Cent anys d'alpinisme (NOSALTRES): “Llegar arriba o morir”

Per: Sebastián Álvaro (fotos S. Álvaro i E. M. de Pisón)
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La Primera Guerra Mundial causó una ruptura en las formas de alpinismo, però, al igual que ocurriría en la Segunda Guerra Mundial, propició avances tecnológicos que impulsaron el desarrollo posterior del montañismo y cambios sociológicos en los alpinistas que a partir de entonces se dirigieron a las montañas. Por ello el corto periodo de veinte años que separa las dos grandes guerras es uno de los más convulsos de Europa y de los más interesantes de la historia del alpinismo.

Incluso antes de que Mascarada desapareciese en el Nanga Parbat, un nuevo desarrollo del alpinismo se había impulsado desde los clubs alpinos y asociaciones del continente, especialmente en las universidades de Zurich, Viena, Berna y Munich. En los años veinte nadie estaba a salvo en Europa de las ideas nacionalistas exacerbadas. Las condiciones humillantes impuestas por los países vencedores a Alemania, unidas a la crisis económica y social y la situación de extrema miseria en la que vivían amplias capas de la población, el miedo a la revolución proletaria (como la que había llevado al poder en Rusia a los bolcheviques) propiciaron el ascenso del fascismo. Un fenómeno que se extendería como una mancha de aceite por toda Europa y terminaría abocando al mundo a la mayor tragedia conocida por la Humanidad.

El corto periodo de veinte años que separa las dos grandes guerras es uno de los más interesantes de la historia del alpinismo

A comienzos de los años treinta el desempleo y la falta de perspectivas provocaron que buena parte de la juventud alemana eligiera un tipo de vida aventurera y errante como alternativa. Fueron llamados “wandervögell” (pájaros emigrantes). Muchos se veían forzados a vivir una vida de vagabundos en torno a la montaña, muy especialmente alrededor de Munic. Así surgió una generación de alpinistas, siempre en busca de dificultades extremas, alejados tanto de la discusión filosófica sobre el sentido de las ascensiones como de los valores de la burguesía, que hasta entonces había sido preponderante en el alpinismo tradicional. Aunque compartían, sens dubte, la aventura de la naturaleza y la montaña en particular, para ellos lo primordial era poner a prueba sus fuerzas y el sentido de libertad que encontraban ejercitándose en condiciones extremas.

Y existía una gran base. En 1919 la federación alpina alemana era la mayor del mundo y ya contaba con 250.000 afiliados. La contaminación ideológica en estos años fue especialmente corrosiva. En esta época se derrumba la concepción naturalista de la montaña, el espíritu ilustrado, científico y humanista, así como el estilo deportivo representado por los caballeros liberales ingleses del Alpine Club, que se definía así mismo como un “club de caballeros que ocasionalmente escalan”. Esta concepción es sustituida por el entusiasmo de una generación de jóvenes aleccionados en el deber, el coraje y la lucha.

Como decía André Roch, aquellos alpinistas no tenían derecho a escoger: “llegar arriba o morir”

En la publicación de la federación alemana de estos años se pueden leer frases como la siguiente: “Id a buscar esa valentía en la lucha con las montañas. Porque llegará ese día en el que necesitareis estar entrenados para luchar” Como decía André Roch: “Aquellos alpinistas no tenían derecho a escoger: “llegar arriba o morir”. Así se explica que Anderl Heckmair, el vencedor de la norte del Eiger, recordara años más tarde: “Por aquel entonces era casi normal que los domingos alguien se cayera. El lunes era el rescate y el jueves el entierro. Y después del entierro solíamos quedar para el fin de semana siguiente para hacer alguna ruta como es debido”.

En este contexto, en el que las montañas ceden su protagonismo a las rutas difíciles y expuestas, es en el que cuaja la idea de los “últimos grandes problemas” de los Alpes: las caras nortes del Eiger, l' Matterhorn i les Grandes Jorasses. A pesar de esa contaminación ideológica y el ambiente prebélico, que se palpaba también en las montañas, (para algunos alpinistas, como refleja Frison-Roche en uno de sus libros, “la guerra ya había comenzado”), las escaladas de estos años suponen una auténtica revolución, tanto por sus objetivos como por sus relevantes protagonistas: ha cambiado su psicología, la extracción social, el compromiso y atrevimiento.

La contaminación ideológica y el ambiente prebélico se palpaba también en las montañas: para algunos alpinistas, la guerra ya había comenzado

I, después de no pocos sacrificios humanos, los últimos problemas se van resolviendo. En 1931 es escalada la cara norte del Cervino por los hermanos Franz y Toni Schmid que recibieron la medalla de oro olímpica. Aquest mateix any, otros extraordinarios alpinistas alemanes, Willy Merkl y Willo Welzembach realizan la escalada de la cara norte de los Grands Charmoz, en unas condiciones particularmente duras y extremadamente peligrosas. Estos dos alpinistas bien pueden representar a esta gran generación de alpinistas alemanes de entreguerras. Welzembach, nacido en Munich en 1900 y muerto en el Nanga en 1934 (junto con Willy Merkl, Uli Wieland -set xerpes), realitzar 43 primeres ascensions extraordinàries, sent un dels més formidables escaladors d'aquest turbulent període. Va ser l'impulsor de l'escala de graduació i un innovador de l'escalada en gel, pel que és considerat el pare de la moderna escalada en gel.

Al juliol de 1938 Heinrich Harrer, Kaspar Fritz, Anderl Heckmair i Ludwig Vörg lograrían escalar por primera vez la temible cara norte del Eiger que tantas vidas se había cobrado. Els vencedors van ser rebuts per Adolf Hitler. Finalment, l'agost de 1938, Ricardo Cassin, Gino Esposito i Ugo Tizzoni escalen el esperó Walker, a la cara nord de les Grans Jorasses, considerat l'últim gran problema dels Alps.

Els escaladors alemanys que van aconseguir la primera ascensió a la cara nord de l'Eiger van ser rebuts per Adolf Hitler

Por supuesto en esos veinte años pasaron muchas más cosas bajo el punto de vista de la montaña, (en el apartado político ya cabe imaginarse) además de las escaladas extremas en los Alpes llevadas a cabo por los “sextogradistas” y las expediciones británicas al Everest ya reseñadas. Sin ánimo de pormenorizar señalo algunas que, desde el análisis de nuestra época, me parecen más interesantes: la expedición italiana de 1929 al Karakorum, liderada por el Duque de Spoletto, y de la que formaba parte Ardito Desio qui, anys més tard, sería el jefe de la expedición que conseguiría la cima del K2. L'expedició de 1936 al Nanda Devi (7.826 mts) liderada por Charles Houston y cuya cumbre, la más alta hasta entonces, fue alcanzada por Tillman y Noel Odell, el último que vio con vida a sus compañeros Irvine y Mallory.

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Comentaris (2)

  • El Pèsol Verd Project

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    Molt bones! No som alpinistes, partim d'aquí. Malgrat això, la montaña es un elemento natural en nuestra vida, y siempre que podemos intentamos subir, un poco más alto cada vez. Es difícil explicar por qué. Hay que sentirlo.
    Viendo las imagenes del Cervino y delogro”, el Eiger recuerdo lo absortos que nos quedamos contemplándolos de cerca, y buena culpa de ese viaje a los Alpes Suizos fue el monográfico sobre los Alpes de Lonely Planet, y el artículo de Sebastián Álvaro. Para enmarcar.
    Una salutació!

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  • Israel

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    Interesante análisis entre la forma de desarrollar el alpinismo y su momento histórico

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