Sólo teníamos dos horas para recorrer la ciudad flamenca de los 300 monumentos protegidos. Quizá por eso, Malinas nos recibió con lluvia. Nos lo merecíamos, sin duda.
Adornando fachadas de edificios históricos, cincelado en espectaculares chimeneas, enraizado en fiestas populares, retratado en admirables vidrieras e, incluso, en marcas de cerveza. Bélgica no se ha olvidado de Carlos V.