Artouste: os Heights trenzinho

Por: Ricardo Coarasa (texto e fotos)
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El día ha amanecido bronco, tan huraño como un buenos días sin respuesta, tan decepcionante como una mano tendida colgada de la nada. Estamos a principios de septiembre, pero hace mucho frío y la niebla se ha quedado dormida en las montañas. La pequeña localidad de Fabrèges, en el Pirineo francés, parece, como todas las mañanas, en el espejo del lago que lleva su nombre, de un azul tan intenso que cualquiera diría que se ha caído a sus aguas un trozo de cielo.

Aquí mismo, atrás 90 anos, se puso en marcha un proyecto gigantesco: la construcción de una gran presa (con capacidad para 24 millones de metros cúbicos de agua) un 2.000 metros, capaz de suministrar electricidad a todo el valle de Ossau. Para trasladar a los miles de obreros que trabajaron en su construcción durante ocho años, así como el abundante material necesario, se tendió una línea férrea, con un ancho de vía de poco más de medio metro, y un pequeño tren de madera que hoy, case un século despois, todavía circula como atracción turística y que se enorgullece de ser el que circula a más altitud en Europa.

El día ha amanecido bronco, tan huraño como un buenos días sin respuesta

Salvo, claro, cuando la niebla hurta el paisaje y engulle las vías y las lluvias provocan desprendimientos que entorpecen el trayecto. Hoy es uno de esos días y, tras llegar en telecabina a la coqueta estación ferroviaria, nos informan de que el servicio queda interrumpido por imperativo meteorológico. No queda otro remedio que regresar otro día. E así facemos. De nuevo cruzando la frontera por el Portalet, esta vez el tiempo se muestra más clemente. Antes de llegar a Fabrèges, un rebaño de ovejas en busca de pastos más frescos ralentiza el viaje durante un buen rato pues, Despois do, circulamos sobre antiguas vías pecuarias. Las ovejas llegaron antes que los coches, así que es obligado mostrarse paciente.

Pagamos 63 euros por los tres billetes, incluido el viaje en telecabina. Si alguien quiere ahorrárselo, un sendero muy marcado asciende la montaña en zig-zag. Por medios mecánicos se tarda diez minutos en llegar a la estación y, caminando, calculo que algo más de una hora a buen ritmo. A medida que el telecabina nos acerca a nuestro destino, o Lac de Fabrèges se va empequeñeciendo a nuestros pies hasta parecer apenas un charco. Unha vez que se, la mole del Midi d´Ossau emerge entre la niebla como un pedernal prehistórico.

La mole del Midi d´Ossau emerge entre la niebla como un pedernal prehistórico

El tren sale cada hora y los vagones, ao aire libre, dejan disfrutar de las imponentes vistas de las montañas que circundan el valle glaciar de Ossau mientras se circula entre escarpaduras y pronunciadas laderas camino de la estación de La Sagette. Nada más arrancar, atraviesa un angosto túnel que sume a los pasajeros en la oscuridad, saliendo poco después a cielo abierto y al empacho de panorámicas. Sólo existe una vía, por lo que en un par de lugares, cuando ésta se desdobla, hay que detenerse hasta cruzarse con el trenecito que baja en dirección contraria. nalgúns 15 kph, el recorrido es muy agradable, sobre todo si se viaja con niños, pues ésta es una excursión muy familiar.

Cuando la presa estuvo terminada en 1932, el Consejo General de los Pirineos Atlánticos se propuso aprovechar la obra ferroviaria como atractivo turístico. El pequeño tren de Artouste nace con apenas tres coches de madera remolcados por un motor Renault y sólo circula los domingos de verano. La apuesta sale bien y en los años 60 se inaugura una estación de esquí.
Ya en la estacion de La Sagette, hay que caminar diez minutos hasta la presa. Es la parte más ingrata del recorrido, sobre todo si el tren sube lleno y la procesión es inevitable. Mais, al llegar al embalse, el circo que se abre ante nosotros compensa cualquier esporádico sinsabor. La comunión con la montaña es inmediata y más plena a medida que uno logra alejarse de la concurrencia.

Los vagones, ao aire libre, dejan disfrutar de las imponentes vistas de las montañas que circundan el valle glaciar de Ossau

La presa de Artouste se puede atravesar por un puente y, en, parte un sendero que discurre a media ladera por la otra vertiente del valle en dirección al Lac de Carnau (una hora y cuarto) y al collado de Artouste (dos horas). Conviene, si, calcular bien el tiempo para no perder el último tren de regreso si es que no se quiere afrontar una larga caminata por las vías. Con esos cálculos bien presentes y tras una hora de andar, pasando por algunos tramos bastante aéreos y sin atisbar siquiera el Lac de Carnau, nos damos la vuelta en dirección a La Sagette, justo cuando la niebla empieza a encimar las montañas y el frío es cada vez más intenso, no sin antes almorzar en un peñasco sobre el lago.

Pero esperar a última hora para regresar tiene sus servidumbres y la estación está repleta de turistas intentando subirse al siguiente tren. Despois 45 minutos de espera sumidos en la indeseable picaresca de las colas, nos subimos in extremis al que sale a las cuatro menos cuarto, aunque no hay más remedio que viajar separados si no queremos esperar al siguiente. El regreso es frío y desapacible, abrigados con lo primero que tenemos a mano. Ya estamos saciados de paisajes y, perseguidos por la niebla, sólo pensamos en llegar.

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