De geur van de armoede

Door: Javier Brandoli (tekst en foto's)
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Steden hebben altijd persoonlijke geur. Een soort neus die geen klap je vergeet. Wanneer kom je naar dezelfde plek herinnert u de aparte geur die er geleerd om op te kauwen. Cape Town Ik rook niets. Ik was verrast, hoewel ik merkte hun gebrek aan geur de eerste ochtend dat ik miste de stad en dacht erover. Een slecht voorteken. Als een stad heeft geen geur, is dat het geen ziel heeft. Ik zocht en vond ik vanmorgen. Ik deed het op een trein van het centraal station en naar het zuiden, naar Bay Kalk (een prachtige vissersdorp). Ze struikelde over de geur die ik zocht en gerealiseerd, neuken, Hij miste de geur van ellende. Misschien, als een reflex, Ik kwam naar Afrika denken ik moet de dikke lucht die absolute armoede creëert vinden. In Kaapstad is er wit, huele a Europa, a mi ciudad; no huele a nada. Gaan, zonder het te beseffen, caigo en la trampa del genial artículo del escritor keniano, Binyavanga Wainaina, que reboté en primer post (recomiendo leerlo). ¿La África real es pobreza?

Entré en el tren con cuatro amigos, gente estupenda y de los que hablaré en otro momento (tienes historias realmente interesantes), y decidimos ir a los vagones de segunda clase. Habíamos pagado primera sin que la taquillera nos informara siquiera de que había billetes más baratos, pero Natascha y Esteban querían ir en los vagones de cola. Cursus, éramos los únicos blancos de un vagón plagado de decenas de negros que hacen la misma ruta, aunque la mayoría de ellos no van a Kalk Bay sino a sus casas del township. El olor de aquel tren era, en algunos momentos, nauseabundo. No era muy constante, pero había un fuerte rastro de miseria que vacilaba en escapar por las numerosas ventanas que se iban abriendo.

Una pequeña avalancha en el tren

bij ons, una madre intentaba sujetar a una niña de ojos grandes y cara linda. In de verte, unos chicos jugaban a las cartas en el suelo. Frente a ellos estaba sentado un hombre vestido desde la cabeza hasta los pies con sacos (hasta el sombrero era un saco). Tres chicos usaban sus móviles para escuchar música y bailar. Poco a poco el vagón se iba llenando, hasta los topes. Plotseling, el tren para en una estación cercana a un gueto. Se forma una avalancha. Parece que ha habido un robo. Hay dinero tirado por el suelo. Empujones y gritos. Salen, cuando se abren las puertas, en tromba. El vagón se queda casi vacío.

Todo era fotografiable. Todo lo que allí pasaba. Natascha quiso sacar la cámara, pero le dijimos que no lo hiciera. Werkelijk, los únicos fotografiables allí éramos nosotros, no ellos (entiéndase nosotros como una referencia). Nosotros éramos los “raros” en aquel vagón. Pienso en las veces que habré mirado en mi vida con curiosidad a un negro en el metro. ¿Cómo me sentiría yo si todas aquellas personas hubieran tenido una cámara y me hubieran empezado a hacer fotos? ¿Por qué nos empeñamos en ir en un vagón al que probablemente nunca me subiría en mi ciudad si me dijeran que va lleno de blancos trabajadores como yo? Aan de andere kant, sino subo a ese vagón no vería escenas que se escapan de mi imaginación. “Soy un tipo curioso”, Ik zeg. Lo soy, pero estas situaciones siempre me crean dudas éticas.

Caminamos por su arena, llena de cristales; quedan aún algunas tiendas de campaña y al fondo un numeroso grupo de gente prepara una barbacoa

En Kalk Bay la escena se repite. Carles y Cinthia me dicen que en verano esta es la playa elegida por los negros. La gente acampa y duerme en la misma arena. La basura se acumula. Geur, in deel, no se ha ido. Caminamos por su arena, llena de cristales; quedan aún algunas tiendas de campaña y al fondo un numeroso grupo de gente prepara una barbacoa. En el puerto el pescado, atado con cuerdas, se expone y vende tirado en el suelo. Algunos leones marinos se acercan hasta allí a comer los restos que les lanzan los vendedores. En una pileta de agua teñida de sangre una mujer se afana en limpiar un pescado. Huele a lonja. La música callejera ameniza un lugar plagado de encanto. Volvemos a la estación y comemos en un restaurante con vistas al océano. El color de la piel de la gente de nuestro entorno ha mutado. Betaald 20 per hoofd (una fortuna para esta ciudad). Volvemos a Ciudad del Cabo y en el trayecto me pregunto: ¿Por qué creo que hoy he visto por una rendija la vida real de este sitio? ¿Por ser mayoría? ¿Por ser más emocionante de contar? ¿Por ser diferente? ¿Por todo a la vez?… ¿Por qué ha sido mi mejor día desde que he aterrizado aquí?

  • Delen

Reacties (5)

  • Despeinada

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    Este el primero de todos los mejores días que te quedan en esa África que aún no conoces. Te quedan por exprimir centenares de olores. Eres bueno transmitiéndolos. Te aseguro que en esta silla de despacho huele a pescao, chaval. Sigue curioseando y disfrutando. Kisses. Ciao

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  • Oscar

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    No hay duda del diferente estado de percepción en el que nos situamos cuando abandonamos nuestro entorno. No cierres esa mirada curiosa y sigue haciéndonos sentir, met uw woorden, partícipe de esta aventura. Pan-africano!!!

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  • DE BIS

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    Estamos en Madrid y hasta aquí, ha llegado el olor de Africa, de tu africa, de la Africa de diferentes colores y sabores. Dice Despeinada que eres bueno transmitiendo olores. Compartimos sus palabras. Nosotros hoy hemos tocado el olor con tu relato. Kisses.

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  • Lisetta

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    Que decir? creo que ya esta todo dicho, yo que hoy estoy moña, te extraño mas que ayer y te envidio un poco menos que mañana…. Muy bonito pero sobre todo muy real. Intentaré que tu madre lea esto para que se vaya con puechero a la cama y gorda de orgullo.
    Van Madrid, en un dia lluvioso, triste y poco apetecible te mando un beso gordo, gordo. Sigue así que con estas letras nos sacas del aburrido día a día

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  • Xavier

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    Lo cierto es que este es un lugar lleno de matices y diferencias. Me alegro de que os haya gustado. Besos a la familiy

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