Ibones de Anayet: razones para reencarnarse en vaca
La tierra que rodea el ibón está impregnada de agua y las botas se hunden como si camináramos encima de una esponja. Un rebaño de caballos pasta despreocupado a unos metros de nosotros. La escena no puede ser más bucólica. Casi dan ganas de reencarnarse en vaca.
