La història de l'home que no va voler matar Mandela

Per: Javier Brandoli/ Yohanes Genetu

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La muerte de Mandela me cogió a la orilla del Lago Tana, a Etiòpia. La tarde anterior había estado hablando algo de él y del nacimiento de la Unión Africana creada en el único país que nunca ha sido colonizado en el continente. Moría Mandela estando yo muy lejos, más que nunca lo he estado de él en esta tierra. Empezaba entonces el frenesí de una complicada vuelta a Johannesburgo (llegué ayer) y de una larga historia por contar en estos días. Aquella primera noche de su muerte el trabajo no me permitió dormir.

Al matí següent, Yohanes, el guía con el que acababa de planificar una brutal historia de etíopes que vuelven por miles expulsados por ilegales de Arabia Saudí tras ser violadas ellas en las casas en las que trabajan y vejados y pegados ellos algunos hasta la muerte, em diu: “Buenos días, ya está todo listo”. “No son buenos días Yohanes, ha muerto Mandela y debo irme a Sudáfrica”, le contesto con pena. “Ohhh, ja ho vaig veure. Una enorme pena, era un gran hombre. Aquí se le respeta mucho”. “Lo era, el mejor”, el context. Després, tras un silencio, me suelta sin importancia: “Menos mal que un etíope le perdonó la vida”. Com? “Si hace cuatro días lo vi en televisión, los británicos le compraron para matar a Mandela”. Todo lo que viene detrás es este texto que se publicó en El Mundo el pasado sábado. Yohanes me tradujo toda la entrevista que es amárico en la recepción de un hotel, en una escena surreal. Frase a frase, mientras hacíamos unas cuentas imposibles para ir a conocer y entrevistar al Capitán Guta. No pudo ser, no cuadraba con mis horarios de vuelo.

Menos mal que un etíope le perdonó la vida

Déjenme antes de leer esta historia señalar una cosa, Guta Dinaka y Nelson Mandela creo que comparten valores muy similares. Por eso el llamado a ser el asesino perdonó a su víctima porque en el fondo ambos son casi la misma persona.

La historia del hombre que no quiso matar a Madiba

Los millones de páginas y horas de televisión de las últimas horas, las lágrimas derramadas en todo el planeta, el milagro del fin del apartheid y toda esa mítica que Mandela se lleva a la tumba, no hubieran existido sino hubiera sido por aquella tarde en la que el capitán Guta Dinaka se fue a su casa con 2000 libras en el bolsillo y un soplo de conciencia en la garganta. Aquell dia de 1962 se había firmado la sentencia de muerte de Neslon Mandela y él decidió no ejecutarla.

Aquell dia de 1962 se había firmado la sentencia de muerte de Neslon Mandela y él decidió no ejecutarla

La desconocida historia de este etíope que pudo cambiar la historia salió la semana pasada en el canal EBS de su país. Guta Dinaka, el que fuera guardaespaldas de Nelson Mandela durante el entrenamiento militar que recibió en Etiopía en el año 1962, eran los tiempos del inicio de su lucha armada para acabar con el apartheid, narraba como fue contratado para acabar con su protegido.

El anciano de 72 años contestaba en un famoso show televisivo sin dudar a esta pregunta: ¿Le contrataron para matar a Mandela? "Sí". Era l'any 1962 cuando el capitán Guta fue convocado por un compañero militar, el que era el otro guardaespaldas de Mandela, a una reunión en el recién abierto y lujoso hotel Taitu. “Al llegar no sabía cómo entrar, había unas puertas giratorias que yo nunca había visto”, explica el anciano entre las carcajadas del público “Llegué y estaba mi compañero con dos blancos, eran dos británicos, que me citaron para comer. Yo tampoco había usado nunca tenedor ni cuchillo hasta entonces, así que al pichar la carne se me resbaló hasta el suelo”, prossegueix.

Al llegar no sabía cómo entrar, había unas puertas giratorias que yo nunca había visto

En un moment donat, el que debía proteger a Mandela por mandato Haile Selassié, escucha una proposición que no estaba prevista: “te daremos 2000 libras si matas mañana a Mandela”, le propusieron los dos británicos. “Me dieron también una cámara de fotos porque tras matarle debía hacerle dos fotos para corroborar que la misión estaba cumplida”.

La idea era que Guta entraría por la ventana de la casa de Mandela y lo mataría ahorcándole con una cuerda. “Los israelíes nos habían entrenado para matar sin armas. Per exemple, yo podía hundiendo a alguien los ojos”, recuerda en la entrevista.

Guta entraría por la ventana de la casa de Mandela y lo mataría ahorcándole con una cuerda

Llavors, su compañero pidió a Guta que debían cerrar el trato en una Iglesia, ante Dios (tradición etíope que obliga a cumplir lo pactado). “Fuimos a la Iglesia y sellamos el pacto ante Dios de que lo mataría y de que no diría nada de lo allí hablado”.

Pero a Guta la conciencia le pudo y al salir de la Iglesia y quedarse solo comenzó a tener muchas dudas. “me gustaba mucho Mandela, incluso me peine a raya en el medio como él para imitarle lo que me costó un castigo militar”. Las dudas se convirtieron en certezas y el capitán decidió incumplir su palabra sagrada. “Me fui a ver a mi superior y le denuncié todo el plan. Luego recé mucho a Dios para que me perdonara por incumplir un juramento hecho en la iglesia. Todo el plan fue desbaratado y Mandela siguió vivo”, explica. “Era un buen tipo, al final ya no comía sólo carne a la brasa y comía hasta injera (comida nacional etiopé).

¿Quién le mando matar a Mandela?, le pregunta el entrevistador. “Los británicos”, responde un hombre que renunció a ganar 2000 libras en un país que por entonces un sueldo básico no alcanzaba los 90 birr (menys de quatre euros).

¿Quién le mando matar a Mandela?, le pregunta el entrevistador. “Los británicos”

Guta fue hace poco contactado, explica él que enseña hasta la carta a cámara, por la Fundación Nelson Mandela que se desplazó a Etiopía para grabar esta desconocida historia narrada por su protagonista. Hasta se desplazaron del Ministerio de Cultura y le regalaron una bufanda con la bandera de Sudáfrica que él luce con orgullo. “Les pedí que me enseñaran carnet y cuando vi que eran de la Fundación accedí a contarlo”. ¿Qué va a hacer con el dinero que le han pagado? “El dinero le hace falta a todo el mundo y ya perdí 2000 libras por él”, dice sonriendo, “pero lo que quiero es gastar ese dinero en comprarme un traje tradicional e irme a verle a Johannesburgo para contarle la historia”.

No tendrá ya tiempo el anciano etíope, Mandela se fue antes de que el pudiera gastar su dinero en encontrarlo y contarle en persona que hace51 años su integridad le salvó la vida y le permitió convertirse en la leyenda que es.

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