El viajero sedentario no recuerda cuándo ni cómo dejó de viajar. Un mal día, sucedió. Del calendario se cayeron mapas, aviones y rutas con la misma facilidad con la que, de repente, llega el invierno.
Pocas cosas hay más ilusionantes que la expectativa de un viaje. Lo compruebas, sobre todo, cuando la vida te aleja de maletas y aeropuertos, de la adrenalina que contagia un billete de avión