Góriz: el legendario refugio de Ordesa
En sus habitaciones nunca se hacía de noche. Las horas se hacían ruidos y los ruidos, impaciencia. Querías dormir y, al mismo tiempo, levantarte cuanto antes porque la duermevela estaba surcada de haces de linterna, pisadas de botas que estremecían el silencio y del metálico entrechocar de los crampones y piolets.
