La enloquecida historia de las cebras de La Paz
Cuando estaba considerando una salida digna, o sea la posibilidad de llamar a la ofi para decir que estaba enfermo ya en mi segundo día, un par de sombras me asaltaron de improviso por la espalda y me cogieron por las axilas. – “¡Vaya, lo que faltaba, resaca y secuestro express para desayunar!

