Debre Damo: el monestir de la corda i la serp
- Debre Damo
El monjo llança la corda des de dalt. Miro cap amunt. Més de 15 metres de paret vertical em separen del religiós. És l'única manera de pujar al monestir. Estic a les seves mans.
Potser he escrit "corda" amb massa rapidesa. Es tracta, en realitat, de tires de pell de bou entrellaçades a les quals cal agafar-se per grimpar per la roca mentre, des de dalt, intenten izarte a pols com un sac gràcies a un rudimentari arnès: un nus al voltant de la cintura. Penso fugaçment en el molt que m'ha costat arribar fins a aquest paisatge pedregós del nord d'Etiòpia confrontant amb Eritrea. Penso en una possible caiguda. Penso, sobretot, en per què estic aquí.
Quinze anys enrere havia conegut a l'combonià Juan González Núñez, un dels majors coneixedors i divulgadors de la història etíop al nostre país. De la seva excepcional "Etiòpia: homes, llocs i mites "també em va quedar gravada una frase, gairebé un repte:
"Pocs amics de la història etíop poden gloriar-se d'haver arribat fins Debre Damo i penjat per la paret de roca nua penjats d'una corda "
El missioner va escriure això a principis dels anys 80. Un quart de segle després, tot havia canviat. Aquests paisatges desolats ja no són el recer de la guerrilla del Tigray i el sagnant conflicte bèl · lic amb Eritrea (del qual encara queden calius) ja és història. Les facilitats per arribar són ara infinitament més grans. I això que aquestes terres encara amaguen un bon nombre de mines d'aquells anys sagnants. Calia intentar-.
Mig centenar de vilatans lamenta amb càntics i resos la mort d'un ésser estimat. A mi em sembla un rèquiem al enèsim turista a punt de estimbar
A la ruta des Axum una Mekele, encaminar-se a Debre Damo obliga a dirigir-se cap al nord, a la frontera amb Eritrea, el que allarga molt el camí en un país on els camins no es recorren, es paladegen. La presència de soldats fusell a la mà és cada vegada més gran.
Després d'una infernal pista de pedruscall i esvorancs traïdors hem arribat per fi a un poblat fantasma que s'assenta-circumdat per un horitzó de terra seca, de chumberales i euforbias- als peus de Debre Damo. Cal continuar pujant a peu, amb l'amenaçadora presència de la mola de pedra de més d'un quilòmetre de llarg i 400 d'ample sobre els nostres caps. Mig centenar de vilatans lamenta amb càntics i resos la mort d'un ésser estimat. A mi em sembla un rèquiem al enèsim turista a punt de estimbar.
No és, aquest de Debre Damo, un monestir qualsevol. A la fi del segle V, un grupo de monjes conocidos como “los nueve santos” se encargaron de evangelizar el norte del país. Un d'ells, san Miguel Aregawi, fue el fundador de este recóndito monasterio situado a 2.200 metres d'altitud.
En semejante trance, me conjuro para trepar por la pared desnuda ahuyentado la tentación de hacerlo como un cántaro. ¿Y si el monje desfallece y suelta la cuerda? ¿Y si se rompe y me despeño? Pero ahora tengo otras preocupaciones. Mis amigos etíopes me han explicado que nadie que tenga su conciencia en paz debe tener miedo a caerse. Por si acaso, improviso un acelerado examen de conciencia que, ante la avalancha de errores y desatinos, no hace sino intranquilizarme todavía más.
Me agarro a cualquier presa como si me fuera la vida. Resoplando como un becerro camino del matadero, consigo hacerme oír por los de arriba
La leyenda apunta que Aregawi pudo trepar hasta la cima ayudado de una gigantesca serpiente enviada por Dios para que fundara el monasterio, que todavía hoy prohíbe el acceso a las mujeres (he leído que los monjes ni siquiera suben a Debre Damo animales hembras). Pero aquí no hay ni rastro de serpientes encantadas.
Dos adolescentes, monaguillos del monasterio, se ofrecen a subir junto a mí a cambio de unos dólares que todavía no piden, pero que se intuyen. Alguien pregunta allí arriba si estoy preparado. En ningún caso, pero qué mas da. Me agarro a cualquier presa como si me fuera la vida mientras tiran de mí cada vez con más presión. Resoplando como un becerro camino del matadero, consigo hacerme oír por los de arriba.
–Wait, wait, please– les grito para que no continúen tirando.
Aún tengo que pararme un par de veces más. Nunca pensé que 17 metros dieran para tanto. Los últimos metros son todavía más expuestos, pero al menos ya puedo verle la cara a mis dos ángeles benefactores. Estoy arriba. Los chicos sonríen. Jo, també. Había luz al final del túnel.
Mientras llegamos a la pradera, se adivinan ya los techos rojos de la iglesia, flanqueada por una torre de tres pisos de planta cuadrada. Salen a mi encuentro cuatro monjes envueltos en ropajes humildes. Uno de ellos se adelanta y ofrece la cruz a los dos muchachos para que la besen. Me intriga saber si todavía está prohibido subir animales hembras.
–Tenemos gallinas y gatas– reconoce uno de los monjes. El progreso está en marcha.
Uno de los sacerdotes explica que los más jóvenes bajan cada día a por comida para toda la comunidad. En este nido de monjes-pájaro son los benjamines los que alimentan a sus mayores.
Mientras el sacerdote cumplimenta la hoja de visita con lángida parsimonia, uno de los chavales me invita a entrar a la iglesia después de descalzarnos. Gairebé no hi ha llum. En el Qeddest, lugar santo por excelencia, el muchacho orilla cualquier remilgo y me descubre el Tabot, el libro sagrado de la liturgia, dejando al descubierto sus páginas de esmerada caligrafía geez (el latín etíope) y grabados inundados de color. Mentre, el monje guardián sigue encorvado sobre el papel, sin moverse del quicio de la puerta, envolviendo de ceremoniosidad el cobro de los 100 birrs de la entrada (apenas ocho euros al cambio, un sablazo considerable por estos lares).
Caminamos sobre un inmenso camposanto. Me han recibido los monjes vivos y me despiden los muertos
Subimos al cercano campanario. Als nostres peus, hasta donde alcanza la vista, se encuentran las habitaciones de los más de 200 monjes, de una sola planta y construidas en piedra. Un estrecho camino desciende el peñón de Debre Damo por el norte, donde al poco rato descuella una bella capilla pintada de azul, encaramada en una terraza natural.
Caminamos sobre un inmenso camposanto, sobre el último reposo de los monjes que ya entregaron su alma a Dios o al diablo. Las tumbas más antiguas aprovecharon pequeñas cuevas donde asoma un fémur rebelde por aquí o una calavera expectante por allá… Me han recibido los monjes vivos y me despiden los muertos. Nada que objetar.
Ahí abajo sigue el monje-polea, esperando su merecida recompensa. Me puede pedir lo que quiera, pero se conforma con veinte birrs. Su mozo de cuerda, aprovechando la coyuntura, reclama otros diez. Se ha desatado la caza del “faranji”.
La operación resulta ahora mucho más sencilla y menos fatigosa y en un abrir y cerrar de ojos ya estoy abajo. Media docena de muchachas cantan y bailan alborozadas a los pies de Debre Damo, no sé si para celebrar que el “faranji” ha regresado de una pieza o para aportar su granito de arena al común objetivo de que me vaya sin un birr en los bolsillos.
Tras cumplimentar las últimas propinas, que elevan la factura a unos diez euros, doy la espalda al peñón con la satisfacción del viejo sueño cumplido. El cortejo fúnebre no se ha disuelto todavía. Hombres y mujeres siguen llorando al difunto por separado entre chumberas atormentadas por el sol fronterizo.
Les investigacions realitzades:
- debre damo
- Felsenhöhlen Tigray-Region Mekele Äthiopien
- monasterio de culebras
- el Monasterio de Debre Damo
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- fotos de sitio donde se llega solo si se le sube por cuerdas cerca de Etiopia
- веревки и змеи
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Comentaris (10)
Juancho
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Tenemos gallinas y gatas. El progreso está en marcha. Qué genial historia, Ricardo. Enhorabona
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ricardo
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Tu que tambien has viajado lo tuyo, Juancho, sabes perfectamente que el progreso es siempre una verdad relativa. Gracias por tu apoyo. Me alegra de que te haya gustado. Etiopía desde luego merece un viaje. ABZ
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gabi c
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Brutal, me ha encantado esta aventura
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IKorca
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Gracias por compartir esta gran aventura Etíope, ya que nosotras tras llegar allí no pudimos subir . Sobre todo enhorabuena subir a Debre Damo, que no es fácil.
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Prohibido entrar hembras en el monasterio que se sube con cuerdas
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[...] "Criteo-300×250", 300, 250); 1 meneos Prohibido entrar hembras en el monasterio que se sube con cuerdas http://www.viajesalpasado.com/debre-damo-el-monasterio-de-la-cue… per Gzira fa [...]
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ricardo
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Gracias Ikorca. La verdad es que cuando ves caer la cuerda y miras para arriba se te cae el alma a los pies. ¿No os avisaron de que no dejaban entrar a las mujeres o queriais probar suerte en todo caso? Seguiré contando historias de mi viaje por Etiopía, espero que las sigas con el mismo interes. Una salutació
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Alex
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Et descobreixo sorprès per aquí (sobre todo gracias a la foto) con esta magnífica historia. Me das bastante envidia a pesar de la cuerda jeje. Enhorabuena y un abrazo desde zgz (y en recuerdo de Tallin siempre…)
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ricardo
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Que bo saber de tu Alejandro! Precisamente la semana proxima voy a estar por zaragoza. Si te va bien nos vemos y nos tomamos algo. Ya me alegra ponerte por fin un mail que no sea para pedirte un favor. Gracias como siempre por tu apoyo. ABZ
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belen
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Vostè felicitar Ricardo. No podies haver explicat la història millor. La verdad es que como mujer me indigna esto de que nos deniegen en acceso a determinados sitios, en Etiopía no es infrecuente, aunque si te soy sincera, ni pudiendo me subo por esa cuerda por llamarla de alguna forma.
FELICIDADES A TODOS POR VUESTRA PÁGINA. MUCHOS EXITOS QUE SEGURO LLEGARÁN.
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ricardo
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Gràcies Belen. Tienes razon que en Etiopía se impide en muchos templos la entrada a las mujeres (no en todos, Debre Libanos por ejemplo).Se agradecen los elogios. Todos los que hacemos VaP trabajamos con la ilusión de que la web se convierta en un referente en el panorama viajero. Nuestro éxito, en tot cas, es cada uno de nuestros lectores.
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