La ciudad de Dios: las tripas de Roma

Todo libro se puede resumir en 6 párrafos
Valoración de 8,75/108,75/10
La ciudad de Dios

Todo libro se puede resumir en 6 párrafos….

  • Editorial Altamarea. Edición 2019
  • Autor: Pier Paolo Pasolini
  • Libro para interesados en: la vida en la Roma de las barridas y no de las postales.
  • ¿De qué va? Antología de artículos y relatos del cineasta friuliano sobre su ciudad de adopción, Roma, en la década de los 50 y 60.

Párrafo 1

“¿Qué es Roma? ¿Cuál de todas es Roma? ¿Dónde termina y dónde empieza Roma? Roma es sin duda alguna la ciudad más hermosa de Italia, si no del mundo. Pero también es la más fea, la más acogedora, la más dramática, la más rica, la más miserable (…) La Roma desconocida para el turista, ignorada por los biempensantes, inexistente en los mapas, es una ciudad inmensa

Este párrafo sirve para encuadrar esta interesante obra. El autor habla de una urbe que no aparece apenas en los libros de viajes que se centran en el apabullante arte e historia de la ciudad. Pero esa es una Roma de turistas y postales, la Roma de los habitantes es otra cosa que disecciona en este libro Pasolini.

Párrafo 2

En una pizzería, mientras a su alrededor se condesa la noche aldeana de Roma, algunos jóvenes piden vino y el camarero se dispone a dejar transcurrir el cuarto de hora necesario para su institucional indiferencia antes de atenderlos.

Todos los que han vivido en Roma conocen esa particularidad del carácter romano que describe Pasolini. Una especie de desidia o dejadez, que en ocasiones se interpreta como mala educación, que ha marcado el destino de una deslumbrante ciudad olvidada por sus propios vecinos.

Párrafo 3

Apesta a sábanas tendidas en los balcones del callejón, a excremento humano en las escalerillas que llevan a la orilla del Tíber, a asfalto entibiado por la primavera, pero ese corazón aparece y desaparece pegado a los parachoques de los tranvías, tan lejanos que la pobreza y belleza son una sola cosa.

El Tíber sigue siendo 50 años después un río abandonado, donde en pleno centro se puede encontrar jeringuillas de toxicómanos, electrodomésticos y basura arrojada a sus márgenes. Y nada de todo eso, sorprendentemente, es capaz de acabar con el embrujo y belleza de un caudal rodeado de historia.

Párrafo 4

De arrabales como estos está repleta la campiña romana, aproximadamente a la altura de la autopista de circunvalación. Son arrabales de gente pobre, pero, en general, honrada y trabajadora; muy a menudo son emigrantes, o del cercano Lazio o de las regiones centrales, que han llevado al caos de la capital y al pequeño caos de sus arrabales un hábito de seriedad y de dignidad rural de provincia antigua.

Esa descripción de Pasolini es de 1958. Muchos de esos arrabales los ha engullido o rodeado hoy la inmensa ciudad, con una extensión ilógica que la lleva desde la montaña hasta el mar al haber heredado como urbe lo que era el Viejo Estado del Vaticano antes de la Reunificación. Esas barriadas, como señala el cineasta hace casi setenta años, son pueblos  y funcionan como tal. Una particularidad de la que se bautizara como Caput Mundi (cabeza del mundo) es que es una ciudad absolutamente provinciana.

Párrafo 5

El Mandrione es uno de estos: Al final de via Casilia, poco antes de Quadraro, hay un acueducto bajo cuyos arcos pasa la carretera (…) No son viviendas humanas estas que se alinean sobre el barro sino rediles para animales, perreras. Hechos con tablones podridos, muertes desconchados, planchas, telas enceradas. Como puerta tienen a menudo tan solo una vieja cortina sucia. Por los ventanucos no más grandes de un palmo se ven los interiores: dos catres, en los que duermen cinco o seis personas, una silla, algunos tarros. El fango entra también en la casa.

Pocas imágenes pueden resumir mejor la dualidad romana que el uso de la arcada de un viejo acueducto medieval como infravivienda de miles de personas. Pasolini, un intelectual homosexual en una Roma conservadora y anarquista a la vez, posa su mirada siempre en esa urbe decadente en la que él se sumergía.

Párrafo 6

Es la nobleza más ignorante del mundo. De manera que no se trata siquiera de una elección estetizante. Tal vez haya empezado a serlo en los últimos años: Pero en los que se refiere al pasado, creo que dependía de un hecho tan sencillo como que eran unos patanes: nunca leyeron nada, nunca escribieron nada, jamás aportaron nada a la cultura, ni siquiera fueron mecenas, que es una forma de comprender la cultura. Se dedicaron a vivir de sus rentas, en el más absoluto aislamiento. Mezclarse con el pueblo, en tal estado de cosas, se convierte en un ejercicio de esnobismo.

Pasolini era un comunista convencido que se va desencantado de una ciudad que él entiende que se va aburguesando y perdiendo su carácter obrero. En el final del libro, antes de que fuera asesinado justamente en medio de esa Roma soterrada en la que deambulaba, se trasluce su decepción con una urbe que no reconoce. El ajusticiamiento que hace sobre la nobleza romana, sus clases altas, es también bastante actual. La película la Grande Belleza, de Paolo Sorrentino, la retrata con la misma crudeza con la que lo hizo Pasolini en junio de 1973.

Estilo8,50/10
Contenido9,00/10
Valoración8,75/10
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