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