Reforzar los cimientos: África alza la voz

Valoración de 8,15/108,15/10
Reforzar los cimientos

Todo libro se puede resumir en 6 párrafos….

  • Editorial Penguin Random House, DeBolsillo. Edición 2023.
  • Autor: Ngugiwa Thiong’o
  • Libro para interesados en: África, neocolonialismo, colonialismo, historia, política, independencias.
  • ¿De qué va? El intelectual keniano denuncia que el continente africano vive sumergido en un neocolonialismo injusto y reclama una suerte de panafricanismo que traiga una verdadera libertad a los países.

Párrafo 1

En la mayor parte de la cobertura mediática sobre África, se dice de cualquier comunidad africana que constituye una tribu. Resulta claro lo absurdo de este uso común cuando un grupo de trescientos mil islandeses constituyen una nación y treinta millones de igbo son una tribu (…) No podemos permitirnos ser intelectuales extranjeros en nuestra propia tierra.

Los intelectuales africanos como Thiong’o son muy críticos con el modo en que desde fuera se explica su tierra. Desde luego, hay un abuso de estereotipos y lugares comunes al narrar una tierra con escasa cobertura mediática foránea. (Una queja que tiene como contrapartida el abuso por parte de medios e intelectuales africanos de la palabra ‘occidental’, incluso ocurre en el libro, donde se mete en el mismo saco a Reino Unido, Francia, Suecia, Grecia, Italia, Australia o Estados Unidos).

La visión del autor es la de un escritor comprometido con la causa de la lucha por una verdadera libertad en África, pero, en nuestra opinión, es algo ‘urbana’ y más basada en un deseo futuro que un reflejo de la realidad al hacer un cuadro de la situación. El tribalismo africano es rural, marcado y, desde luego en nuestra experiencia, vigente. Un shona, himba, hamer o samburu, se define generalmente como miembro de esa tribu antes que como miembro de la nación que le otorga el pasaporte. Un islandés se define como islandés. Explicado de otra manera, en ocasiones sentimos al leer la obra algo parecido a leer a un intelectual de Nueva York explicando el sentir y vivir de los habitantes del Medio Oeste.

Párrafo 2

El liderazgo occidental moderno se niega obstinadamente a pedir perdón por la esclavitud, llegando a ridiculizar a los que exigen una reparación. Un eminente apologeta del pasado esclavista incluso sugiere que las víctimas deberían ofrecer reparaciones a las naciones que las esclavizaron. Nos recuerda como a los esclavos se les hizo pagar compensaciones a sus dueños por las pérdidas que iban a sufrir después de la emancipación.

Este es un debate candente en África y en este libro. Hay una herida abierta en todo el continente por la barbaridad humana que supuso la esclavitud a gran escala por parte de las potencias europeas. La respuesta de ceñirlo todo a un momento histórico no es suficiente. Pedir perdón a las víctimas, señala el autor, es un mínimo paso moral a dar ante semejante agresión.

Párrafo 3

El despertar de África debe tener dos vértices: no debe permitir que Occidente se libere del anzuelo de la moral. El continente tiene que intensificar sus demandas de justicia social y la rectificación de injusticias históricas evidentes. Hay que forzar a Occidente a aceptar su responsabilidad por los crímenes cometidos contra la humanidad africana. El abolicionista decimonónico Frederick Douglas dijo una vez que el poder no concede nada si no se le exige. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará.

Ahondando en la idea del párrafo anterior, Thiong’o exige que haya una compensación material. Algunos a ese argumento contraponen que África es con diferencia, desde hace cincuenta años, el mayor receptor de ayudas internacionales, la mayoría occidentales. Pero ese es otro debate abierto e interesante en el que también entra el autor.

Párrafo 4

Hoy en día las ONG extranjeras se asignan territorios de la misma forma, y actúan como si estuvieran del lado de la gente frente al Estado poscolonial y sus patrocinadores económicos, los Estados extranjeros. Sin embargo, están financiadas por los tesoros de sus gobiernos, fundamentalmente occidentales. Son un tentáculo de las políticas exteriores de los gobiernos que las financian.

El papel de las ONG, y si su labor supone un beneficio o no para los países receptores de esa ayuda, es otro de los grandes debates en el continente. El autor keniano entiende, como entienden muchos otros analistas, que acaba generando más beneficios a los países de los que proviene la ayuda que a los que la reciben.

Párrafo 5

Esto no significa que diferentes comunidades africanas, ahora o en el pasado, no hayan albergado animosidad entre ellas. De hecho, las variadas y diversas comunidades africanas precoloniales lucharon por posesiones o territorios y se embarcaron en guerras de conquista y dominación. Los muy alabados imperios de Ghana, de Malí, de los zulúes, y de los ashanti fueron forjados a través de la conquista, y se mantuvieron por medio de sistemas de dominio y tutelaje. Pero también hubo largos periodos en los que las relaciones de esos grupos se caracterizaron por el comercio y la paz. En esto no hay nada particularmente africano (…) No hay ninguna historia colonial en ningún sitio que no incluya episodios macabros de matanzas injustificadas de hombres, mujeres y niños.

Thiong’o elimina de un plumazo, con ese párrafo, dos ideas que sustentan el debate enconado de dos partes: el racista mito del buen salvaje es tan falso como el mito del cruel salvaje. El proceso social africano es igual al de europeos, asiáticos y americanos. Conquistadores y conquistados forman parte de la historia humana. Ahora, el keniano durante el libro exige que eso que engloba como Occidente asuma sus responsabilidades. En eso marca una línea roja. Sin embargo, extraña que al hablar de los responsables de la esclavitud africana no señala con vehemencia el papel clave de los árabes y el Sultanato de Omán. ¿No son ellos también responsables de una parte?

Párrafo 6

No se puede calificar favorablemente el desarrollo de una nación sobre la base de cien millonarios que se apoyan en los hombros de cien millones de mendigos. El progreso y el desarrollo deben medirse desde la perspectiva de la calidad de vida de los que hoy viven en el valle, y no en la cima de la montaña. Sólo entonces la razón, la ley y los ideales democráticos estarán en línea con las demandas de justicia social.

El keniano habla de un fenómeno que califica de global, pero que a África le afecta particularmente. La distribución de la riqueza es uno de los grandes retos de sociedades que ven como de la miseria emergen fortunas de, frecuentemente, personas apegadas al poder político. Mientras, se mantiene o progresa muy lentamente las condiciones de vida de cientos de millones de africanos.

Estilo7,80/10
Contenido8,50/10
Valoración8,15/10
Notificar nuevos comentarios
Notificar
guest

0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Tu cesta0
Aún no agregaste productos.
Seguir navegando
0